La realidad económica y financiera está socavando los fundamentos más profundos de un sector nada acostumbrado a esta situación. Un sector que se había caracterizado durante las últimas cinco décadas, y ésa era una de sus virtudes, por la estabilidad.

Ya no sirve de nada lamentarse de que los tiempos pasados ya no volverán. En el mejor de los casos sería en ejercicio de evocación nostálgica más o menos reconfortante.

La exigencia de la nueva situación obliga a hacer un gran esfuerzo para enfocar un futuro que, aunque incierto, es al que el sector deberá adaptarse.

Realmente no es un momento ni para la retórica ni para la nostalgia. Es un momento para la solidez de las decisiones y para la resistencia. Un momento en el que es preciso canalizar inteligentemente la indignación y en el que lo único que no puede perderse es la ilusión.

Puede parecer una contradicción, pero en los momentos más inciertos sólo la ilusión por la profesión es capaz de generar la energía suficiente para afrontar todos los retos que se avecinan.

La farmacia será distinta a la que hemos conocido hasta ahora, pero los farmacéuticos serán capaces de estar al frente del proceso. Seguro.

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