Un caso paradójico, por un lado la ley (con cierto sentido común) prohíbe los nombres extravagantes, irreverentes o subversivos por impropios de personas y aquellos que inducen a confusión entre si la persona es hombre o mujer, y por otro lado los «lobos» son frecuentes en nuestro catastro. No se entiende bien la posible ilegalidad de Rosario mientras que Lobo, como mote, fue un magnífico futbolista y Lobo, apellido, un director general de farmacia. En el principio fue el verbo y nada existe hasta que no se nomina, el nombre es el rótulo de la identificación social y es lógico que los progenitores deseen para su hijo una identidad esclarecida, en el antiguo régimen casi constreñida a la tradición familiar y a la variante del santo del día y en tiempos de libertad con el riesgo de extravagancias progresistas como María de la Telegrafía sin Hilos o cursiladas miméticas como Jotaerre. Me resisto a no citar el desiderátum de los nombres por mí conocidos, el de un taxista en Puerto Rico: Usnavy. Pero, disparates aparte, los padres eligen el nombre tratando de poner en valor su eufonía y la cualidad de su significado: si el niño se llama León es porque sus padres desean que su hijo sea un chico hermoso, decidido y valiente. Cuando cualquier nombre de la realidad circundante es viable, el nombre común se busca como adjetivo abstracto positivo.

– ¿Cómo te llamas?
– Como no te importa.
– Comonoteimporta, precioso nombre para una bella mujer.

Los nombres de animales se eligen por caracteres dignos de imitar aunque a veces sean equívocos por acepciones convencionales; zorro y zorra son valores sociales diferentes. Entre ellos, raros son y existen, Tigre, Lince, Sardino, Lucio, Castor… Y entre ellas más hermosos y frecuentes son Paloma, Marta, Golondrina… en vascuence golondrina, Ainara, es la eufonía misma. Delfino o Delfina no se eligen para llegar el último, sino para ser el primero, el delfín sucesor de un alto cargo.

En Castilla se usaba la desinencia «ez» como «hijo de», los patronímicos eran la continuación de un nombre propio y como Rodríguez deriva del prenombre Rodrigo, el apellido López lo hace de Lope. La sombra de la historia es alargada y «Lope» deriva del latín «lupus», o sea del lobo. El apellido más frecuente en la España actual y estatal es López y, por lo tanto, un gran porcentaje de nuestros convecinos son Hijo de Lobo, de ahí la gran paradoja de la polémica para admitir Lobo como nombre propio de un muchacho y cuando, desde los magníficos reportajes de Rodríguez de la Fuente, se pusieron en valor las cualidades de este animal. Quizá de haber sido una muchacha el trance fuera más conflictivo, la acepción social de loba es más negativa a pesar del imaginario gallego de la Reina Lupa. El lobo campa por toda Europa, la fundación de Roma se debe a dos niños amamantados por una loba y wolf designa a media Alemania. Raúl es contracción de rad-wulf y en alemán se traduce por «aquel que es consejero del lobo». O del guerrero.

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