El presidente de la Sociedad Española del Medicamento Individualizado (LASEMI), Tomás Abascal Diago, que tomó posesión del cargo el pasado mes de febrero, aborda en esta entrevista,la evolución de la formulación magistral, su aportación al Sistema Sanitario y el papel del farmacéutico en la atención personalizada al paciente.
—Tras su elección como presidente de la LASEMI el pasado mes de febrero, declaró su compromiso de continuidad en la línea de trabajo que se venía desarrollando. ¿Cuáles son los principales objetivos que tiene planteados para este mandato, y cuál es hoy el papel de la LASEMI dentro del Sistema Sanitario?
—Como sociedad científica, nuestro principal objetivo es la promoción de la formulación magistral en la farmacia, sobre todo en la farmacia comunitaria. Nuestro papel dentro del Sistema Sanitario es proporcionar el acceso a medicamentos a pacientes que de otra manera no lo tendrían, porque la formulación magistral se elabora ad hoc, es un «traje a medida» que le hacemos a ese paciente cuando tiene dificultades médicas o de deglución u otras necesidades especiales.
—Durante años la formulación magistral se ha asociado a una imagen casi artesanal de la farmacia. ¿En qué ha cambiado hoy? ¿La visión del farmacéutico sobre la formulación también ha evolucionado?
—Muchas veces tenemos una visión de ese boticario que estaba metido en su botica, elaborando pócimas secretas, rodeado de plantas, con sus morteros, etc. Actualmente, la formulación magistral cumple con los más altos estándares de calidad, seguridad y eficacia. Contamos con maquinaria muy moderna, y, aunque en algunas ocasiones se sigue utilizando el mortero, la visión del boticario ha cambiado por completo.
—En Infarma se defendió con claridad que el medicamento individualizado y la formulación magistral son sinónimos de futuro. ¿Está aumentando la prescripción de fórmulas magistrales? ¿Tienen datos en este sentido? Si es así, ¿a qué se debe?
—No contamos con datos oficiales, pero tenemos la percepción de que la prescripción de fórmulas magistrales se está incrementando por diferentes motivos. Por un lado, por el desabastecimiento de medicamentos comerciales, una situación donde la formulación magistral se convierte en un pilar fundamental. Por otro lado, porque algunos medicamentos dejan de fabricarse debido a que no resultan rentables para el laboratorio. Además, cada vez hay más pacientes con alergias o intolerancias a excipientes del medicamento industrial, algo que nosotros podemos adaptar.
—La formulación magistral le da al farmacéutico un papel claramente asistencial. ¿Qué competencias profesionales ponen especialmente en valor en el día a día de la farmacia?
—A la farmacia acuden multitud de pacientes con problemas muy dispares. Por ejemplo, alguien puede venir con la prescripción de un comprimido comercial y, en el momento de la dispensación, comenta que tiene problemas de disfagia y no puede tragarlo. Entonces, inmediatamente nosotros le podemos ofrecer la posibilidad de otra forma farmacéutica, en lugar del comprimido, para que pueda tomar la medicación prescrita.
»Esto también pasa con problemas de intolerancias: alergias a frutos secos, intolerancia a la lactosa, o incluso cuestiones relacionadas con el origen de las cápsulas de gelatina, que pueden ser de origen animal. Personas veganas o de religión musulmana, por ejemplo, solicitan cápsulas de origen vegetal. En ese mismo momento podemos ofrecerles una formulación magistral.
—En este sentido, ¿qué requisitos son necesarios para una farmacia que decida dedicarse o especializarse en formulación magistral?
—Todos los requisitos están recogidos en el Real Decreto 175/2001 e incluyen aspectos como el personal, el utillaje y la documentación, así como la recepción y conservación de materias primas, el material de acondicionamiento y los requisitos del local.
»Lógicamente, no se exige lo mismo para elaborar un colirio o formas inyectables que para hacer una crema o unas cápsulas; todo va acorde con las formas farmacéuticas que vayamos a hacer.
—Desde la experiencia de la LASEMI, ¿por qué una farmacia comunitaria debería plantearse hoy reforzar o apostar por la formulación magistral?
—Los boticarios venimos de ahí, es algo genuino de nuestra profesión y que no deberíamos perder nunca. Es una opción real hoy en día, y además muy recomendable porque proporciona mucha satisfacción a nivel personal.
—Desde la LASEMI, ¿qué opciones formativas o de impulso se ofrecen al farmacéutico?
—Desde la LASEMI ofrecemos jornadas, cursos y congresos. En octubre celebraremos nuestro congreso en Bilbao, al que también asistirán ponentes extranjeros. La formulación magistral es un ámbito muy activo y exige formación continua en nuevas patologías, principios activos y excipientes, entre otros aspectos.
—En relación con otros países, ¿cómo está considerada España en este ámbito?
—Estamos muy bien situados; de hecho, somos una referencia para muchos países. En Portugal, por ejemplo, nos tienen en muy alta estima y suelen acudir a nuestros congresos y cursos. Lo mismo ocurre con Italia y Francia. España está bien considerada en este ámbito.
—Y a nivel de rentabilidad, ¿cómo puede afectar tener este servicio de formulación magistral dentro de la oficina de farmacia?
—Desde el punto de vista económico, hay fórmulas que aportan mayor rentabilidad y otras que, desgraciadamente, no la tienen o incluso generan pérdidas. En muchas ocasiones, por ejemplo, es necesario adquirir una cantidad determinada de un principio activo cuando para elaborar una fórmula concreta solo se necesita una pequeña parte. El resto, si no se vuelve a utilizar antes de su caducidad, debe desecharse.
»Más allá del aspecto económico, la satisfacción del paciente —que te diga «Aquello que me hiciste me fue muy bien»— compensa mucho. Además, se genera una fidelidad importante del paciente hacia la farmacia. Hay algo más que lo económico, incluso cierto componente de romanticismo en el ejercicio profesional.
—¿Cuántos farmacéuticos formuladores hay hoy en día en España?
—No disponemos de datos globales; solo tenemos aproximaciones, ya que no todas las comunidades facilitan esa información y depende de las consejerías. En Madrid, por ejemplo, de unas 3000 farmacias, alrededor de 650 formulan. En Sevilla ocurre algo similar. En general, hablamos de entre un 20 y un 23 %. Los últimos datos oficiales del Consejo General [de Colegios Farmacéuticos] que conocemos son de 2017, cuando el porcentaje rondaba el 40-50 %.
—Respecto al colectivo médico, ¿desde la Sociedad se potencia la formación sobre formulación magistral entre los médicos/centros de salud con el objetivo de que estén al tanto de lo que pueden ofrecer?
—Sí. De hecho, desde la LASEMI muchas veces hacemos actos conjuntos con dermatólogos, veterinarios, dentistas, etc. En noviembre, por ejemplo, organizamos una jornada en Sevilla junto con la AEDV [Academia Española de Dermatología y Venereología] en la que cada ponencia estaba formada por un dermatólogo y un farmacéutico; ellos explicaban la parte clínica y nosotros qué fórmula se les podía hacer a esos pacientes.
—Más allá de la farmacia, ¿qué aporta el medicamento individualizado al Sistema Sanitario en términos de eficiencia, personalización y uso racional del medicamento?
—Aporta una personalización total, ya que el excipiente, el envase y, en definitiva, todos los aspectos del medicamento se adaptan a las necesidades del paciente, a sus intolerancias o alergias.
»Desde el punto de vista del uso racional, la formulación magistral permite ajustar exactamente la cantidad necesaria al tratamiento prescrito. Si un tratamiento requiere 24 cápsulas, se preparan 24 cápsulas; con el medicamento comercial puede ocurrir que el envase mínimo supere esa cantidad, y entonces el resto del tratamiento quede almacenado o se desperdicie. Lo mismo sucede con las cremas: si se necesita una pequeña cantidad para un área concreta, solo se prepara esa cantidad. Esto evita acumulaciones, desperdicios y usos inadecuados (por ejemplo, un vecino que te dice «Toma, me sobró de la última vez, te lo doy»). Así que, en cuanto al uso racional, mucho mejor el medicamento individualizado que el comercial.
—¿Cuál es la percepción del paciente sobre la formulación magistral?
—La percepción es muy buena. En muchas ocasiones solucionamos problemas que el paciente arrastra desde hace tiempo, y cuando finalmente encuentra una solución eficaz, está muy agradecido.
»También es una forma de fidelizar a tu clientela. Sobre todo ahora que estamos en la era de todo online, pedir que alguien te haga algo exclusivamente para ti y que te funcione se traduce en que ese paciente te lo has ganado ya para toda la vida.
—Por último, ¿qué mensaje trasladaría a los farmacéuticos comunitarios para animarlos a apostar por la formulación magistral?
—Yo les diría que se lancen. Desde la LASEMI siempre hemos abogado porque todas las farmacias formulen en mayor o menor medida. No vamos a pedir que todas hagan colirios ni inyectables, ni que tengamos las mejores instalaciones, pero sí que puedan realizar un mínimo de fórmulas, fórmulas más fáciles o más sencillas o que requieran menos maquinaria.
»Además, cuando eso no es posible, tenemos la opción de subcontratar a terceros. Este es un modelo que existe en España y que no está implantado en otros países. Gracias a ello, nuestras más de 22 000 farmacias pueden dispensar fórmulas magistrales: el paciente acude a su farmacia habitual —incluso aunque se halle en un pequeño municipio— y, si esta no elabora, la fórmula se envía a otra farmacia formulista. En 24 o 48 horas el medicamento está disponible, sin que el paciente tenga que desplazarse. Es obligatorio que todas las farmacias dispensen fórmulas, aunque no lo sea formularlas, y la formulación a terceros es algo muy habitual.
»Para preparar fórmulas sencillas, como tópicos o cápsulas, no se requiere una gran inversión inicial. Se puede empezar por ahí y, a partir de ese primer paso, ir avanzando progresivamente. Existen cursos, másteres y diversas opciones formativas que permiten ampliar conocimientos. Lo importante es comenzar poco a poco y, si gusta, seguir creciendo.