El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente entre las mujeres en España, con más de 37.000 diagnósticos estimados en 2025, y la falta de adherencia terapéutica se ha convertido en un problema de salud pública: hasta un 33% de las pacientes no completan correctamente el tratamiento endocrino, y la adherencia cae más de un 25% entre el primer y quinto año tras el diagnóstico. Para abordar este reto, nace el proyecto CaMBIOAT, que reúne a FECMA, SEEO, SEOM, GEICAM, SOLTI y expertos en farmacia hospitalaria y psicooncología, con el aval de la SEFH y el impulso de Lilly. La iniciativa ha identificado 28 barreras que influyen en la continuidad terapéutica, desde factores clínicos y emocionales hasta desigualdades en el acceso a recursos o la sobrecarga asistencial.
Una de las principales preocupaciones señaladas por los especialistas es el impacto directo del abandono. El oncólogo Rodrigo Sánchez Bayona advierte que “la falta de adherencia terapéutica, especialmente en el mantenimiento tras la cirugía, tiene un impacto negativo directo en la supervivencia”, recordando que entre un 30–50% de las pacientes no completan la hormonoterapia por efectos adversos, baja percepción de beneficio o falta de acompañamiento. En esta línea, Susana de la Cruz, de la SEOM, insiste en que “es vital establecer una relación de confianza e informar con un lenguaje accesible”, lo que permite a las pacientes entender los efectos secundarios y garantizar un manejo precoz para evitar suspender el tratamiento.
El proyecto también destaca la necesidad de reforzar el enfoque multidisciplinar. Blanca Cantos, oncóloga de GEICAM, subraya que “no existe un único motivo que comprometa la adherencia”, por lo que resulta esencial coordinar a profesionales de distintos ámbitos para ofrecer un plan de acción adaptado a cada paciente.
El papel del farmacéutico hospitalario completa este enfoque integral. Inés Soto, del Hospital Infanta Elena, explica que en la primera consulta se informa a las pacientes sobre la medicación y se traza un plan personalizado, identificando posibles interacciones y manteniendo una vía directa de comunicación para resolver dudas. En los seguimientos, revisa la adherencia y propone estrategias como pastilleros o alarmas, coordinándose con el equipo médico para evitar toxicidades o abandonos.
Desde la perspectiva emocional, el impacto psicológico es determinante. La psico-oncóloga Marta de la Fuente explica que factores como la ansiedad, la depresión o las creencias irracionales pueden reducir la adherencia, mientras que la autoeficacia, la tolerancia emocional y la percepción de control la mejoran. Por ello, el proyecto propone programas continuados de apoyo psicológico desde el inicio del tratamiento, así como materiales educativos claros, aplicaciones con recordatorios personalizados y una escuela de pacientes que aborde el autocuidado y el afrontamiento emocional. Esta visión coincide con el testimonio de María Adela García Arroyo (FECMA), quien recuerda que “muchas mujeres no comprenden bien su tratamiento o se sienten desbordadas por su día a día”, lo que aumenta la desmotivación cuando no hay un seguimiento cercano.
La enfermería también tiene un papel clave. Isabel Tuñón, representante de la SEEO, destaca que las funciones esenciales incluyen la educación sanitaria personalizada, el acompañamiento emocional y la evaluación continua, aunque reconoce que la sobrecarga asistencial y la falta de herramientas estandarizadas dificultan esta labor. Entre las medidas del proyecto figuran formación específica, guías de referencia y refuerzo de las habilidades comunicativas.
En conjunto, CaMBIOAT propone acciones como un protocolo estandarizado de seguimiento, mayor apoyo psico-oncológico, herramientas digitales y hojas de ruta visuales para mejorar la comprensión del tratamiento, con el objetivo de reducir el abandono y reforzar la calidad de vida de las pacientes.