El espectro solar está constituido por los rayos UVB y UVA. Los UVB, mayoritariamente absorbidos por la epidermis, son los responsables del bronceado y en caso de una protección insuficiente pueden provocar quemaduras y rojeces. Los UVA, de mayor longitud de onda, penetran hasta la dermis, originando el envejecimiento prematuro de la piel y las alergias solares.
Las células viven «inmersas» en un entorno fisiológico denominado matriz extracelular (responsable del funcionamiento de la piel), en la que encuentran los componentes necesarios para su desarrollo y renovación. Dicho ecosistema se desequilibra a causa de factores externos (agresiones, actos estéticos, intervenciones, quemaduras, rayos solares) y/o internos (envejecimiento biológico o desajustes hormonales). Esta es la razón, por la que las células no encuentran los nutrientes necesarios, de manera que no se desarrollan ni renuevan de forma adecuada.
El acné a diferencia de lo que podamos creer no es un mal que padezcan exclusivamente los adolescentes. Según los dermatólogos, existe un alto porcentaje de mujeres adultas que pueden padecer este trastorno de la piel a partir de los 20 años...