Estamos acostumbrados a fijarnos en los nuevos emprendedores, los de esta época hiperconectada; son jóvenes en tejanos, incluso en pantalón corto y chanclas. Admiramos su capacidad de inventar nuevos negocios y de impulsar la nueva economía. José Mayoral no encajaba para nada en esa orla de nuevos empresarios. Nunca le vi sin su corbata, pero sobre sus discretos hombros reposaba el peso de una empresa familiar capaz de resistir y de adaptarse a las crisis más devastadoras y a los cambios más radicales. Era un emprendedor, un clásico.

Muchos otros le hemos acompañado en su largo recorrido empresarial, un proyecto que inicialmente se centró en la actividad editorial y que ha ampliado su abanico de productos, enfocándose en la prestación de servicios y la formación, con el objetivo de adaptarse a la evolución radical que ha sufrido el sector de la salud en estos años. Los compañeros de viaje debemos reconocer su acertada visión cuando centró sus expectativas en el sector salud, y aprender de su perseverancia y fidelidad a un sector en el que siempre creyó.

Como en esas sobremesas de las que parecía que huía, la mesa ha quedado medio vacía. No será fácil llenar su hueco, pero los que aún continuamos deberemos compensar su ausencia e imitar su exigencia y optimismo para que las cosas vayan siempre adelante. Donde Pepe siempre quería estar.

Josep M. Torres y Francesc Pla

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