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Profesión

Tratamiento de heridas: cortes, rozaduras, ampollas y quemaduras

El término «herida» hace referencia a múltiples lesiones que rompen la piel u otros tejidos corporales debido a una enfermedad, accidente, presión, golpe, quemadura, disparo, roce, etc.

Si la piel (que actúa como barrera protectora contra el medio ambiente) pierde su integridad ante una lesión o enfermedad, las complicaciones pueden ser de gran envergadura. Las heridas pueden ser abiertas y producir separación de tejidos, cerradas en cavidades o vísceras, o complicadas con fuertes hemorragias o lesiones en órganos internos. Sus consecuencias pueden llegar a causar discapacidades graves o incluso la muerte.

Sin embargo, son las heridas simples (caracterizadas por afectar a la piel sin producir daños en órganos internos) las que pueden tratarse desde la farmacia comunitaria, y, por tanto, las que nos ocupan en este artículo.

Este tipo de heridas leves son procesos muy comunes, sobre todo en los niños, que suelen sufrirlas a menudo debido a sus actividades cotidianas, a las características de los juegos infantiles y a la práctica deportiva que realizan.

Aunque generalmente pueda parecer que la curación de una herida no requiera amplios conocimientos, la realidad refleja lo contrario, y en la oficina de farmacia las consultas sobre heridas domésticas comunes son muy habituales. Por lo tanto, es fundamental involucrar al farmacéutico comunitario en el reto de la educación sanitaria para la curación de las heridas. Para ello, es necesario disponer de los conocimientos indispensables que permitan divulgar las medidas idóneas para su tratamiento, ya que el farmacéutico debe contribuir a erradicar falsos mitos y creencias sobre diversos aspectos, como la cicatrización.

La población suele desconocer qué producto es el apropiado para tratar estas lesiones leves (p. ej., cuál elegir para una adecuada desinfección), y a menudo suele dudar sobre cuándo es necesario acudir al médico.

Evaluación de la herida y criterios de derivación al médico
El farmacéutico debe estar capacitado para evaluar la complejidad de una herida, poder aconsejar el método adecuado de tratamiento y curación, recomendar el producto conveniente para la desinfección, y decidir cuándo hay que derivar a un centro de salud.

Se consideran lesiones graves que necesitan derivación al médico las siguientes situaciones:

  • Cuando la hemorragia no se detiene, o, aunque se detenga, vuelve a sangrar de nuevo.
  • En los casos de heridas punzantes en cuyo interior existe algún objeto que presenta dificultad para ser retirado.
  • Cuando se sospecha que la herida es muy profunda, como en el caso de quemaduras o erosiones con elementos abrasivos.
  • Si se constatan indicios de infección:
    –Infección sistémica: fiebre y aumento leucocitario.
    –Infección local: eritema, calor, edema, purulencia, induración y sensibilidad o dolor.
  • Cuando la herida tiene más de 6 horas de evolución.
  • Si la lesión ha sido causada por mordedura de animales o personas, ya que podría requerir la administración de la vacuna antitetánica o medicación con antibióticos.
  • Cuando la herida afecta a zonas delicadas, como genitales, cara, manos, pliegues, ojos...
  • Cuando se trata de una quemadura de nivel moderado o grave, o cuando supera más del 10% de la superficie corporal en niños o del 15% en adultos.

El resto de heridas, que no supongan complicaciones, pueden tratarse desde casa con el adecuado procedimiento destinado a prevenir y controlar las infecciones y promover la cicatrización.

34 EF574 PROFESION TTO HERIDAS dedoCuración de heridas leves
Los principios básicos en la curación de una herida son el control bacteriano (con empleo de técnicas asépticas, limpieza y desbridamiento) y la aplicación de apósitos barrera (que permitan aplicar el producto idóneo y protejan).

La curación avanzada, que emplea apósitos activos, es la que se lleva a cabo en un medio fisiológico húmedo. Presenta múltiples ventajas frente a la tradicional: diversos estudios demuestran que este medio previene la desecación y favorece la migración celular, la angiogénesis, consiguiendo una curación más rápida, menos dolorosa y con mejor calidad de cicatrización.

Los pasos que deben seguirse en el proceso de curación son los siguientes:

  • Detener la hemorragia alcanzando el equilibrio hemostático y permitiendo a las células inflamatorias, fibroblastos y factores de crecimiento iniciar el proceso de cicatrización. Para ello se utilizarán gasas estériles, presionando la zona hasta que cese el sangrado.
  • Lavado de la herida aplicando una solución estéril, agua destilada o suero fisiológico que consiga arrastrar los restos de suciedad que puedan ser contaminantes. Es conveniente que las soluciones empleadas se encuentren a una temperatura cercana a la corporal, y que se apliquen con una presión adecuada que logre eliminar los restos de exudado sin llegar a dañar los tejidos sanos.

En el caso de heridas crónicas, se debe recurrir a soluciones tópicas con acción antiséptica. Existen diferentes alternativas en el mercado, como povidona yodada, clorhexidina y merbromina.

La combinación de polihexanida y betaína, con propiedades físico-químicas, se emplea en heridas agudas, crónicas y quemaduras.

  • Desbridamiento. Debe eliminarse el tejido no vascularizado, ya que actúa como una barrera mecánica que evita la cicatrización de la herida. El método de desbridamiento que presenta más ventajas consiste en colocar un apósito activo sobre la herida, que facilitará la activación de enzimas proteolíticas y favorecerá el crecimiento del tejido de granulación para la cicatrización. Este método, que emplea condiciones húmedas mediante hidrogeles, es el elegido en la mayoría de los casos por su eficacia y comodidad. Además, presenta ciertas ventajas, como son la ausencia de dolor, su selectividad y que actúa como un proceso natural.

Apósitos
La función principal del apósito es la de proteger y aislar la lesión. Además, este tipo de coberturas debe favorecer la cicatrización generando un ambiente óptimo que mantenga la humedad, el calor, la oxigenación y la circulación sanguínea.

Existen múltiples tipos de apósitos en el mercado. Se habla de «apósitos primarios» cuando se encuentran en contacto directo con la herida, protegiéndola ante gérmenes patógenos, absorbiendo las secreciones y preservando la humedad, y de «apósitos secundarios» cuando no se aplican en contacto directo con la lesión, sino que se encargan de fijar los apósitos primarios.

Por otro lado, entre los apósitos primarios existe una amplia clasificación en función de los materiales empleados y sus características. Podemos distinguirlos en cuatro tipos básicos:

  • Apósitos pasivos. Son simples y económicos. Sus propiedades son las de proteger y absorber secreciones. Los materiales empleados son: gasas tejidas 100% algodón; no tejidas sintéticas, o apósitos tradicionales a base de gasa y algodón.
  • Apósitos interactivos. Logran mantener unas condiciones de humedad idóneas semejantes a las fisiológicas, sin adherirse a la lesión. Las más utilizadas son: la malla impregnada de gelatina o silicona, la espuma hidrofílica (en láminas y almohadillas) y los apósitos transparentes (con o sin material adhesivo).
  • Apósitos bioactivos. Interactúan con la herida ya que, además de conservar la humedad, permiten la oxigenación. Se engloban en este grupo los hidrocoloides, hidrogeles y alginatos.
  • Apósitos mixtos. Combinan diferentes niveles de permeabilidad y distintas características. Son los apósitos antimicrobianos desodorantes y los absorbentes.

La elección del apósito idóneo se debe hacer en función del objetivo buscado, tras considerar la localización de la herida, su estadio, su severidad, la cantidad de exudado y la presencia o no de signos de infección. Es fundamental que el apósito empleado sea biocompatible, y que proteja el lecho de la herida y mantenga su adecuado grado de humedad. Además, deberá conservar la sequedad de la piel circundante y la temperatura corporal, eliminar y controlar los exudados y minimizar los residuos. Por último, se tendrán en cuenta su adaptación a la ubicación y su facilidad de aplicación y retirada.

Mitos que el farmacéutico debe desterrar
Por su trato cercano al paciente, el farmacéutico tiene un papel fundamental en la eliminación de falsos mitos y creencias muy extendidos y arraigados relacionados con la curación de las heridas. Desde la farmacia pueden desterrarse ideas como: «una herida no tiene importancia y no necesita tratamiento»; «debe dejarse la herida al aire para que cure más rápido»; «lo mejor para desinfectar es aplicar alcohol o agua oxigenada sobre una herida abierta»; «el sol acelera la curación», o «las quemaduras pueden tratarse con pasta de dientes, barro o emplastes».

El farmacéutico comunitario desempeña un rol fundamental en la divulgación del cuidado y la prevención de heridas. Con su esfuerzo y dedicación, y poniendo al servicio de la población sus conocimientos sanitarios, contribuirá una vez más a garantizar los cuidados integrales de los pacientes.

Bibliografía
Enfermería en curación de heridas. Fundación Alberto J. Roemmers. Ediciones Médicas del Sur SRL. Disponible en: https://www.roemmers.com.ar/sites/default/files/Cuidados%20de%20Enfermeria%20en%20las%20Heridas.pdf
Muñoz Rodríguez A, Ballesteros-Úbeda M.ª V, Escanciano Pérez I, Polimón Olibarrieta I, Díaz Ramírez C, González Sánchez J, et al. Manual de protocolos y procedimientos en el cuidado de las heridas. Hospital Universitario de Móstoles. Revisado por el Comité Científico del GNEAUPP. Disponible en: http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM017501.pdf
Prevención y cuidados locales de heridas crónicas. Servicio Cántabro de Salud, 1.ª ed., enero de 2011. Disponible en: https://gneaupp.info/wp-content/uploads/2014/12/prevencion-de-cuidados-locales-y-heridas-cronicas.pdf

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Nerea Escudero Hernando

Licenciada en Farmacia

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