Ana Oliver, presidente de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE), defiende el papel estratégico de la farmacia comunitaria en el Sistema Sanitario y reclama su plena integración en la toma de decisiones. En esta entrevista, aborda los retos económicos del sector, la necesidad de remunerar los servicios profesionales y el valor de un modelo que garantiza accesibilidad, cercanía y eficiencia.
—Acaba de asumir la presidencia de la FEFE. ¿Cuáles son los principales objetivos que se ha marcado para esta etapa?
—Nuestro objetivo es situar a la farmacia en el lugar que le corresponde: en los espacios donde se toman decisiones que le afectan directamente. Para ello, es clave reforzar las relaciones institucionales. Estamos dando pasos en ese sentido y vamos por buen camino.
—Y dentro de estos objetivos, ¿qué medidas considera urgentes a corto plazo para la farmacia comunitaria, y cuáles requieren una visión más estructural y a largo plazo?
—Este objetivo hay que ir trabajándolo poco a poco. Si yo quiero que la farmacia esté en el lugar donde se toman las decisiones, hay que ir trabajándolo poco a poco, no se consigue de la noche a la mañana. El foco tiene que estar ahí. A esto se le suma, por supuesto, que la farmacia sea rentable, eso es fundamental. La farmacia tiene una labor sanitaria incuestionable, pero, para que esa labor sanitaria se pueda realizar, es imprescindible la viabilidad de la farmacia. Como empresarios, nuestro fuerte es la viabilidad de la farmacia para que el farmacéutico, en su farmacia, pueda hacer aquello para lo que está llamado a nivel vocacional.

—Si al final de su mandato solo pudiera señalar un logro, ¿cuál le gustaría que fuera?
—Que se reconozca la labor que el farmacéutico hace cada día, cada momento, en su oficina de farmacia.
—El farmacéutico comunitario resuelve a diario consultas que alivian la presión de la Atención Primaria. ¿Cómo debería remunerarse ese trabajo invisible y quién debe dar el primer paso para reconocerlo institucionalmente?
—La farmacia ya está haciendo muchísimas cosas, pero aún puede hacer muchas más. A nivel sanitario está infrautilizada, pero, evidentemente, esto pasa por que la parte económica sea viable y por que las instituciones entiendan que somos el centro sanitario a nivel nacional con mayor capilaridad, que nos encontramos en cualquier pueblo y en cualquier sitio de España. Ahora se habla mucho de la España vaciada, pero ¿quién está en la España vaciada? La farmacia, y la labor que pueden realizar ahí es esencial, es el centro sanitario de referencia en muchísimos sitios. Así pasó, por ejemplo, en la pandemia; eso es incuestionable. Hay que dar más valor a lo que la farmacia ya hace y a lo que la farmacia puede llegar a hacer. Y ¿cómo se consigue eso?, ¿quién tiene que dar el primer paso? Bajo mi criterio, tiene que ser en conjunto: han de sentarse a una mesa la Administración, las organizaciones que tengamos que ver con la oficina de farmacia y los profesionales, y ver de qué manera se puede llegar más lejos y remunerar de acorde a ello.
»A veces nos asombramos de por qué la farmacia reclama remuneración, y yo pienso que es de sentido común. Cuando termina el mes, un médico recibe su salario y nadie lo cuestiona; sin embargo, el que la farmacia busque remuneración por los servicios que presta y aquellos que podría prestar, escandaliza. De hecho, ya hay pruebas de ello; por ejemplo, con el cribado de colon en Madrid, una comunidad en la que se está pagando una cantidad por cada aportación que se hace sobre el cribado de colon. Está en la receta electrónica, y nosotros tenemos que dar indicaciones y explicar qué tiene que hacer el paciente, y es que el tiempo también vale dinero.
»Es cierto que hay cosas que se están haciendo, pero todavía necesitamos llegar mucho más lejos. Y la farmacia es capaz de hacerlo, tiene la capacidad, eso sí que me gustaría que quedase claro.

—El modelo anglosajón de cadenas de farmacia se presenta a veces como referencia de eficiencia. ¿Puede explicar por qué el modelo español ofrece resultados sanitarios mejores en términos de accesibilidad y coste?
—Creo que es más que evidente: estamos en cualquier punto de España, tenemos cercanía, conocemos al paciente, le llamamos por su nombre, conocemos a su familia, tienen confianza en nosotros, evitamos muchísimas consultas innecesarias a los centros de salud, y más que podríamos evitar si hubiera protocolos de actuación. A veces los pacientes vienen muy alarmados y te das cuenta de que no es para tanto, y otras veces te vienen tan tranquilos que eres tú, farmacéutico, el que les dice «Acércate al centro de salud», «Acércate a Urgencias, porque esto es urgente». Vemos la gravedad, y eso, al fin y al cabo, repercute en la sanidad española, y repercute de manera directa, y eso lo tiene la oficina de farmacia española.
»A raíz del Informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) que habla de la flexibilización de la apertura de farmacias, considero que la capacidad que tiene la oficina de farmacia es nuestra gran fuerza, tal cual la tenemos concebida hoy en día, para acceder al paciente, para poder dedicarle el tiempo. Y digo dedicarle, porque no es lo mismo que una oficina de farmacia tenga a dos personas, a dos farmacéuticos, a que solo tenga uno, para poder estar con el paciente el tiempo que necesita, porque nosotros no somos una tienda, somos un centro sanitario, y debe primar la labor sanitaria. Por eso es tan importante la FEFE, porque vela por la parte económica, por la viabilidad de la farmacia, para que el farmacéutico pueda dedicarse a lo que realmente importa, que es la parte sanitaria. Pero hay que saber jugar con las dos patas, la viabilidad y la labor sanitaria.
—El informe de la CNMC plantea cambios en el modelo…
—Sí. A favor del Informe diré que desde la FEFE estamos completamente abiertos a ver cómo se puede hacer sostenible el Sistema Nacional de Salud (SNS), la sanidad que tenemos hoy en día. Porque hay que tener en cuenta que la población cada vez va a estar más envejecida, va a haber menos médicos, menos sanitarios en activo, y evidentemente eso es un tema que tenemos que poner todos encima de la mesa, y que hay que abordar ahora que todavía ese problema no es tan grave.
»Y ahí la farmacia puede cumplir una función maravillosa. No vemos viable abrir más farmacias a diestro y siniestro, porque además hay que valorar el número de personas trabajando, el número de puestos de trabajo. Si en una farmacia no me salen las cuentas, ya no seremos —con todo el dolor de mi corazón— mi adjunta y yo, sino que seré yo. ¿Qué respuesta sanitaria voy a dar a mis pacientes? La mejor que pueda, eso es indudable, pero evidentemente puedo un poco menos.

—Los servicios/productos de dermocosmética, nutrición y autocuidado ya representan casi el 30 % de la facturación media de una farmacia. ¿Cree que desde la FEFE se debe liderar activamente la diversificación del modelo de negocio?
—Tengo que puntualizar. La farmacia hay que entenderla en su dimensión sanitaria, es fundamental; por ejemplo, tener la piel hidratada o ponerse un factor de protección, ya que va a evitar muchísimos problemas a la larga. Entonces, yo creo que no hay que pensar en un fotoprotector como fotoprotector tal cual; hay que verlo como algo que previene posibles problemas y colabora con la salud de esa persona en ese momento. Tiene la piel hidratada, tiene la piel cuidada. Si tiene un roce, pues ver qué crema se puede poner, qué no se puede poner, cómo se puede curar. Esto tiene un fondo sanitario, y yo creo que es ahí donde somos fuertes.
—¿Qué falta en la integración con el SNS?
—Esto todavía tiene muchísimo camino por recorrer. Se nos olvida que el centro sanitario más cercano es la oficina de farmacia y que no está integrado en el SNS, o no está integrado como debería. Ahí tenemos que ser martillo pilón y hacerle ver a la sociedad y a la Administración que resulta fundamental que estemos integrados. Es fundamental que la receta electrónica sea interoperable a todos los niveles. Sin problema, sin tener que buscar de una manera o de otra. Que sea inmediato. Si me viene un paciente con una receta, con una tarjeta sanitaria de otros lugares, a veces me dicen «Me he quedado sin mi medicación». Y como es otro lugar, directamente no puedo verlo. Entonces, claro, no le puedo decir:
Farmacéutico: ¿Cómo te ayudo?
Paciente: No me acuerdo de la medicina que me llevaba...
Farmacéutico: ¿Para qué sirve?
Paciente: Para la tensión.
Farmacéutico: Me faltan datos.
»Y es más: yo creo que deberíamos tener acceso a una pequeña historia clínica, porque en un momento determinado un paciente se puede olvidar de que está tomando un anticoagulante y viene con un catarro. En esta situación, a lo mejor puedo recomendar algo que no es lo más adecuado para alguien que ya está tomando un anticoagulante. Si yo tuviera acceso a una mínima historia clínica, el escenario cambia. Como sanitarios deberíamos tener acceso, hay que partir de la base de que en la farmacia ya estamos con el nivel más alto de protección de datos. Pero si pudiera tener acceso, podría saber, y, en algunas situaciones, evitar que la persona vaya a Urgencias por el centro de salud.

—Más del 50 % de los envases dispensados con receta del SNS tiene un precio inferior a 5 euros, y el 40 % no llega a 2,50. ¿Cuál es la cifra mínima de PVL que la FEFE considera viable para un medicamento genérico? ¿Cree que se debería avanzar pidiendo formalmente al Ministerio que se establezca ese suelo?
—Te puedo dar una cifra mínima, yo diría 3,50 euros + IVA. Pero realmente no es una respuesta adecuada, y te voy a explicar por qué: porque tenemos que ver toda la cadena del medicamento. Tiene que ser rentable, tiene que merecer la pena hacer, fabricar, distribuir y dispensar ese medicamento.
»Siempre decimos que la cadena del medicamento es una cadena de valor. Pues vamos a ponerla en valor: ¿cuánto cuesta un medicamento?, ¿cuánto cuesta la fabricación? El principio del medicamento, el principio activo, los excipientes, la caja, el prospecto, el lote, el QR… ¿cuánto cuesta todo eso? Y, sobre todo, ¿cuánto cuesta la salud de un paciente? A veces nos empeñamos en ahorrar en cosas de cuya repercusión no nos damos cuenta.
»A mí me han llegado a decir en la farmacia:
Paciente: No, yo esto no me lo tomo. Porque es que ya me tomo muchos medicamentos.
Farmacéutico: ¿Y por qué este no se lo toma?
Paciente: Porque no será tan importante. Es muy barato.
Farmacéutico: ¿Cómo que no será muy importante? Es importantísimo.
»Tienen que salir las cuentas para seguir fabricando ese medicamento. Para que no tenga problemas de abastecimiento, de ponerse en el mercado. No te voy a decir que nos hagamos ricos con ese medicamento, pero que compense.

—El I Congreso Nacional de Farmacia Rural cifró en 40 millones de euros el fondo de compensación necesario para evitar el cierre de las farmacias más vulnerables. ¿La FEFE ve razonable esa cifra?
—Hay muchas farmacias VEC, y este debate enlaza directamente con algunas de las conclusiones de la CNMC: si se introducen determinados cambios regulatorios, es probable que aún haya más. La experiencia de otros países, como Estonia o algunos modelos nórdicos, demuestra que la liberalización no siempre garantiza una mejor distribución: se abren más farmacias, sí, pero sobre todo en zonas con mayor población.
»Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué modelo queremos? ¿Más farmacias donde ya las hay o garantizar la viabilidad de la farmacia rural? Porque el riesgo es claro: que la farmacia en zonas menos pobladas se debilite aún más.
»En España nos sentimos orgullosos de nuestro sistema sanitario y de su capilaridad, de llegar prácticamente a cualquier rincón. Pero eso exige que las cuentas salgan y que el modelo sea sostenible.
»Es cierto que ya existen mecanismos de apoyo para las farmacias VEC, pero personalmente no creo que la solución pase solo por las subvenciones. La farmacia sigue siendo una pyme y, como tal, necesita ser viable por sí misma.
»Por eso, quizá, el debate debería orientarse hacia otras fórmulas: incentivos fiscales, medidas de apoyo a la contratación o herramientas que refuercen su sostenibilidad estructural. En definitiva, no se trata solo de ayudar, sino también de garantizar que estas farmacias puedan seguir prestando un servicio esencial en condiciones de viabilidad.

—El convenio colectivo del sector es un tema clave. Los sindicatos exigen subidas del 4-5 % y reducción de jornada. ¿Cuál es la postura de la FEFE?
—La postura de la FEFE es llegar a un acuerdo donde estén cómodas ambas partes, teniendo en cuenta que el convenio es un convenio de mínimos y que no está hecho para aquellas farmacias enormes, sino para aquellas farmacias pequeñas, que tienen un trabajador, o «medio trabajador», porque también el titular quiere conciliar su vida laboral, quiere vivir con sus hijos, irse de vacaciones, descansar algún fin de semana. Todas esas farmacias necesitan un convenio que no las ahogue, porque si tan malas son —o podrían ser— muchas de las cosas que ponen en el Informe que acaba de salir, tan malo sería hacer un convenio que las ahogue, y yo no voy a ser quien las ahogue.
»Lo que sí que digo —y lo digo de verdad, con la boca bien grande y el corazón en la mano— es que vamos a llegar a un acuerdo, que vamos a conseguir encontrar el punto de unión. Por nuestra parte estamos convencidos, y yo creo que por la otra parte también. Al final será cuestión de una reunión, de dos, de tres o de siete, no lo sé, pero yo creo que cuando dos partes quieren llegar a un acuerdo, si las dos quieren de verdad, se llega a él.

—Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar hoy a los farmacéuticos comunitarios desde la FEFE?
—Que estén tranquilos, que en la FEFE nos vamos a dejar la piel en defenderlos, y además lo digo convencida. ¿Cómo no voy a luchar por eso? ¿Cómo no me voy a dejar la piel en eso? Yo ahora mismo estoy puntualmente aquí, pero antes —y además esto lo digo muchísimo—, antes, durante y después soy titular de la oficina de farmacia.
»El tiempo que yo esté aquí, mi equipo y yo nos vamos a dejar la piel en sacar adelante toda la parte económica de la oficina de farmacia. Y voy a luchar para que la oficina de farmacia se encuentre en aquellos lugares donde las decisiones que se toman les afectan económicamente.
»Esto que te acabo de decir pasa, evidentemente, por una pequeña petición, y es que cada oficina de farmacia aporte su granito de arena para que esto se lleve a término afiliándose a la asociación empresarial que tiene más cerca, la de su zona, que esa es la que a su vez pertenece a la FEFE y la que defiende a nivel nacional.
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