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Salud de actualidad

Terapias con animales

  • 14 Noviembre 2011
  • Ramón Bonet*
El hombre, por naturaleza, es un ser social, capaz de establecer relaciones satisfactorias con otros individuos, así como con otros seres vivos que forman parte de su entorno. Los animales han compartido con el ser humano tareas y ocio desde tiempo inmemorial, adquiriendo un papel relevante en sus relaciones afectivas. Por consiguiente, no debería sorprender que aprovechando los valores intrínsecos de los animales (fidelidad, lealtad, invariabilidad en la respuesta, incapacidad de emitir juicios o tener prejuicios,...) el médico, terapeuta o educador logre un mayor y mejor acercamiento del individuo tratado, siendo susceptibles de ello tanto pacientes con discapacidades físicas y/o psíquicas como individuos o colectivos con serios problemas de integración social.

La sociedad actual integra en una alta proporción los considerados animales de compañía en la vida familiar de muchos hogares, así como en determinadas actividades deportivas o de ocio. Este hecho, por su alta representatividad, hace demostrable y objetivable que dichos animales sean capaces de ofrecer una función de facilitación social, favorecedora del contacto entre distintos individuos de una sociedad. Consecuentemente, potencian la salud y el bienestar de la población general, así como de personas afectadas por distintos tipos de enfermedades y/o problemáticas.

Atendiendo esta premisa y la definición de salud dictada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la que se considera que la salud no es tan solo la ausencia de enfermedad, sino un estado de completo bienestar, físico, mental y social, los animales pueden ser considerados verdaderos elementos terapéuticos en todas aquellas situaciones que, mediante una metodología y la acción conjunta de un terapeuta, sean susceptibles de proporcionar bienestar físico y mental al individuo.

Por su propia condición, los animales son capaces de vencer determinadas barreras psicológicas que un individuo ha construido con sus congéneres, incrementar la naturalidad y la libertad en la expresión de sentimientos, potenciar la afectividad y valores como la confianza, el autocontrol, la motivación... La relación establecida entre animal/paciente será el primer paso y resultará decisiva para abrir camino a la labor del terapeuta o educador, es decir, el animal actúa como conductor o guía en la labor de reintegración del individuo sometido a tratamiento. No obstante, debe puntualizarse que los animales ejercen de coterapeutas, pero que de ningún modo pueden ser considerados por sí mismos como una terapia propiamente dicha.

La concepción científica de la terapia asistida por animales –como complemento a las terapias tradicionales y siempre dirigidas por profesionales– parte de mediados del siglo pasado, a partir de la realización de estudios destinados a ratificar el beneficio terapéutico que los animales son capaces de aportar al hombre. Sin embargo, esta disciplina ha sido practicada de forma proactiva (aunque no siempre consciente) desde mucho antes, aunque es en la actualidad cuando se le está dando gran difusión y ha adquirido gran importancia y demanda.

Niños, ancianos, individuos con problemas de exclusión social, discapacitados físicos y psíquicos, son algunos de los grupos de personas que mejor responden a las terapias con animales. Algunos de los principales cambios o beneficios que se pretende obtener en el paciente con esta interacción son:

1. En el campo físico:

• Mejora de las habilidades físicas y de las destrezas motoras del individuo, siendo especialmente útil en niños, ancianos y discapacitados físicos. La realización de movimiento al interaccionar con el animal redunda en una mejora global de la forma física, la musculación, la flexibilidad y el equilibrio del paciente.

• Incremento de la capacidad sensorial del paciente. La estimulación táctil, olfativa, auditiva y de la vista que se experimenta con el animal maximiza la atención y la percepción sensorial del individuo tratado.

• Favorece la relajación, redundando en un descenso de la presión arterial.

• Inculca la importancia de una correcta alimentación: la responsabilidad de alimentar a un animal para preservar su salud y garantizar un correcto crecimiento y desarrollo hace tomar conciencia de la importancia que supone para todo ser vivo –incluido el propio paciente– una alimentación sana y equilibrada.

2. En el campo psíquico:

• Incrementa la autoestima y la sensación de seguridad: la ausencia de prejuicios por parte del animal favorece la comunicación entre ambos y su mutua aceptación, desaparecen así las barreras erigidas por el paciente como autodefensa y que dificultan una relación fluida con su entorno. La generalización de esta actitud con el resto de individuos es la que le permitirá ganar seguridad en sí mismo.

• Reduce la ansiedad y el sentimiento de miedo

• Reduce el sentimiento de soledad, muy acusado en personas de la tercera edad. La distracción que ofrecen los animales y la compañía que proporcionan ayuda a paliar el aislamiento del paciente, siendo útiles también para crear, a partir del animal, nuevos vínculos de comunicación con la sociedad.

• Mejora la atención y favorece las interacciones verbales.

• Trabaja la responsabilidad: el deber de cuidar a un animal se traduce en la adquisición de compromisos en distintos ámbitos y en un fomento del respeto frente a la naturaleza y a los demás miembros de la sociedad.

• Facilita el desarrollo de la empatía. Los niños son capaces de empatizar con facilidad con un animal dada la previsibilidad de sus actos y sus reacciones. Esta habilidad, por extensión, facilitará reconocer y comprender las actitudes y sentimientos de otros individuos y así incrementar la comunicación, tanto en la infancia como en la edad adulta.

3. En el campo social:

• Incrementa la socialización, la interacción con el animal disminuye el estrés y mejora el estado de ánimo, propiciando así cualquier tipo de relación social.

• Potencia la actividad grupal, así como la interacción y participación con otros individuos del grupo.

• Mejora la comunicación verbal y no verbal del paciente.

• Ayuda a adquirir y mejorar conocimientos y conceptos (colores, tamaños, formas...), incrementa vocabulario, memoria, etc.

• Identifica valores individuales y sociales.

Animales de terapia

Los animales utilizados en estos programas terapéuticos están destinados a crear un ambiente de colaboración y una alta implicación del paciente/individuo tratado con el terapeuta o educador. Para ello ejercen una estimulación multisensorial motivadora, destinada a captar la atención del paciente.

• Perros: sin lugar a dudas, el perro es el animal ideal para efectuar este tipo de intervención, tanto por su gran dependencia del ser humano como por su alta capacidad para aprender y obedecer. Su elección y evaluación es individualizada, siendo algunas de las razas más utilizadas: Golden Retriever, Border Collie, Cocker americano, Labrador...

• Caballos: la terapia asistida con caballos o hipoterapia aporta al paciente un alto grado de motivación, mejora la autoestima, la seguridad y la comunicación, siendo especialmente útil en pacientes con problemas de afectación psicosociológica. Otro de sus objetivos es realizar –gracias a las características físicas del caballo– una terapia especializada destinada a estimular sensorialmente al paciente, mejorar el equilibrio y la coordinación, incrementar y/o normalizar el tono muscular, reforzar la musculatura e incrementar las habilidades físicas necesarias para una «normal» funcionalidad. Por todo ello es una buena opción para tratar enfermos con discapacidades físicas, neurológicas y neuromusculares.

• Delfines: son animales inteligentes, dóciles y sensibles, adecuados para estimular a pacientes con síndrome de Down, depresión, autismo, parálisis cerebral, etc., siendo los resultados obtenidos extraordinariamente buenos. Las sesiones terapéuticas mediadas con delfines han de estar siempre tuteladas por personal especializado y van destinadas a estimular determinadas zonas cerebrales y armonizar o reequilibrar los hemisferios cerebrales; se aprovecha también los conocimientos en bioacústica y los beneficios que puede aportar el medio acuático.

Si bien perros, caballos y delfines son los animales más requeridos, existe una gran diversidad de animales entre los que se encuentran gatos, pájaros, tortugas, animales de granja..., que también pueden desarrollar esta función.

En cualquier caso, el animal seleccionado deberá haber sido entrenado para poder formar parte de los programas terapéutico/educativos diseñados para tratar al paciente y conseguir los objetivos planificados. Dichos animales deberán, además, someterse a todos los controles preceptivos para garantizar la salud del paciente y evitar la transmisión de cualquier zoonosis.

Indicaciones

El potencial desarrollo, crecimiento personal y progreso que proporciona esta interacción hombre/animal es, en muchos casos, difícil de conseguir mediante otro tipo de interacción. El vínculo que se establece permitirá en un ambiente afable y distendido, redireccionar actitudes y comportamientos que redunden en una mejora de la calidad de vida del paciente y de su entorno más cercano. Para ello, el establecimiento y seguimiento de métodos planificados y definidos por un equipo multidisciplinar son elementos claves en la consecución de determinados objetivos terapéuticos, especialmente en personas de edad avanzada, pacientes afectados de algún tipo de discapacidad o individuos privados de libertad por distintas causas.

A continuación se detallan algunas de las características más relevantes observadas en algunos de los grupos que mejores respuestas han experimentado:

• Ancianos: las terapias con animales en este colectivo, ya sea a nivel individual como enmarcadas en centros geriátricos, resultan de gran utilidad a nivel preventivo, de tratamiento de rehabilitación. Se requiere, como no puede ser de otra manera, una valoración inicial del paciente para la planificación y programación de las intervenciones a realizar con el fin de cubrir las necesidades físicas, psíquicas o sociales, así como fomentar su autonomía.

• Individuos con trastorno del espectro autista: se persigue aumentar la interacción social del paciente trabajando aspectos como el contacto visual, respeto de normas, habilidades en comunicación verbal y corporal, empatía, estimulación sensorial, tolerancia, etc. Esta terapia es muy demandada en niños para incitar y mejorar el aprendizaje individual, de forma que el terapeuta –a través del animal seleccionado y en el marco de un programa concreto– trabaje una serie de habilidades que aumenten su socialización.

• Enfermedad de Alzheimer/demencias: las deficiencias cognoscitivas y motoras que caracterizan a este tipo de pacientes, y que conllevan frecuentemente apatía, conducen a una grave ruptura en la actividad social del individuo. En estos casos la intervención de un animal –dada su condición irracional– puede facilitar la respuesta del paciente a distintos estímulos y, así, incrementar su comunicación, contacto social y autoestima.

• Internos de centros penitenciarios: en esta colectividad, y con mayor énfasis en los reclusos con baja autoestima y personalidad emocionalmente inestable, se pretende fomentar la afectividad, trabajar las emociones, la adquisición de responsabilidades, potenciar habilidades de comunicación y mejorar su cuidado y el del entorno. Los programas establecidos fijan objetivos concretos y medibles con el propósito final de facilitar la reinserción social del interno.

• Drogodependientes y marginados sociales: los animales ayudan a incorporar nuevos retos al paciente. Se trabaja la creatividad, la paciencia, la persistencia, la habilidad para superar obstáculos..., persiguiendo una mejora de su comportamiento y de su adaptación psicosocial.

Teniendo en cuenta la potencialidad y el constante estudio de esta metodología, son muchos los enfermos que pueden hallar beneficio combinando esta terapia con las terapias tradicionales. Enfermos crónicos, oncológicos, terminales, epilépticos, esquizofrénicos son solo alguno de los casos de los que ya se dispone de resultados.

Cabe diferenciar la terapia asistida con animales de las actividades asistidas con animales, por ejemplo las llevadas a cabo por los perros guía, en las cuales no se requiere la intervención de un profesional de la salud ni de un programa o metodología preestablecida para su consecución al no tener consideración por sí mismas de terapia. En estos casos, el animal proporciona al usuario una serie de beneficios que redundan en un aumento de su calidad de vida y la asistencia puede ser dirigida únicamente por técnicos o especialistas en el adiestramiento y manejo de los animales.

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Ramón Bonet*

*Doctor en Farmacia

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