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  • Un farmacéutico salubrista frente a las epidemias del siglo XX

A finales del siglo XIX, España sufría una grave crisis política, económica y social que había alcanzado su máximo en el llamado «desastre del 98». Frente a esa tendencia decadente surgió una heterogénea corriente ideológica, denominada regeneracionismo, que intentó modificar la vida social y la acción del Estado con un sentido modernizador, tomando como referentes a los países europeos occidentales, considerados los más avanzados del momento. Dentro de esta aspiración tuvo un papel señalado el componente sanitario, ya que la comparación con dichos países denotaba importantes deficiencias en el nuestro, tales como los pésimos servicios de suministro de agua y alcantarillado urbanos, la ausencia de sistemas organizados de control sanitario y una mortalidad general más elevada, siendo la amplia presencia de enfermedades infecto-contagiosas una de sus principales causas.

En este contexto se sitúa la extraordinaria figura científica del farmacéutico César Chicote del Riego, nacido en Madrid en 1861, que se licenció en la Facultad de Farmacia en 1880 y un año más tarde alcanzó el título de doctor en Farmacia. Su responsabilidad más conocida fue la de director del Laboratorio Municipal de Higiene de Madrid, un cargo que ocupó desde 1898 hasta su jubilación en 1932.

Chicote fue el máximo responsable de la puesta en marcha y desarrollo de este renovado y recién construido centro a partir de 1903, que contaba con secciones de análisis de alimentos, análisis de las aguas de abastecimiento y análisis bacteriológicos. Fue un lugar de referencia que dio respuesta a los retos epidémicos de etiología infecciosa de la época: estudió el agua de consumo de fuentes públicas, por su posible relación con la epidemia de tifus exantemático de 1909; implementó procedimientos para la elaboración de la vacuna antitifoidea, debido al recrudecimiento de esta infección en 1911; y trabajó en el desarrollo de la vacuna anticolérica polivalente, tema que le sirvió como discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina de Madrid. Otras publicaciones suyas nos muestran sus investigaciones sobre el desarrollo de vacunas frente a la difteria y la rabia, así como en el desarrollo de métodos analíticos para detectar adulteraciones en bebidas y alimentos.

Pero Chicote y el laboratorio que dirigía no solo se limitaron al desarrollo de la profilaxis vacunal. Su verdadera talla como farmacéutico salubrista se demuestra en su publicación La vivienda insalubre en Madrid, encargada por el alcalde madrileño en 1914 y que supone un riguroso estudio de la vivienda desde una perspectiva de salud pública, categorizando los barrios de Madrid según su mayor o menor insalubridad mediante el análisis de su tasa de mortalidad. El mapa que trazó Chicote en 1914 no difiere demasiado del actual, en el que los profesionales sanitarios seguimos viendo con preocupación cómo las desigualdades sociales y económicas explican las diferencias en morbimortalidad entre los distintos barrios de las ciudades.

Chicote recibió el reconocimiento del ámbito científico de la época, y falleció en Madrid en 1950. En los tiempos actuales, en los que nuestras sociedades se enfrentan a nuevos retos pandémicos, es necesario recordar el valor que pueden desempeñar los profesionales en el ámbito de la salud pública y en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Chicote nos enseña la necesidad de aplicar el conocimiento científico con rigor y constancia para afrontar con éxito esos desafíos presentes y futuros.

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