El siglo XXI nos ha mostrado algunos indicadores de cambios importantes en nuestro modo de vida y, por tanto, también en la sanidad. Y especialmente en el futuro de la profesión farmacéutica, que ha sufrido una crisis económica que ha cambiado nuestros hábitos del día a día. Ahora estamos inmersos en una crisis sanitaria producida por la pandemia, que ha agravado la crisis económica y va a cambiar la sanidad y la farmacia del futuro. Por tanto, debemos saber adaptarnos y afrontar las amenazas, pero también las oportunidades.

Entre los retos que debemos afrontar se encuentra la farmacia rural, fundamental para ofrecer un servicio farmacéutico global y de proximidad. La farmacia rural debe perdurar independientemente de la evolución de los medios telemáticos, y la solución no pasa por limosnas y subvenciones, sino por dar recursos para que los profesionales farmacéuticos de este ámbito puedan obtener unos ingresos dignos. Y esto es en lo que estamos trabajando desde el Muy Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia (MICOF).

La indicación farmacéutica y los cribados se presentan como un factor de gran importancia para que un ciudadano decida seguir viviendo o instalarse en el medio rural

Y es que el farmacéutico comunitario del ámbito rural, como sanitario cualificado que es, puede desarrollar unos servicios que no solo son necesarios, sino también fundamentales para que los habitantes de las zonas rurales adquieran conocimientos y servicios. El farmacéutico debe trabajar para que sus conciudadanos sepan cómo utilizar y conservar los medicamentos sencillos y complejos, cómo detectar cualquier deterioro cognitivo que ponga en peligro a cualquier ciudadano en un entorno como el rural, cómo detectar cualquier síntoma de enfermedad en la que sea necesaria la actuación del médico para confirmar cualquier diagnóstico, y también debe ofrecer la información y los conocimientos necesarios para que cualquier persona del entorno pueda actuar y tomar medidas mientras llegan los servicios médicos. Es por ello que la indicación farmacéutica y los cribados se presentan como un factor de gran importancia para que un ciudadano decida seguir viviendo o instalarse en el medio rural. Y aunque somos conscientes de que no en todos los casos se tendrá éxito, debemos intentarlo.

La unión para la pervivencia de la farmacia rural

 

No hay que olvidar que el entorno rural es muy apropiado para los servicios sociosanitarios (tanto residenciales como domiciliarios) que puede ofrecer el farmacéutico, y que la tecnología actual facilita enormemente esta posibilidad, pues gracias a ella la coordinación entre enfermería, medicina comunitaria y farmacia comunitaria puede dar un servicio de calidad en el domicilio extensible al medio urbano. En este sentido, el entorno de farmacia hospitalaria y de atención primaria también va a evolucionar de forma importante gracias al desarrollo de nuevos medicamentos y a la necesaria coordinación con la farmacia comunitaria, al igual que con la industria y la distribución, sin olvidarnos de salud pública, que debe ser la protagonista en el seguimiento de enfermedades prevalentes.

Sin embargo, como he comentado al principio de este artículo, para que todo esto suceda debemos adaptarnos, y eso supone un esfuerzo difícil, ya que asumir un nuevo sacrificio añadido a todos los que ya soportamos puede llevarnos a sucumbir en el intento, algo que no podemos permitir. Por tanto, la solidaridad es muy importante y, desgraciadamente, es de lo que en estos momentos menos podemos vanagloriarnos. Debemos salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos. El momento es ya y, si no lo hacemos, si no sacamos nuestro ingenio e innovamos (apoyados siempre en los muchos y grandes conocimientos que poseemos), corremos el peligro de desaparecer como profesión sanitaria y tener que renacer de nuestras cenizas, lo que sí resultaría muy peligroso y arriesgado.

Es el momento de debatir, pero haciéndolo de un modo constructivo y profesional. Es cierto que tenemos que vivir y que los recursos son necesarios, pero nuestra diferencia es que somos sanitarios. En caso contrario, dejaremos de ser necesarios, porque no podemos vivir solo de la parafarmacia o de los servicios profesionales y, en estos momentos, menos aún de los medicamentos. No olvidemos que somos un todo sanitario y que debemos trabajar para poder vivir dignamente de nuestra «profesión», que es nuestro gran valor y razón de ser. Por ello, estoy convencido de que si trabajamos en esa dirección muchos dirigentes se sumarán al movimiento. Pero sin unión no hay posibilidades de éxito y solo cabe esperar durar lo máximo posible. Resistir, sin embargo, no es la clave del éxito. Nadie va a apostar por nosotros.

Lo que está claro es que los cambios van a ser duros, y ya podemos irnos olvidando de que cuando pase el temporal vaya a salir el sol: eso solo pasa en las películas, y no en todas.

Si no sacamos nuestro ingenio e innovamos, corremos el peligro de desaparecer como profesión sanitaria y tener que renacer de nuestras cenizas, lo que sí resultaría muy peligroso y arriesgado

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