La edad madura a menudo se contempla como una época dorada de estabilidad y descanso que se alcanza tras concluir la crianza de los hijos y la etapa final de desarrollo profesional. En este periodo, se aspira a gozar de más tiempo libre para hacer todo aquello que antes no era posible, disfrutando en definitiva de una segunda juventud.
Vivimos condicionados por el mundo que nos rodea, a través de las percepciones que recibimos de los sentidos. La visión es uno de ellos y, probablemente, uno de los que más condiciona nuestras vidas.