Del «no temas» al «haz lo que temas». Si tienes que elegir no merece la pena y si tienes que rebuscar más vale no hacerlo, no merece la pena. Esa servidumbre de que sea la actualidad la que te imponga el asunto a tratar es lo que me hizo huir del periodismo, del columnario de la prensa diaria.

Un asunto urgente, ¿a favor o en contra? Si el trabajo no es un juego no merece la pena, las penas con ron apenas. Un puro es un habano, un tabaco, y en la situación actual no te cohíbas. Dudosa respuesta a lo de la bolsa o la vida. La vida, ésta es subida, señor presidente. La bolsa es el Ibex 35, ¿y por qué no el 13? que trae peor suerte. Lo de ser supersticioso trae mala suerte, que se lo pregunten a Zunzunegui que pasó a ser ZZ para no nombrar su gafe apellido en vano, envanecido quien le gastó la broma de declararle manzanillo: murió en muy malas condiciones físicas y fiduciarias. El paro es el tema, un paro como un stop: ceda el paso, no la vida. El paro nos llevaría a la política, pero a bordo del navío está prohibido hablar de política, religión y sexo, prohibición no escrita, claro, lo educado es la charla de ascensor. Hace un tiempo de perros, desde que enterraron a Prim no llovía tanto. A Zafra. Ah, sí, azafrán rivera, esto es un buen tema con música de fondo de Julio Iglesias. Por favor, le he dicho que de religiones nada. Pues mire, la enfermedad sí es un buen tema, ¿qué está padeciendo usted en este brumoso atardecer invernal? No, no lo pregunto, es una grosería. Abordo lo más claro es el orden de la autoridad: el capitán, Dios, el primer oficial, el segundo oficial, el tercer oficial, alguien con un fusil de asalto bajo el brazo, etc. Ahora el capitán hasta puede oficiar los divorcios, la pega es que sólo rigen hasta el desembarco, pero siempre es un aliciente añadido para los cruceros. Los viajes dan mucho de sí, pero el distinguir entre viajero y turista no deja de ser una impertinencia. Shanghai estaba precioso, que horchata tan rica en el Shan Gay hotel. El paro no para y esa marcha no tiene nada de nupcial, pero eso nos llevaría la política. El consumismo pervierte la conciencia. Disculpe si me repito grillo. ¿Se acuerdan de los Fortuna y los Ideales? Existió un tiempo en que la gente hablaba (se los fumaba) en público de sus ideales, de la caverna de Platón, de esas sombras inescrutables que todo lo explicaban como los libros de autoayuda. Metidos en conversa escolta esta novedad de un tal Eckhart, se titula El poder del ahora y lleva vendidos más de tres millones de ejemplares: una guía para la iluminación espiritual, para dejar atrás nuestra mente analítica y su falso yo, nefasto ego, y conectarnos con la esencia indestructible de nuestro ser que llama Vida Una. La gallina, decíamos de jóvenes para salirnos por la tangente, por entre tanta gente en posesión de la verdad. La gallina viuda era un bar de Torremolinos y La gallina aristotélica es otro de Guanajuato. Poetas que todo lo tergiversan como el huevo cuando piensa que la gallina es sólo una herramienta mediante la cual se reproduce. Tergiverso a verso, «lo de no temas que no merece la pena» en hispanoamericano es que no te avergüences de ello. En esta ocasión, y en la madre patria, la anfibología es idéntica: de pena y de vergüenza. Puestos a elegir temas intemporales, y puesto que hay más días que longanizas (grosería asumible), les recuerdo el del outsider. Para acabar como Cervantes. Vale.

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