Durante la carrera, pocos de nosotros hemos recibido algo de formación relacionada con cómo interaccionar con el paciente, y mucho menos asignaturas específicas sobre salud mental.
El trato personal, la gestión de conflictos y los diferentes tipos de pacientes son aspectos que aprendemos con la experiencia, muchas veces de mano del
«prueba y error».
Y si hay algo que desarrollamos los sanitarios con el día a día es el ojo clínico, una forma de cribado mental que nos hace ser susceptibles a percibir pequeños cambios, y eso nos distingue y nos transforma en herramientas poderosas del sistema sanitario.
Podemos apreciar cambios que en una consulta puntual pueden pasar desapercibidos. Podemos adelantar meses en el diagnóstico simplemente por observación
Actualmente somos de los pocos sanitarios que tenemos un trato frecuente con el paciente, como hace tiempo hacía un médico de cabecera, que te conocía
prácticamente desde que habías nacido. Por lo tanto, podemos apreciar cambios que en una consulta puntual pueden pasar desapercibidos. Podemos adelantar meses en el diagnóstico simplemente por observación.
También destacaría nuestra fuerza y poder en la adherencia, tan necesaria e importante en general y en la salud mental en particular. Son tratamientos en los que el inicio del efecto no suele ser inmediato, a diferencia del que tiene un paracetamol, y eso hay que transmitirlo en el mostrador. Por eso, escuchar, observar y conocer al paciente no es un complemento de nuestra profesión: también es una forma de cuidar.
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