No tengo ninguna duda que, en muchas situaciones, el tamaño es una característica determinante para alcanzar la victoria y, no nos engañemos, el objetivo de los deportistas olímpicos es alcanzar el podio.
Las farmacias están sufriendo una situación de contracción económica y de penuria financiera que les está obligando a cuestionarse su situación e incluso en algunos casos su supervivencia. En esta coyuntura es realmente una frivolidad o un ataque de falsa modestia, y en ambos casos se trataría de actitudes peligrosas, esquivar la cuestión del tamaño. Posiblemente, sería lo más sencillo, aunque traumático para muchos, dejar que, en un mercado cada vez más exigente, el tamaño acabara condicionando el futuro de las farmacias, pero ¿sería justo –aunque simplemente solo haría falta preguntarse si sería pragmático– no esforzarse en buscar fórmulas alternativas?
A menudo, demasiado a menudo, se confunde valentía con discurso enardecido, cuando de lo que se trata es de analizar con frialdad la realidad y proponer fórmulas que posibiliten la evolución del modelo hacia escenarios más sólidos desde el punto de vista colectivo. No hacer este ejercicio de realismo solo puede explicarse por un exceso de soberbia que puede llevar al colectivo a una fractura irreparable. Seguramente, para ser consecuente con este discurso serán precisas lo que algunos consideran «cesiones de alto riesgo», pero no creo que la situación actual esté carente de peligro. Aunque, todo y siendo un grave error, siempre se puede recurrir al lacónico y tan en boga en muchas cuestiones importantes: «El tiempo arregla todas las cosas». Triste, pero real.

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