Según datos del Observatorio del Cáncer de la Asociación Española Contra el Cáncer, en 2024 se diagnosticaron más de 20.800 nuevos casos de cáncer de piel, lo que supone algo más de un 7% de todos los cánceres detectados ese año; de ellos, la inmensa mayoría (alrededor de un 70-80%) se corresponden con carcinomas.
En este contexto, la formulación magistral se posiciona cada vez más como una herramienta complementaria dentro del manejo terapéutico de determinadas formas de cáncer cutáneo, especialmente en estadios precoces o lesiones superficiales, como explican desde Acofarma con ocasión del Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel celebrado el pasado 13 de junio.
En lesiones superficiales, la elaboración de medicamentos individualizados es una forma de optimizar el tratamiento: posibilita personalizar la forma farmacéutica y la concentración del principio activo —e incluso combinar varios en una misma preparación—, además de mejorar la tolerancia, factores que favorecen la adherencia terapéutica.
El papel de la formulación magistral en tratamientos tópicos
El cáncer de piel se divide principalmente en dos grandes grupos: melanoma, el más agresivo debido a su elevada capacidad metastásica y su impacto en la mortalidad, y carcinomas, más frecuente, pero con tasas de curación muy altas.
El manejo clínico de estas patologías incluye cirugía, crioterapia o radioterapia, y, en determinadas situaciones, se recurre a tratamientos tópicos, especialmente en lesiones superficiales o de bajo riesgo, o en pacientes con limitaciones para intervenciones más invasivas. “Cuando se requieren terapias tópicas, la formulación magistral puede ser de gran utilidad, ya que permite ajustar la concentración del principio activo, seleccionar el vehículo más adecuado según la zona o la lesión y mejorar la tolerancia”, afirma Roser Masanas, farmacéutica y directora técnica de Acofarma. Esta personalización facilita la adherencia y contribuye a optimizar los resultados clínicos favoreciendo la recuperación del paciente.
Esto podría darse en casos de queratosis actínicas, que son lesiones provocadas por la acumulación de daño solar crónico, y que adquieren una especial relevancia en términos de prevención y tratamiento precoz, y también cánceres de piel superficiales, como el carcinoma basocelular superficial y el carcinoma escamoso superficial (enfermedad de Bowen). El primero es el tumor cutáneo más común y se caracteriza por su crecimiento lento y bajo potencial metastásico, aunque puede causar una importante destrucción local si no se trata, mientras que el segundo se limita a la capa más superficial de la piel, crece muy lento y tiene un buen pronóstico.
En este ámbito, la formulación magistral permite adaptar medicamentos con principios activos como el 5-fluorouracilo, imiquimod, retinoides tópicos o vitamina D. Estos componentes actúan mediante distintos mecanismos, como la destrucción selectiva de células tumorales, la estimulación de la respuesta inmunitaria o la regulación de la proliferación celular.
Además, la elaboración de medicamentos individualizados tiene otros beneficios, como simplificar el abordaje terapéutico combinando distintos activos en una misma formulación, incorporar sustancias que ayuden a mitigar los efectos secundarios (como antiinflamatorios o queratolíticos que mejoren la penetración de la fórmula), o eliminar irritantes comunes como conservantes agresivos, perfumes, alcoholes o parabenos.
“En formulación magistral, no sólo es importante la personalización del tratamiento, sino también la calidad de cada uno de sus componentes”, señala Masanas. “Trabajar con materias primas que cumplen con los más altos estándares de calidad y con sistemas de control rigurosos, como las que facilitamos en Acofarma, permite ofrecer al profesional sanitario la máxima garantía en cada formulación, lo que se traduce en seguridad y confianza para el paciente”.
Valor añadido del farmacéutico
El uso de formulación magistral en este contexto aporta ventajas clínicas significativas. Permite fármacos que se ajustan a las necesidades del paciente, mejora la tolerancia y la adherencia y facilita la administración, lo que repercute directamente en la calidad de vida. Además, ofrece soluciones en situaciones de desabastecimiento o en casos en los que no existen alternativas comerciales disponibles.
Este enfoque refuerza el papel del farmacéutico como profesional sanitario especializado en farmacotecnia. Su capacidad para diseñar y elaborar preparaciones individualizadas contribuye a garantizar la calidad, estabilidad y seguridad del tratamiento, aportando un valor diferencial dentro del abordaje terapéutico y posicionando a la formulación magistral como un recurso estratégico dentro de la práctica clínica.