Terminé la carrera en julio con la presentación del Trabajo Fin de Grado y las prácticas en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca, por lo que en septiembre con mi título de Farmacia me matriculé para realizar el examen en cuanto se publicó la convocatoria.

Comenzaba el curso de invierno en Madrid y, como a todos, se te pasa por la cabeza: «¿Pero cómo me voy a estudiar la carrera entera en cinco meses?»; de quitarte ese agobio inicial se encarga la academia con el plan de estudio, de repaso, los mensajes de ánimo y las anécdotas divertidas en clase. Así que tocaba ponerse las pilas, coger el toro por los cuernos y echarle horas, que si te propones una meta, lo mínimo es ir hasta el final con todas las consecuencias y dar el máximo posible. Durante los tres meses que duró el curso aprendí muchísimo, estudiando de nuevo todas las asignaturas de Farmacia con un enfoque claro a contestar el mayor número de preguntas en el examen. Clases por la mañana y estudio por la tarde o a la inversa, preguntas tests, exámenes de años anteriores… todo lo que sea necesario para adquirir la destreza necesaria para conseguir aquella plaza en la que empecé a pensar desde el momento en que comencé las prácticas tuteladas en el hospital.

Llegó diciembre y tocaba volver a Salamanca, y con ello el temido plan de repaso por asignaturas, en el que había que dar el golpe final, retener todos los datos, cifras y nombres posibles, pues el examen estaba cada vez más cerca. En enero empezaban los simulacros finales en los que te ponías en situación de examen, de tensión, de cara a afrontar el duro día, en el que todo el trabajo de esos meses debía verse reflejado, sin nervios y sin fallos tontos. Y sí, el 6 de febrero estaba ahí, y sales del aula de examen (eso me lo tenían que haber avisado antes) dándole vueltas a todas esas preguntas liosas, pensando que has fallado más de la cuenta. Pero pasó un mes y con ello se publicaron los resultados y tengo que decirlo, el que no arriesga, no gana; yo contesté muchas preguntas, por intuición, por razonamiento, que no sabría asegurar al cien por cien, y se puede decir que gané. Saqué ese número 1 que nunca pensé que llegaría y he tenido la oportunidad de elegir la plaza que quiero: Farmacia Hospitalaria en el Hospital Gregorio Marañón. Recomiendo a cualquiera que quiera prepararse el examen que visualice esa plaza, ese objetivo es la fuerza con la que te levantas cada mañana a estudiar, y sobre todo no desistir, con la voluntad se consigue todo.

Así que ahora es el momento de formarse como especialista en Farmacia Hospitalaria, aprovechar estos cuatro años de residencia al máximo para adquirir todos aquellos conocimientos que me permitan convertirme en un profesional sanitario.

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