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  • Aquellos cruzados

Me cuentan los que saben, si es verdad que haya alguien que realmente sepa, que eso de la verdad única es una simplificación; que la realidad, si es que la realidad existe, no se explica con esa única y mítica verdad, que verdades hay muchas. Poco a poco y con los años, voy asumiendo que lo que se lleva es la realidad líquida y que ahora lo que cuenta es saber nadar bien. Me doy cuenta de que esa corriente de pensamiento va calando con sigilo en mi manera de ver, de mirar seguramente, las cosas. Ya no podemos explicar nuestro mundo de manera monolítica, aunque os confieso que añoro el heroísmo de aquellos caballeros cruzados capaces de atravesar medio mundo y de librar mil batallas heroicas en busca del Santo Grial, dedicando su vida a la búsqueda de esa monolítica verdad. Permitidme, pues, que, aunque las cosas sean mucho más complicadas, que os cuente una pequeña historia de esas que tanto me gustaban cuando creía que mi destino estaba alrededor de una mesa redonda. 

¿Dónde está el Santo Grial de la farmacia comunitaria? 

Los que me leéis con cierta asiduidad podréis tildarme de demagogo después de leerme hoy, acusarme de olvidar una de mis creencias que he reiterado más en mis escritos, esa que aprendí de mi madre cuando me decía que «cada farmacia es un mundo». Permitidme, aunque sea solo por una vez, esta pequeña licencia. Un ejercicio retórico para poder explicaros, o mejor aún, explicarme a mí mismo lo que realmente nos diferencia o debería diferenciarnos de cualquier otro establecimiento que atiende con la máxima profesionalidad y empatía a sus clientes, lo que nos hace farmacias de verdad. 

No deberíamos cejar en la búsqueda de eso que debería significar la cruz que nos identifica, del mismo modo que identificaba también a aquellos cruzados de las leyendas. 

Después de mucho bucear en mis reflexiones y en las de aquellos de los que he tenido la suerte de aprender, creo que lo que debemos buscar sin descanso es nuestra responsabilidad. Asumir plenamente la responsabilidad sobre el buen uso del medicamento, profundizar en ella y ampliar el campo de actuación en el que nos atribuyan esa responsabilidad, debería ser esa la verdad que buscamos. Sabiendo que el éxito solo será posible con dosis altas de perseverancia y de preparación. Y no, no es una quimera, como seguramente lo era el Santo Grial de los cruzados.  

El cuento se acaba aquí, y la realidad compleja, líquida, multifactorial, diversa, moderna dirían algunos, del sector difumina la imagen mítica del Santo Grial, pero sería bonito que la verdad fuera esa, ¿no os parece?

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