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El ciudadano como objeto de intervención sanitaria y no como sujeto de comunicación

  • 25 Abril 2014

Paolo Freire, pedagogo brasileño autor de obras como Pedagogía del Oprimido, dice que el fin de la educación no es otro que el de permitir que un individuo se constituya como sujeto, construyéndose a sí mismo como persona y pueda desde esta posición relacionarse con los demás en una relación de reciprocidad, tomando parte de su propia vida, su propia cultura y su propia historia. Es decir «los hombres [y mujeres] se educan en comunión, mediatizados por el mundo». En este mensaje hay elementos subyacentes en los que merece la pena detenerse.

En primer lugar, para Freire, el punto de partida para salir de la opresión e iniciar un proceso de auténtica educación liberadora, es constituirse como sujetos. Este mensaje también lleva implícito que si no nos constituimos como sujetos, estamos relegados a una condición de objetos. Por último, queda manifiesto que entre el sujeto y el objeto hay una relación vertical de poder. Para Freire, las personas se hacen sujeto por medio de la reflexión sobre su situación, es decir, el proceso (no hay un punto de llegada, es un continuo) por el cual devenimos sujetos es a través de un camino de concienciación acerca de la realidad que nos rodea. El camino político (de acción y de intervención sobre la realidad que estamos descubriendo) se inicia por tanto con posterioridad y se arranca desde una iluminación interior de descubrimiento. La observación y la concienciación es el primer paso para constituirnos como los escultores de nuestro propio destino. Todo ese proceso es en esencia pedagógico, tiene que ver con un sentido de la educación que nunca se termina, y que deja en su desarrollo una estela de liberación y de construcción del ser.
En segundo lugar, este proceso transformador y liberador (pedagógico en su esencia) se fundamenta en el diálogo. Freire, en su Pedagogía del oprimido ilustra los elementos que acompañan al diálogo y los contrasta con los que acompañan a una ausencia de diálogo. La postura dialógica, según Freire, lleva implícita1:
- Una relación con los demás de estructura horizontal (YO-TU), en contraposición a la relación vertical que mencionábamos anteriormente (SUJETO-OBJETO).
- La relación es por tanto de empatía, mientras que entre sujeto y objeto se frustra la empatía porque el sustrato del vínculo es una relación de poder.
- El diálogo es amoroso, humilde, crítico (en edades prematuras debe haber una fase convencional de asimilación de la realidad), esperanzado, confiado y creador. Por el contrario, en la relación entre sujeto y objeto hay soberbia, no hay crítica sino dogmas, hay impotencia (porque no hay una disposición mutua de aprender el uno del otro), es alienante y en ocasiones violento (imposición del dogma por la fuerza degenera en violencia).
- En el diálogo hay educación, mientras que entre sujeto y objeto hay adoctrinamiento.

En tercer y último lugar, como demuestran Freire y Miche Foucault (filósofo francés que estudió los mecanismos de poder en las sociedades modernas), el adoctrinamiento, como acto de inocular conocimientos y doctrinas, sirve de forma eficaz a la dominación2, 3, 4, relegando a los individuos a objetos (primero de estudio y luego de intervención) y eclipsando el poder creativo, regenerativo y poderoso de los ciudadanos. Esto lo consigue operando según una postura antidialógica, puesto que el diálogo es liberador, y su ausencia, totalizadora1.
Todo esto para decir que en mi experiencia, la relación de los «pacientes» con el sistema sanitario, y con los grupos fácticos que operan a través de dicho sistema, es una relación de poder (como suscriben ampliamente los trabajos de Foucault) que relega a los usuarios a su condición de objetos de estudio bio-médico (el individuo como contenedor de datos biológicos, anatómicos y fisioeléctricos) y más tarde a su condición de objetos de intervención (que son dictados por los grupos de poder).
El sistema sanitario (y la red de farmacias comunitarias) estructuralmente no permite el diálogo, porque no se le dota del tiempo ni de la disposición para hacerlo. Estructuralmente, el sistema está pensado para el adoctrinamiento y no para el estudio mutuo, por eso no puede haber diálogo en las consultas y no es culpa de los médicos porque es a su pesar. El sistema, su estructura, no se lo permite. Y si no hay diálogo no hay pedagogía mutua (del médico y del paciente, el uno del otro), no hay aprendizaje y se alimenta y replica la relación de poder, de sometimiento y de opresión sobre el cuerpo.
Nos perdemos en el corporativismo. Leyendo a Foucault, he deparado en que tanto los médicos (sean de la especialidad que sean) como los farmacéuticos, como los enfermeros, somos todos distribuidores de medicamentos. Institucionalmente, es el rol al que estamos relegados. No hay tal libertad de prescripción, esta bandera es una cortina de humo que oculta al títere que hay en la trastienda.
Por tanto, todo comienza por un cambio interior. Un resplandor que ilumine las relaciones de poder establecidas en nuestra relación con el sistema sanitario (hablo a nivel institucional y estructural, sé que hay mucha gente que lucha por trascender esto). A partir de ahí, empoderamiento quiere decir dejar de entregar estas parcelas, y recuperarlas, al igual que hemos de recuperar las calles, la ética, la política, las instituciones, pero sobre todo, el diálogo.

Bibliografía
1. Freire P. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI; 2005. 250 p.
2. Foucault M. El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica. Siglo XXI de España Editores; 2007. 320 p.
3. Michel Foucault. El sujeto y el poder [Internet]. Recuperado a partir de: http://www.philosophia.cl/biblioteca/Foucault/El%20sujeto%20y%20el%20poder.pdf
4. Foucault M. La crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina. Educ Médica Salud OPAS. 1976; 10(2):152-70.

Información adicional

  • antetítulo:

    Manual del Superviviente

  • autores: Paco Martínez Granados
  • info-autores: Ciudadano (en construcción) y farmacéutico (en deconstrucción)
  • Botón Créditos: http://
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