Hemos tenido grandes dudas al escoger el tema de este editorial que se centra en la propuesta ministerial sobre dosis unitarias. Hemos tenido dudas, sencillamente porque lo que realmente creemos que se merece la iniciativa es que sea ignorada y olvidada lo antes posible, pero como también es cierto que una propuesta salida del Ministerio es una espada de Damocles que pende sobre la profesión, hemos decidido opinar sobre ella. El Farmacéutico la considera precipitada, incluso podríamos tildarla de demagógica. No creemos exagerar al escoger el calificativo, ya que si recordamos la definición de demagogia –«Uso político de falsas promesas para conseguir el favor del pueblo»–, llegamos pronto al convencimiento de que se ajusta a la realidad.

La facturación anual de la lista oficial de medicamentos a los que se propone aplicar la propuesta ministerial de dosis unitarias –una norma que carece de un estudio económico aparejado, una propuesta en la que no se contemplan los mecanismos de facturación, ni la normativa de envasado, ni la manera como la información sobre utilización se suministra al paciente– es de aproximadamente 900 millones de € ¿Es imaginable el ahorro de los 300 millones de € anunciados sobre esa facturación global? ¿Tan rematadamente mal se han ajustado los tamaños actuales de los envases, tan alto es el despilfarro en la factura de estos medicamentos? Estamos convencidos que algún tamaño de envase debe ajustarse a los tratamientos más comunes, seguramente deben autorizarse algunos tamaños de envase distintos a los existentes y que nunca es poco el esfuerzo para no gastar más de lo estrictamente necesario, pero es evidente que el camino no es el propuesto.

Es preocupante que la desafección de la sociedad respecto a la clase política sea cada vez más importante, pero lo peor es que el fenómeno esté justificado. No es de recibo que los responsables políticos lancen propuestas de medidas sin que estén elaboradas sobre bases reales y objetivas.

El Farmacéutico siempre ha opinado que es un objetivo primordial la utilización racional de los medicamentos y el ajuste, lo más preciso posible, del tamaño de los envases de medicamentos dispensados a las necesidades terapéuticas, pero del mismo modo critica contundentemente que se lancen propuestas que, además de no estar suficientemente analizadas antes de presentadas a la opinión pública, tienen el efecto nocivo de hacer parecer al sector farmacéutico, que en los últimos años ha realizado un esfuerzo económico muy importante para que las cuentas de la sanidad pública se moderen, como el principal causante de la precariedad del propio sistema sanitario. Sinceramente creemos que además de todo lo dicho, no es justo. El sector va a necesitar una receta con grandes dosis de paciencia.

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