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Tertulia de rebotica

Reina de Queens, una metáfora

Reina sobre el concreto, reina sobre los carros, reina sobre los árboles, reina sobre y contra la window en que me veo, pero de forma muy especial está reinando sobre la angustia de mi corazón.

El agua es un ahogo: ay, esas gotitas culebreadoras deformando mi imagen en el cristal. ¿Deformando qué, gorda revira? Con los pechos como panapenes y el bómper como tambor, ¿dónde está tu corona? El nembutal va a ser mi última apariencia de Marilyn, la única que me resta. Pienso en all of cincuenta años y es la angustia mi más nítido ahogo, menudo happy birthday, una vida más rack and ruin imposible, hoy la corono, qué fecha de calendario. Si no me llama alguien lo hago, quiero decir si no me llama Charly, porque ninguna otra relación de amistad o familia me queda. Alguien tiene que cantarme el feliz, feliz happy birthday aunque no hay candelas que soplar. Me gustaría ir con él a ver la de Kim Bassinger que hacen abajo, «ocho semanas y media» es un buen título, es el plazo más largo para un amor eterno, a mi a veces lo del amor me duraba lo de un clink, no más de un guiño. La Bassinger no es la Monroe, pero yo tampoco... fucking cosa la imaginación. Afila el champion, Charly, dame un alguito, llámame o como hay Dios que lo hago y that´s a fact. O me sacas a ver la del Excelsior o de aquí me sacan con los pies por delante. Si no me llamas el fin, man, la postrimería, porque ya nada es como era cuando todavía no era. Ya nada será de ninguna forma, lo secula seculorum sólo tiene futuro en la churcha ¿y quién va a misa? Sólo me queda el revival y son los recuerdos los que me ahogan, más que el agua, quería seguir los pasos de Marilyn y, como ella, sólo voy a dar el último traspiés. En un día de cats and dogs, chivirinosqui. El swing del nembutal es con champán, pero champán no tengo, supongo que con una biercita los efectos especiales del the end serán los mismos, menos fine pero right true. La añoranza de lo que pudo ser es la única promesa del futuro: God shave the queen si es ese todo su pelito. Qué tiempo, ¿no? Me arrebata el ring y otro ring del teléfono, pero es falsa la llamada, es del vecino, aquí una se entera de hasta cuando el vecino chicha, y ya se sabe, aquí el que no es camarón es pechowetti. Si al menos parase de diluviar, es tan cruel la soledad cuando reina sobre las candentes arenas del desierto y tú en el arca sin pareja. Apenas antier, tipos bien wilis naiquin hacían cola para salir conmigo, y ahora dónde, qué fracaso. Lo intentaste, hermana, pero diste crack y se te trancó el bolo, ¿de qué te arrepientes, además de dejarte llegar hasta hoy? Habla el vecino con su primera mujer: deja que lo adivine, lo que tú necesitas es oro, in gold we trust como los dólares. Se oye todo y a mí me habrán oído lágrimas, suspiros y hasta el susurro de los flash back. Los heavens open siguen reinando sobre el Queens entero y sobre mi soberana angustia, el recuerdo de cuando reina del curso, reina del Queens College que no es cachipa de coco, me comían a kisitos y les oía decir chica fonqui, chica groovy, chica chévere, súper chévere, chicapun y rodeada de mimitos, todos tipos bien wilson, qué remedio, me lo creí. Fue el día más nice de mi vida, era la kindest woman under the sun y me lo creí con una sonrisa de bobalonga, y ¿ahora qué? Tantos años y hasta paseando por Manhattan, ¿eh?, media cénturi con ocasiones de jailaiftona and clean, más de un tipo luciendo rapeador y con jelengue e incluso uno muy níquel, muy brain, de los que leen bucos, y ¿ahora qué? ¿El nembutal? Llámame, Charly, man, no me ponches, no eres un comecampbells ni un troc driver, llámame y a lo mejor.

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Raúl Guerra Garrido

Farmacéutico. Escritor. Premio Nacional de las Letras 2006. /www.guerragarrido.es/

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