Cannabis, ¿qué hay de nuevo, viejo?

Cannabis, ¿qué hay de nuevo, viejo?

Acuciado por la demanda social y los avances científicos, el Gobierno de España constituyó en octubre de 2021 una subcomisión del Congreso encargada de valorar la posible regularización del uso terapéutico del cannabis. Tras escuchar a un nutrido grupo de especialistas la subcomisión emitió un informe para que el congreso de los diputados deliberase y votase su aprobación en junio de 2022.

 

¿Por qué es importante?

Supone un paso adelante que permitirá el desarrollo de la normativa necesaria para que en 6 meses podamos disponer en el circuito sanitario del medicamento de extractos o productos estandarizados a base de cannabis. Estos productos deberán cumplir con los criterios de comercialización de la AEMPS como cualquier otro medicamento, aportando evidencia científica, garantía sanitaria y calidad farmacéutica.  

 

¿Qué medicamentos con cannabinoides tenemos hoy en el vademécum?

Actualmente solo existen dos medicamentos con principios activos del cannabis registrados en España: Epidiolex® y Sativex®. Ambos son medicamentos de diagnóstico hospitalario con reserva singular; es decir, pueden ser dispensados para el paciente ambulatorio en farmacia comunitaria, con un PVP de 1.190 € y 510 € respectivamente, pero son dispensados de forma financiada desde la farmacia hospitalaria pública.

 

¿Por qué no son suficientes?

La evidencia científica constata que las indicaciones de los cannabinoides son más de las autorizadas en nuestro país y la sociedad demanda soluciones a ciertos problemas de salud en los que estos principios activos podrían ayudar a la farmacoterapia actual.   

 

Pero en el mercado ya existen productos con extractos de cannabis o cannabinoides. ¿Dónde está la novedad?

En el mejor de los casos disponemos de productos sanitarios, complementos nutricionales o cosméticos de aplicación tópica. Ninguno de ellos tiene registro como medicamento ni se le pueden atribuir acciones farmacoterapéuticas. Como farmacéuticos debemos ser conscientes de lo que dispensamos y de nuestro rol como profesionales sanitarios ecuánimes. No nos podemos permitir dispensar un cosmético e indicar que se administre por vía sublingual cuando no hay registro, ni evidencia, ni seguridad. Eso debemos dejarlo para los tiktokers.

 

¿Estamos hablando de dispensar porros en la farmacia?

Nada más lejos de la realidad. La banalización derivada del uso lúdico no puede enmascarar una propuesta rigurosa y sensata: principios activos purificados, indicaciones aprobadas, galénicas adecuadas, vías de administración óptimas y terapia individualizada por medio de la formulación magistral. La propuesta nos traslada pues a los orígenes de la profesión y refuerza el valor profesional del farmacéutico.

 

La iniciativa de la subcomisión propone formular preferentemente en la farmacia hospitalaria, así como habilitar mecanismos para hacer llegar la fórmula magistral al paciente. ¿En qué lugar deja esta propuesta a la farmacia comunitaria?

La subcomisión ha dado un gran paso, pero las reticencias a considerar a las más de 22 mil farmacias comunitarias como recurso sanitario de primer orden que aproxime soluciones terapéuticas a la sociedad resulta incoherente e incomprensible. La confianza, la proximidad, la profesionalidad, el conocimiento de la medicación concomitante, la visión global que aporta el farmacéutico han de ser valores visibles y reivindicados. Sin duda el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos encontrará argumentos y apoyos sociales para reconducir este desatino.

La evidencia científica constata que las indicaciones de los cannabinoides son más de las autorizadas en nuestro país y la sociedad demanda soluciones

 

Puedes profundizar en aspectos terapéuticos y farmacológicos en este otro artículo: Guillermo Bagaría (elfarmaceutico.es)