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Predicción de enfermedad cardiovascular/Aspirina y riesgo de hemorragia

  • 18 Octubre 2012
  • Ángel Sanz Granda
Predicción de enfermedad cardiovascular

The Emerging Risk Factors Collaboration. Lipid-related markers and cardiovascular disease prediction. JAMA. 2012; 307(23): 2.499-2.506.

Para mejorar la calidad en la predicción del riesgo cardiovascular, en los individuos que no presentan una patología cardiovascular conocida no solo debería documentarse la información habitual acerca de las fracciones de colesterol y otros, sino también la información acerca de apolipoproteína B y A-I, lipoproteína o fosfolipasa A asociada a lipoproteína.

La predicción acerca del riesgo cardiovascular se estima de forma habitual a través de los valores de colesterol total, de colesterol HDL (c-HDL) y de otros factores de riesgo convencionales. En los últimos años, sin embargo, se ha analizado la ventaja potencial de utilizar otros parámetros que sustituyan a alguno de los habituales, tales como el no c-HDL, ya que refleja la cantidad de colesterol incluido en varias subfracciones proaterogénicas, como las lipoproteínas de muy baja densidad, etc.

En esta misma línea, se ha propuesto igualmente remplazar la información clásica del colesterol y derivados por la de apolipoproteína B y apolipoproteína A-I, puesto que son las principales proteínas de superficie halladas en lipoproteínas proaterogénicas y HDL, respectivamente. Por ello, un grupo de investigadores estudiaron si el remplazamiento de la información mencionada añade o no valor a la predicción del riesgo cardiovascular. El estudio mostró que, en contra de lo que indican algunas guías, el remplazamiento de la información sobre el colesterol total y el c-HDL por otros parámetros lipídicos no supone una mejoría en la predicción. Sin embargo, la inclusión de los datos de apolipoproteína B y A-I supuso una ligera mejoría en la predicción posterior, si bien la utilización de estos biomarcadores ha de ser aún establecida.

La determinación del riesgo cardiovascular es de gran relevancia para el pronóstico de muchos pacientes. Su determinación es sencilla y no es preciso recurrir a los clásicos cuestionarios, como el de Framingham, que expresan el riesgo de poblaciones ajenas a la nuestra, sino que la farmacia dispone de otros más específicos, adaptados a los países del sur de Europa o ajustados a la población española.

 


sehablade478_2Aspirina y riesgo de hemorragia

De Berardis G, Lucisano G, E'ttorre A, Pellegrini F, Lepore V, Tognoni G, et al. Association of aspirin use with major bleeding in patients with and without diabetes. JAMA. 2012; 307(21): 2.286-2.294.

En la población analizada, en la que había individuos con y sin diabetes, la utilización de ácido acetilsalicílico (AAS) en bajas dosis se asoció a un aumento del riesgo de episodios hemorrágicos mayores a nivel gastrointestinal o cerebral. En el caso de los pacientes diabéticos, se observó una mayor incidencia de hemorragia que, sin embargo, no estaba asociada al uso o no uso de AAS.

Se recomienda la utilización de AAS en bajas dosis como medida de prevención secundaria en personas de riesgo cardiovascular de grado moderado o alto. También se recomienda su administración en diabéticos sin antecedentes de episodio cardiovascular y con riesgo cardiovascular a 10 años superior al 10%, pero sin riesgo incrementado de hemorragia.

Los beneficios de la prevención primaria con AAS en dosis bajas son modestos; sin embargo, el riesgo de hemorragia por dicho uso puede neutralizar cualquier beneficio. Por ello, un grupo de investigadores italianos analizaron la incidencia de episodios hemorrágicos mayores en personas con y sin diabetes, estudiando además cómo afecta a estos episodios la utilización de AAS. Para ello, se analizó una cohorte de individuos a los que se prescribió 300 mg o menos de AAS; dicha cohorte se contrastó con otra, de características muy similares, pero que no tenían ninguna prescripción de AAS.

Cada cohorte agrupó a casi 200.000 personas, que fueron seguidas durante una mediana de tiempo de 5,7 años. Al final de este periodo, se observó que en el grupo de usuarios de AAS se registró una incidencia de 5,58 episodios hemorrágicos por 1.000 personas-años, mientras que entre los no usuarios de AAS dicha tasa fue de 3,60 episodios por 1.000 personas-años, por lo que se evidenció que era un 55% más probable presentar un episodio hemorrágico cuando se administraba AAS en baja dosis (RR: 1,55; IC del 95%: 1,48-1,63). Sin embargo, y a pesar de que la utilización del fármaco se asoció a un mayor riesgo en muchos subgrupos de pacientes (edad, sexo masculino, hipertensos, etc.), esta asociación no pudo apreciarse en el subgrupo de diabéticos. Por el contrario, la diabetes sí se asoció a una mayor incidencia de sangrados, pero independientemente de que los pacientes tomaran o no AAS. Un hallazgo adicional importante fue la observación de menor incidencia de hemorragia asociada a la utilización de estatinas.

A la farmacia acuden muchas personas en demanda de aspirinas, sea por prescripción o no. Especialmente en prevención primaria, habría que realizar un seguimiento estrecho de dichas personas, pues el riesgo de problemas asociados a su uso puede neutralizar posibles beneficios. Asimismo, el seguimiento debería ser estrecho en diabéticos, tomen o no AAS, dado que presentan un mayor riesgo del episodio de referencia.

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Ángel Sanz Granda

Consultor científico. www.e-faeco.8m.net