Supe de Oliver Sacks cuando me enteré que la película Despertares, en la que se relata la utilización experimental de la L-Dopa para tratar a pacientes catatónicos sobrevivientes de la epidemia de encefalitis letárgica, era una recreación de un episodio de su carrera como neurólogo. Posteriormente, leí su libro sobre un músico que padece prosopagnosia, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, y aprendí placenteramente un poco sobre la complejidad de la relación entre la realidad y la percepción. No creo que estemos padeciendo una epidemia de prosopagnosia, pero algún que otro desajuste entre la realidad y la percepción sí que está afectando al sector. La historia económica reciente del sector es una sucesión de gráficas que dibujan una U detrás de otra. Estas gráficas han sido el fruto de la interacción de dos fuerzas, la del pagador de la factura de medicamentos que ha intentado e intenta su descenso aplicando medidas sobre los precios y sobre los márgenes y la que se contrapone soportada por el incremento de asegurados, por la cronificación de patologías, y por la acción de la industria que intenta su remonte aumentando la oferta de medicamentos. El sector de las farmacias se ha movido estos años en esta montaña rusa sin tener ninguna otra posibilidad que la de continuar en los raíles que otros han marcado. Muchas veces parece que la percepción de la realidad que tiene el sector no es la correcta y que estamos confundiendo una gráfica que dibuja claramente una L con una de esas U de tiempos pretéritos. Es evidente que la probabilidad de que estemos sufriendo los efectos de una epidemia es despreciable, por lo que supongo que el sector está bajo los efectos de esa reacción tan común en los humanos sanos mentalmente de negación de la realidad cuando ésta es difícil de digerir. La realidad es que sufrimos una insuficiencia crónica de recursos económicos destinados al catálogo actual de prestaciones sanitarias, que existe un descenso crítico de los ingresos de las arcas públicas, que las deudas son astronómicas y que las únicas partidas que van a crecer en los presupuestos son las destinadas a pagar intereses. No hay ningún atajo posible. El camino va a ser muy duro y el primer paso debe ser asumir la realidad y actuar en consecuencia. Cada eslabón de la cadena del sector del medicamento deberá reinventarse, buscar el papel más adecuado al nuevo escenario y deberá eliminar ineficiencias, repensar su rol para potenciar su aportación de valor y deberán esforzarse también en buscar sinergias que refuercen su colaboración más allá de la meramente formal. Nuestro sector es vital para la economía, para la vertebración de una sociedad más justa y equilibrada, genera trabajo y riqueza, está formado por profesionales preparados y por empresas con capacidad para innovar, tenemos muchas cartas en nuestras manos. ¡Juguémoslas!

Tags

Destacados

Lo más leído