Eran épocas donde el boticario y el médico, especialmente en el medio rural, departían sobre las enfermedades de sus convecinos, sobre el diagnóstico efectuado y el medicamento más adecuado que, entonces, era elaborado por las manos artesanales del farmacéutico según le indicaba en la correspondiente receta el médico, su compañero de tertulias: «hágase según arte». En la rebotica, se preparaban las fórmulas magistrales recetadas por el galeno. Eran tiempos donde los laboratorios farmacéuticos aún no existían. El farmacéutico mezclaba con sabiduría los principios activos, dando lugar a las píldoras, jarabes y pomadas para los enfermos del pueblo. Mientras formulaba, charlaba con el maestro, el médico, el cura y el representante del orden público. Así, la conversación resultaba amena y saltaba de un tema a otro, formándose un crisol de pareceres, opiniones, experiencias y teorías. Se estaban creando remedios para el cuerpo y, en el tiempo compartido, se producía enriquecimiento personal, la búsqueda de solución de conflictos por un equipo multidisciplinar y multicultural, y sobre todo se estaba creando una medicina para el alma de los contertulios.

Este trabajo codo con codo entre médico y farmacéutico los ha caracterizado a lo largo de la historia, habiendo obtenido fabulosos resultados en el tratamiento de los enfermos. Esta buena relación entre los dos profesionales sanitarios los ha llevado a profesar en hermandades médico-farmacéuticas, en las que el tratamiento entre ellos alcanza el apelativo de hermano. Un ejemplo lo tenemos en Burgos, donde contamos con la Hermandad Médico-Farmacéutica de San Cosme y San Damián, en la que además de honrar a los Santos Patronos Cosme y Damián, se busca el mejoramiento moral y cultural de los Hermanos. Es muy importante esta unión humana y cultural, pero sigue siendo necesaria la unión profesional en el trabajo diario con los pacientes.

Estamos en otro siglo, con grandes avances tecnológicos y científicos, como la informática, la receta electrónica, la cita con el médico, on-line, vía sms o telefónica, donde el mapa genético, la bio y la nanotecnología están adquiriendo cada vez más protagonismo. Sin embargo, el médico, en su centro de salud; el farmacéutico, en su oficina de farmacia. La relación médico-farmacéutico se ha perdido. El uno no cuenta con la colaboración del otro, y viceversa. Es el momento de decir que hay que retomar el camino que hemos abandonado, el camino de la comunicación y el trabajo en equipo en beneficio de la salud de los ciudadanos, porque de esta manera se ponen en común las habilidades del médico y del farmacéutico, consiguiendo un resultado maravilloso que en estos tiempos de crisis y de optimización de recursos es necesario adoptar. En esta línea de colaboración se está empezando a trabajar en Castilla y León a través del programa ADCOM, de adherencia al tratamiento de pacientes polimedicados, y se están organizando reuniones de trabajo en los centros de salud. Es un comienzo, pero deben consolidarse estas reuniones como línea de trabajo en general, aumentando su frecuencia y estableciendo protocolos de comunicación entre ellos (algo fácil en la era de la tecnología de la información y la comunicación). Se hace necesario trabajar juntos sí o sí, porque el trabajo en equipo de los profesionales de la salud es el futuro, ya que a través de estrategias grupales se obtienen mejores resultados en los pacientes y además... se ahorra dinero.

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