Más allá de esperar que la metodología empleada sea útil para recoger los frutos esperados y del firme deseo de que los colegas de hospital acierten en sus conclusiones, creemos que la noticia tiene algunos aspectos que merecen una reflexión por parte de la comunidad de farmacéuticos de oficina de farmacia.

Concreción. Es primordial fijar y definir retos concretos. La falta de concreción ha sido una lacra importante en la elaboración de planes estratégicos en el sector de la oficina de farmacia. Es cierto que durante muchos años los unos debían construirse un espacio profesional donde no lo había, lo que ha incentivado esa concreción, y los otros lo tenían muy consolidado, pero las antiguas recetas ya no sirven y ahora toca arremangarse, porque ya nadie tiene nada asegurado.

Participación. Existe en el sector un gran potencial humano, profesionales con ideas e imaginación, que deberían disponer de foros para expresarse y para que sus ideas puedan llegar a los círculos de responsabilidad desde donde pueden elaborarse propuestas concretas para lograr que esas ideas cristalicen. El esfuerzo que representa cambiar la dirección de arriba a abajo para favorecer la contraria tiene su recompensa en el grado de aceptación de las conclusiones por parte del colectivo que deberá aplicarlas después.

Apertura. Las profesiones se están redefiniendo a una velocidad de vértigo y ya no vale sólo lo que uno mismo concluye. Muchos otros agentes (clientes, pacientes, profesionales sanitarios, gestores) esperan cosas de una determinada profesión. Caer en la endogamia de la autorreflexión puede conducir fácilmente a conclusiones involuntariamente o forzadamente sesgadas que en nada ayudan a avanzar.

Es evidente que cada colectivo decide utilizar las herramientas y la metodología que cree más adecuadas, y también lo es que las características específicas de cada uno impiden la traslación automática de cualquier conclusión, pero de vez en cuando darse un garbeo para ver cómo está el patio no le viene mal a nadie. Aunque nos sepa mal y aunque sintamos herido nuestro orgullo, lo cierto es que muchas veces lo más práctico es copiar lo que hacen bien los otros para mejorar nosotros.

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