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Tertulia de rebotica

Panorama actual del medicamento

En abril de 1977 se publicaba el primer número de una revista que el Consejo General de Colegios Farmacéuticos dedicaba a la divulgación del medicamento, Panorama Actual del Medicamento, que en este año 2017 cumple 40 años y llega a su número 400. Por una vez, abril no es el mes más cruel y el doble de veinte años son nada es una continuidad de la que debemos sentirnos orgullosos. Frecuentar viejos amigos, viejos vinos y viejos libros, recomendaba Alfonso X El Sabio.

Jesús Aguilar, presidente del Consejo, proclama cómo por las páginas de la revista han desfilado las grandes moléculas de la actual farmacoterapia que han supuesto un avance sanitario sin precedentes, salvando la vida de millones de personas. Santiago Cuéllar, editor científico y coordinador de la revista, añade el toque humanista de que no hay medicamento más caro, inútil y peligroso que aquel que el paciente no utiliza o no usa correctamente, y en su recordatorio cita la labor primigenia de Eugenio Blanco, de quien dice era un modelo de gestor eficiente y una persona honesta, sencilla y dotada de una inteligencia emocional poco común, palabras que agradecemos en memoria de un amigo del alma.

Entendemos Panorama como una publicación de divulgación científica al margen de intereses extraprofesionales, una referencia rigurosa e independiente sobre la actualidad del medicamento, y su longevidad, con su previsible continuidad, me satisface en sumo grado, quizá por traer a mi memoria el recuerdo personal de una ausencia. Durante mis seis años de estudiante de Farmacia en la Complutense, pocas veces oí en clase la palabra «medicamento»: estudiamos variopintas ciencias, edafología era mi favorita, pero no farmacología. Dimos farmacognosia, y de ahí el recuerdo de remedios de léxico literario como las exóticas hojas hemostáticas, a saber hoy de qué arbusto balinés, las pakú-quidán, penjanbar-jambí y pulú-pulú, reminiscencia de Salgari y sus piratas del Tigre de la Malasia. En este número 400 de Panorama, en su sección de «Apuntes históricos», Javier Puerto, nuestro historiador de cabecera, nos ofrece un entrañable panorama de la prensa farmacéutica española que comienza nada menos que en 1804, con La Correspondencia Literaria Médica, periódico trimestre (sic) de Medicina, Cirugía, Química y Farmacia. Y no debemos olvidar El Restaurador Farmacéutico (1821), de Pedro Calvo Asensio. El artículo de Puerto Sarmiento me emociona, ahora no por una ausencia sino por una presencia, con la referencia a El Monitor de la Farmacia y de la Terapéutica (1897-1993) y a su director Pedro Malo, pérdida de otro amigo del alma, en palabras de todos cuantos le conocieron hombre «Bueno» y generoso, inventor del fármaco-periodista, escritor costumbrista, satírico y burlón. Colaboré en sus páginas, y recuerdo añorante el compartirlas con los chistes de Forges y firmas de reconocido y controvertido prestigio como Camilo José Cela, más un ar­tículo a memorar sobre la profesión farmacéutica de Tierno Galván. Veinte años son nada, cuarenta casi todo a título personal, pero la vida sigue y uno confía en que no se detenga la marcha de Panorama Actual del Medicamento y tampoco la de este El Farmacéutico, en papel, en donde resido con tertulia desde casi su número uno. Desde el siglo XX, cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil.

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Raúl Guerra Garrido

Farmacéutico. Escritor. Premio Nacional de las Letras 2006. /www.guerragarrido.es/

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