Cuidado de la piel del bebé: claves desde la farmacia para una piel sana desde el inicio

Limpieza, hidratación y fotoprotección son los tres pilares esenciales para proteger la piel del bebé y prevenir problemas cutáneos

Farmacéutico comunitario

Cuidado de la piel del bebé: claves desde la farmacia para una piel sana desde el inicio
Cuidado de la piel del bebé: claves desde la farmacia para una piel sana desde el inicio

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La piel constituye el órgano más grande -y pesado- de nuestro cuerpo, si exceptuamos el conjunto de los músculos. Las necesidades de nuestra piel cambian en función del momento vital de la persona, sus hábitos y sus necesidades. La figura del farmacéutico comunitario cobra una especial relevancia a la hora de promover el cuidado preventivo de la piel, basándose en los tres pilares clave para el cuidado de una piel sana: la limpieza, la hidratación y la protección.

En la especie humana el periodo de gestación requiere de muchos meses, lo que unido a un largo intervalo de tiempo para poder valerse por sí mismos, justifica el afán de protección y la ternura que genera la llegada del bebé en los padres -en las madres de manera especial-, que con tanto esmero procuran el bienestar del recién nacido.

Desde la farmacia comunitaria, nuestro papel no debe limitarse a recomendar un producto adecuado, sino explicar cómo se emplea, como se puede combinar, en que orden y con que frecuencia. Cuidar bien desde el principio puede prevenir complicaciones futuras de la piel de nuestros bebés.

Características fisiológicas

La epidermis del bebé es más fina (20-30%) que en los adultos, con una mayor permeabilidad que compromete su función barrera frente a agentes externos; además, en este periodo su microbiota cutánea no está plenamente desarrollada, lo que le hace más propenso a sufrir infecciones oportunistas.

Las glándulas sudoríparas se encuentran más activas en los bebés, lo que explica que suden con mayor facilidad, especialmente en la cabeza, que será la última zona del cuerpo que secaremos durante el momento del baño.

El significado de una piel bronceada responde a que los queratinocitos han detectado un efecto potencialmente nocivo sobre su integridad, del cual previenen mediante la síntesis de la melanina. La producción de este pigmento es mucho más lenta en los bebés, por lo que es muy importante garantizar una exposición segura a la radiación UV en función de su edad (los niños menores de 6 meses no deben exponerse a la radiación UV).

Limpieza / Higiene

Se trata del primer pilar sobre el que se sostiene el cuidado de la piel. La limpieza cuenta con un doble valor: terapéutico y preventivo; prepara la piel, la protege y va a mejorar la eficacia de los cuidados que apliquemos seguidamente a la piel del bebé. El objetivo fundamental de este paso es eliminar impurezas sin comprometer la función barrera de la piel.

En el momento del nacimiento el pH de la piel del bebé es neutro (6-7), acidificándose progresivamente, hecho que contribuye a la inhibición de la proliferación bacteriana. El empleo de jabones con tensioactivos alcalinos incrementa temporalmente el pH cutáneo, facilitando la irritación y las infecciones; por lo tanto, se deben emplear tensioactivos de pH neutro o ligeramente ácido.

Se recomienda una frecuencia de baño de 2-3 veces/semana, no siendo necesario a diario debido a que la piel sana cuenta con mecanismos de autolimpieza propios. Es necesario recordar que el exceso de jabones, frecuencia o duración de los baños favorecen la aparición de sequedad cutánea. Para un lactante, se recomienda un baño de 5 minutos y, para niños mayores, de 10 a 15 minutos. Más allá de un interés comercial, no tiene sentido el empleo de champú y gel de baño para lactantes; un producto formulado óptimamente es válido para ambas necesidades. Es habitual complementar el baño utilizando colonia. Si bien no es aconsejable esta práctica en bebés, en caso de emplearse no se aplicará directamente sobre la piel, sino en la ropa del recién nacido.

Entre los agentes utilizados con frecuencia en la higiene del bebé, podemos encontrar los siguientes:

  • Agentes limpiadores: se utilizan tensioactivos suaves (syndets), como el coco-glucóside, decyl glucoside o el cocamidopropyl betaine.
  • Calmantes y protectores: óxido de zinc (actúa como una barrera aislante), caléndula, pantenol y aceites de origen vegetal, como el aguacate.

Hidratación

La hidratación constituye el segundo pilar sobre el que se asienta la salud de la piel. La ayuda que recibe la piel al hidratarla favorece la conservación de su estructura y evita la pérdida de agua transdérmica, además de la aparición de signos como sequedad, irritación, sensación de tirantez e incluso brotes de dermatosis, como la dermatitis atópica.

Conviene destacar, antes de centrarnos en aspectos concretos sobre la hidratación del bebé, las diferencias entre una piel seca y una piel deshidratada. En el primer caso, se trata de una piel en la que faltan fundamentalmente parte de los lípidos que se encuentran de forma natural en la barrera cutánea (ceramidas, colesterol, lecitina, entre otros). Quizás el caso de una piel atópica sea el ejemplo más habitual de una piel seca y cuyo tratamiento se basa en la hidratación con agentes emolientes, es decir, sustancias que aportarán los lípidos necesarios para restaurar la barrera epidérmica. En el caso de una piel deshidratada, estamos ante un estrato córneo con un contenido de agua inferior al 10%, que supone un estado y no un tipo de piel, tal y como sucede en una piel seca.

Por tanto, en la mayoría de ocasiones la piel del bebé no necesita “más agua”, sino mantener la que ya contiene, lo que van a conseguir los agentes hidratantes restaurando la arquitectura funcional del estrato córneo, frenando la pérdida de agua o atenuando una inflamación crónica de bajo grado secundaria a una microbiota disbiótica. Seguidamente repasamos algunos de los activos de interés en este tipo de productos:

Humectantes

  • Glicerina: fundamental para introducir de manera óptima el agua en la célula.
  • Ácido hialurónico: se trata de un azúcar de cadena larga con gran poder higroscópico, lo que justifica su uso masivo no sólo para hidratar la piel sino también en mucosas (como en la higiene íntima de la mujer) o en el tratamiento del ojo seco.

Emolientes

  • Manteca de karité: proporciona a la piel triglicéridos, una grasa semisólida de mayor densidad que los ácidos grasos.
  • Aceites de origen vegetal: como el de almendras, coco o aguacate, van a aportar sus ácidos grasos + vitaminas liposolubles.
  • Ceramidas: se trata del lípido mayoritario en el estrato córneo, constituyendo el 40% de las grasas, lo que explica su extensa introducción en los productos hidratantes.
  • Calmantes: avena coloidal, caléndula, manzanilla y el pantenol, este último con propiedades de gran interés para cualquier tipo de piel.

Fotoprotección

La protección representa el tercer pilar en el cuidado de la piel del bebé. Partimos de una premisa fundamental, como es el papel que el farmacéutico desempeña explicando con claridad al paciente (se entiende en nuestro caso el progenitor del bebé) los motivos por los que la piel del bebé debe protegerse durante todos los días del año. La exposición al sol provoca daños de diversa manera: eritema (quemadura solar), fotoenvejecimiento (por radicales libres), hiperpigmentación, inmunosupresión local o daño crónico por la luz infrarroja (IRA). Según la edad del bebé, se escogerán los fotoprotectores más adecuados:

  • 6 meses-3 años: protección solar con filtros físicos/minerales, resistente al agua y factor de protección 50+.

A los filtros físicos se les denomina pantallas ya que reflejan la radiación UV, la visible y la infrarroja. Los más empleados son el óxido de zinc y el dióxido de titanio, normalmente formando parte de una suspensión semisólida.

Por su parte, los filtros organominerales son filtros químicos insolubles que actúan por absorción y por reflexión, combinando las ventajas de los químicos (cosmeticidad) y de los físicos (poder de filtrado). El más empleado es el benzotriazol.

  • >3 años: Ya se puede emplear filtros químicos, con indicación infantil, resistente al agua y protección 50+.

En cuanto a los filtros químicos, estos actúan absorbiendo la radiación solar ultravioleta, transformándola en radiación de diferente longitud de onda e inocua para la piel. Los más empleados son el ácido para-aminobenzoico (PABA), el ácido cinámico, sulfonatos, alcanfor, benzofenona y dibenzoilmetano.

Conviene recordar que no se deben utilizar protectores solares que estén abiertos desde el año anterior.

Bibliografía recomendada

  • Fernández Moriano C. Cáncer de piel. Panorama Actual Med. 2019; 43 (424): 604-628.
  • Torreiro X, Loubet G. Cuidado de la piel del bebé. Colegio Oficial de Farmacéuticos de Bizkaia. 2025.
  • Formación continuada. Cuidados de la piel sana. Panorama Actual Med. 2025; 49 (487): 1170-1171.

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