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Francesc Pla

Francesc Pla Santamans

Director de la revista

13.15, 13.36, 13.45, 13.39, 12.75, 11.44, 10.69, 10.78, 10.81, 10.99, 11.20, 11.34, 11.08, 11.11, 11.30 764, 796, 843, 890, 934, 957, 973, 859, 868,  882, 901, 908, 923, 889, 895

13.15, 13.36, 13.45, 13.39, 12.75, 11.44, 10.69, 10.78, 10.81, 10.99, 11.20, 11.34, 11.08, 11.11, 11.30 764, 796, 843, 890, 934, 957, 973, 859, 868, 882, 901, 908, 923, 889, 895

¿Qué misterios esconden este par de series de cifras? Seguro que muchos de vosotros, queridos lectores, lo habréis adivinado. La primera es el precio medio de la receta financiada por el SNS, y la segunda, los millones de recetas facturadas en España desde el año 2005 hasta hoy. Su interpretación es arriesgada, solo voy a enumerar algunas impresiones que me han venido a la cabeza después de mirarlas:

«Parole, parole, parole...» Otra vez

«Parole, parole, parole...» Otra vez

«Las palabras nos acompañan, nos emocionan, nos enfurecen, nos alegran, nos llenan hasta que descubrimos que están vacías, entonces se convierten en un ruido monótono. Porque las palabras son importantes si son la expresión de una realidad, de una voluntad, de un sentimiento o de una ilusión.»

Un año kafkiano

Un año kafkiano

Nos anuncian a bombo y platillo que en el año 2021 nos transformaremos. Deberíamos preguntarnos: ¿en qué? Gregor Samsa, el protagonista de la metamorfosis más famosa de la historia, despertó así sin más, sin haberse preguntado lo que quería ser, con cuerpo de cucaracha. Su final fue trágico, pero al menos no tuvo que padecer la incertidumbre de no conocer la forma que adquiriría su cuerpo. ¿Reinaría como un león, se arrastraría como una serpiente, viajaría sin rumbo por el océano como una medusa? Nada de eso sucedió. Despertó un día con muchas patas.

No eran doce, trece

No eran doce, trece

El año berrea como un bebé en el funeral del viejo. Es un llanto punzante y rabioso que nos taladra el cerebro y que nos exige resistencia y paciencia. Dicen los optimistas y los valientes que eso significa que viene sano y que, como todos los críos, llega con un pan bajo el brazo. El año nuevo, de la mano de la ciencia, nos ha traído la esperanza. Ya tenemos varias vacunas eficaces contra la COVID-19 y empezamos a vacunar. Tenemos una tarea que podría ser, como el león de Nemea o la hidra de Lerna, una de las doce que tuvo que vencer Heracles para ser perdonado. Vacunar al mundo entero, ahí es nada.

La negociación**

La negociación**

Homero nos cuenta que sus contemporáneos se rasgaban las vestiduras en los funerales como muestra de dolor o de agravio, también en el Libro de los Reyes de la Biblia se describe ese gesto como un gesto regio de disconformidad. Actualmente no se estila demasiado realizarlo de forma literal, se consideraría un gesto de un dramatismo obsceno. De vez en cuando, también podemos observar a deportistas mediáticos, aquellos que viven del espectáculo, romper sus camisetas para poner de manifiesto que se sienten injustamente tratados por el árbitro o por el azar. Esa elevada carga dramática ha provocado que reservemos su uso para la escena o que la utilicemos, de forma retórica, como una frase hecha.

Una farmacia cercana y profesional

Una farmacia cercana y profesional

José Daniel Carballeira Rodríguez nos cuenta con nostalgia un episodio de su historia como si se tratara de un tráiler de su vida profesional: «Una vez, siendo muy pequeño, me escapé de un colegio. Era el primer día de clase, tenía unos 3 años y recuerdo perfectamente cómo subía corriendo por una cuesta con mi baby puesto con solo una idea: llegar a la farmacia de mi madre, que era mi casa, el sitio donde debía estar. Tuve que cruzar varias calles para llegar a la farmacia. Mi madre, tras el susto, no me volvió a llevar al colegio hasta la edad de escolarización obligatoria, así que todos los días iba con ella a la farmacia».

Las musas

Las musas

Estaba en la barra del bar con unas tapas y unas cervezas, y con mis colegas colgados de mis hombros de hombretón. Todos nos reíamos de las anécdotas que nos habían ocurrido durante la semana. Soy un sentimental. Puedo soñar, aún.

Halloween, ¡qué remedio!

Halloween, ¡qué remedio!

Es tiempo de castañas y tiempo de visitar la ciudad de los muertos, aunque vivamos bajo una invasión anglosajona nada sutil. Han desembarcado en nuestras playas con sus disfraces de esqueletos y zombis que, sin ningún pudor, muestran los escaparates de las tiendas de chinos. Aún no han podido borrar el olor y el calor de las castañas en la plaza de mi niñez. A menudo rebusco entre los recuerdos para encontrar algo que decir de la farmacia, que de eso se trata. Curiosamente esta vez lo que me atrapa es un icono de esta fiesta absurda para mí, pero que a tantos niños del mundo les gusta vaciar e iluminar su interior para que los fantasmas aparezcan en las paredes: las calabazas.

Los traviesos

Los traviesos

Incluso a los que nos gusta presumir de cierto inconformismo, a los que ya nos está bien pisar con tiento algún callo de vez en cuando, incluso a esos traviesos, nos ataca la añoranza de los tiempos en los que todo estaba bien atado. Ese orden inmutable y eterno que regía las cosas –en el fondo también a esos inconformistas– nos proporcionaba un agradable confort. La seguridad es una tentación que además se hace más intensa con el paso de los años.

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