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Àngel Torres Sancho, farmacéutico en Santa Eulàlia de Riuprimer (Barcelona)

Una carrera profesional polifacética

Desde hace 37 años, Àngel Torres Sancho es titular de la farmacia del municipio de Santa Eulàlia de Riuprimer, situado en la comarca de Osona a 6 km de Vic, que es la capital de la comarca y el centro neurálgico de la zona.

Àngel Torres ha estado pluriempleado desde los 15 años, cuando compatibilizaba los estudios de Bachillerato con el trabajo, no siempre con los resultados deseados: «Antes de entrar en la universidad mi intención era estudiar Medicina, pero la entrada a Medicina se hacía por nota y la mía no fue suficiente. Me matriculé en el entonces llamado “Curso Selectivo”, lo que me permitía poder elegir entre Biología, Geología, Química, Física e, incluso, Matemáticas». Era de aquellos alumnos que recibía y daba clases particulares (un pluriempleo más). «Poco antes de acabar el Selectivo, y siguiendo el consejo de la madre de un alumno al que daba clases particulares, hice el traslado a la Facultad de Farmacia (las asignaturas eran las mismas) e inicié mis estudios en enero de 1974.»

Los años en la facultad no hicieron florecer en él la vocación asistencial. «Mi idea, en aquellos años, era seguir en la facultad, en el departamento de Química Orgánica, y de esta forma compaginar la investigación con la docencia.» Después de licenciarse en Grado con la lectura de la tesina, que en aquellos tiempos era un paso previo obligado para realizar la Tesis Doctoral, tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. «Durante la “mili” estuve en la farmacia militar de Sevilla y acabé en el laboratorio de análisis». Curiosamente, la obligación castrense de aquellos años le hizo descubrir una faceta de la profesión que no había contemplado hasta entonces como una salida profesional, y que a la postre sería una de las que escogería.

Una vez licenciado, inició su carrera profesional en el mundo de la docencia. Impartió clases de Ciencias y Matemáticas a alumnos de los últimos cursos de lo que por aquel entonces se denominaba EGB. «Pronto descubrí que no estaba preparado para educar a 25 preadolescentes en una clase –confiesa–. Lo que realmente me gustaba en aquella época era explicar matemáticas, química o física, no hacer de educador.»

Consciente de la ausencia de vocación educativa, a principios de la década de 1980 Àngel Torres decidió iniciar la tramitación de un expediente de petición de apertura de farmacia en el municipio de Santa Eulàlia de Riuprimer. «Me concedieron la farmacia a principios de abril del año 1981, y el 29 de junio procedí a la apertura oficial después de la firma del acta por el inspector de sanidad y la bendición del párroco del pueblo.»

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Primeros pasos en la farmacia
Su aventura como farmacéutico comunitario había empezado. «En aquel entonces –explica–, mi prioridad era tener el stock suficiente y saber lo mínimo para poder abrir la farmacia y cubrir las necesidades básicas de la población.» Su estancia de 3 meses en la farmacia de la que era titular una compañera de promoción fue fundamental para conocer el funcionamiento de un establecimiento de este tipo. «M.ª Rosa Jové –recuerda Àngel Torres– me ayudó a conocer el funcionamiento básico de una farmacia.» Luego, con la ayuda de la cooperativa de la que era y aún es socio y las indicaciones del médico del municipio, Josep Sabat, abasteció la farmacia con lo mínimo imprescindible para empezar. «Me sentí apoyado por todos, y pude iniciar mi andadura como farmacéutico ofreciendo un servicio correcto, con un stock adecuado para tener el menor número posible de roturas.» En cuanto consiguió consolidar el servicio, se marcó un objetivo claro y conciso: facilitar los medicamentos que necesitaba la población que tenía la responsabilidad de atender, e informarlos adecuadamente sobre su correcta utilización. «Actualmente mantengo ese objetivo inicial, pero también dedico esfuerzos a ampliar algunos servicios, como la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, además de introducir en el quehacer de la farmacia aspectos de gestión que he tenido demasiado olvidados.»

Entre la farmacia, la docencia y... la alcaldía
Durante el primer año, Àngel Torres se centró exclusivamente en su farmacia. Sin embargo, su tendencia al pluriempleo no tardó mucho en reaparecer: «En septiembre de 1982, un compañero de promoción que estaba en la farmacia del Hospital de la Santa Creu, de Vic, me propuso ayudarlo en la docencia de la asignatura de farmacología, que él impartía en la Escola Universitària d’Infermeria d’Osona». Aceptó sin pensarlo y, a partir de aquel curso, empezó la otra vertiente de su vida profesional: la de profesor universitario.

Durante más de una década, pudo conciliar los horarios de atención farmacéutica en su farmacia con los que requería su creciente dedicación a su responsabilidad como profesor. «Aquellos años –recuerda–, el consultorio del municipio tenía un horario muy singular: por las mañanas iniciaba la consulta a la 1 del mediodía, y por las tardes a las 7. Pude compaginar las dos tareas profesionales sin ayuda.» En 1994, incorporó a la farmacia a una farmacéutica sustituta. El aumento de responsabilidades de gestión en lo que ahora es la actual Universitat de Vic y su participación creciente en grupos de trabajo del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona aconsejaban esa decisión. Pero la etapa en la que ha compatibilizado farmacia y docencia se acerca a su fin: «En octubre de este año –explica– llego a la edad de jubilación, por lo que este curso será el último como profesor de farmacología». Este final de etapa coincide también con el final de otra faceta de su vida que lo ha mantenido ocupado desde hace casi 8 años, porque Àngel Torres es, desde 2011, el alcalde del municipio: «No me presento en las listas electorales de 2019. Ha sido un honor ser el alcalde de este precioso pueblo que me acogió hace ya más de 30 años».

Un carácter diferencial
En una etapa inicial, compatibilizó el ejercicio en la farmacia con la realización de su tesis doctoral. Su objetivo era profundizar en sus conocimientos de farmacología y farmacoterapia. Su vocación, las características y la carga de trabajo de su farmacia lo llevaron a registrar sistemáticamente su actividad asistencial. «Empecé a registrar todas las dispensaciones que realizaba a los mayores de 65 años y a realizar un seguimiento farmacoterapéutico periódico. Esto me permitía intervenir en los casos en los que aparecían problemas relacionados con la medicación en los pacientes con más problemas de salud y con más riesgo de tener dificultades con su medicación.» Como comenta con cierta ironía: «No hay mal que por bien no venga. El hecho de tener una farmacia pequeña, lo que disminuye mucho el rendimiento económico, me permitía utilizar los tiempos entre dispensación y dispensación, que los había, y que a menudo eran suficientes para realizar un seguimiento farmacoterapéutico adecuado». La farmacia de Àngel Torres es el ejemplo de la paradoja que, muy a menudo, representa conjugar el trabajo profesional con la rentabilidad.

Ser farmacéutico en un pueblo de este tamaño imprime un carácter diferencial a la profesión. «Mi farmacia –explica Torres– ha participado siempre en las diferentes campañas sanitarias organizadas por el Colegio. Esto te permite establecer una estrecha relación con los usuarios del servicio fuera de la farmacia, y personalmente lo valoro de forma muy positiva, pues la relación con los usuarios es diferente y te permite conocerlos mejor.»

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Àngel Torres siempre ha sido un absoluto convencido de lo que él califica como «la capacidad de adaptarnos al cambio permanente de nuestra profesión». Siempre ha sentido la necesidad de estar cerca de los foros en los que se reflexiona y desde los que se impulsan los cambios, por lo que a principios de la década de 1990 se incorporó a distintos grupos de trabajo del COF de Barcelona. «Fueron unos años muy positivos y en los que aprendí muchas cosas; tuve la suerte de conocer a farmacéuticos de primera línea como Manel Marqués, que hace tiempo que nos dejó, y Benet Fité, un gran profesional. De ellos aprendí mucho.»

Este acercamiento a la vida colegial le abrió una puerta más en un mundo farmacéutico polifacético como el que ha vivido y vive aún Àngel Torres. Entró a formar parte de la Junta de Gobierno del COF de Barcelona a principios del año 2000, como vocal de Docencia-Investigación. Participó de la vida corporativa durante los dos últimos mandatos de Joan Duran y en la primera legislatura del actual presidente, Jordi de Dalmases. «Fue una etapa muy estimulante y en la que, gracias al equipo que formábamos todas las Juntas de Gobierno por las que pasé, intentamos desde nuestra humildad impulsar los cambios que creíamos necesarios para la evolución de la profesión.»

Un pueblo y una farmacia en evolución
Durante estos años, casi cuarenta, Santa Eulàlia de Riuprimer ha pasado de 800 a 1.300 habitantes. La farmacia de Àngel Torres no es una farmacia rural típica, ya que el pueblo en el que está situada ha crecido, aunque él continúa afirmando que «el reducido número de habitantes y el hecho de que el pueblo sea en gran medida una población dormitorio son dos puntos débiles que condicionan la economía de mi farmacia».

Durante muchos años, su farmacia ha estado enfocada casi exclusivamente al medicamento. «Hasta ahora he descuidado en gran medida todo lo referente a la parafarmacia», reconoce, pero la disminución drástica del precio medio del medicamento, las características de la población en la que está situada la farmacia y la incorporación de sus hijas, farmacéuticas también, en la gestión de su establecimiento, están cambiando su forma de ver la realidad. «Actualmente es necesario introducir otros elementos de negocio, porque el medicamento cada vez está más infravalorado económicamente, y esto hace que las farmacias pequeñas tengamos problemas para la subsistencia, y si las administraciones no ponen remedio está en peligro algo que siempre hemos defendido, que es la proximidad del servicio para toda la población.»

La farmacia de Àngel Torres también apuesta por ofrecer servicios profesionales más allá de la dispensación. «Ofrecemos diversos servicios profesionales, como la toma de la presión arterial, el SPD, el cribado del cáncer colorrectal, el programa de intercambio de jeringas, seguimiento farmacoterapéutico, cesación tabáquica... Y disponemos de un desfibrilador en el interior de la farmacia.» No renuncia tampoco a participar en campañas sanitarias: «Participo en todas en las que dispongo de las herramientas necesarias para llevarlas a cabo con el nivel suficiente de calidad», explica.

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En la actualidad, su farmacia ya ofrece un horario de atención estándar de mañana y tarde, y es atendida por un farmacéutico a tiempo completo y una auxiliar titulada a media jornada. «Una gran persona, que cumple todos los requisitos que necesita una farmacia rural: persona afable, responsable y muy trabajadora», explica satisfecho Àngel Torres, al tiempo que reconoce su preocupación por la escasez y la dificultad para encontrar profesionales colaboradores dispuestos a trabajar en las farmacias rurales, sobre todo farmacéuticos/as titulados/as: «Existe una diferencia importante con respecto a las farmacias urbanas, estamos en una clara desventaja».

Su jubilación como profesor lo devolverá a la farmacia. «Veo mi futuro profesional bastante diáfano, volveré a la farmacia hasta que alguna de mis hijas se decida a sustituirme.» Cree que la farmacia rural llena un hueco importante en la atención sanitaria en ámbitos en los que los recursos y las infraestructuras escasean, y se muestra optimista, «porque somos necesarios, aunque parece que las administraciones no sean muy sensibles a las dificultades que soportamos».

Nuevos retos
Siempre hay novedades y retos que superar. «Desde febrero, afrontamos la verificación de medicamentos para autentificar y garantizar que todos los medicamentos que dispensamos en las farmacias comunitarias cumplen las normas de calidad, seguridad y eficacia. Es un proceso de cambios operativos en la farmacia comunitaria, que una vez más tenemos que financiar nosotros mismos.» Sin embargo, Àngel Torres mantiene un optimismo que parece indestructible: «Generalmente percibimos los cambios como inconvenientes, pero estoy seguro de que, cuando estén íntegramente incorporados, las ventajas superarán los inconvenientes».

Está convencido de que en los próximos años el sector farmacéutico sufrirá cambios. La masiva entrada de medicamentos de origen biológico y biotecnológico obligará a los profesionales de la farmacia comunitaria a prepararse para que estos medicamentos que actualmente, en una parte importante, absorbe la farmacia hospitalaria, pasen también por la farmacia comunitaria. «Debemos luchar –afirma– para que estos medicamentos estén en la farmacia comunitaria. Y el éxito en esta lucha pasa por la formación y adaptación de la profesión.»

«La historia de la farmacia –prosigue Torres– avala nuestra capacidad de adaptación. A principios del siglo XX, la farmacia preparaba todos los medicamentos que dispensaba, y en cincuenta años hemos pasado a dispensar medicamentos que nos llegan ya preparados, lo que ha representado un giro copernicano en nuestra profesión. De preparar hemos pasado a informar. Estoy seguro de que volveremos a ser capaces de adaptarnos a los nuevos retos.»

Una conversación con Àngel Torres es muy eficaz como antidepresivo... y no necesita receta.

Farmacia Ldo. Àngel Torres
Major, 22 bajo
08505 Santa Eulàlia de Riuprimer (Barcelona)
Tels.: 938 830 004/608 133 699
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Francesc Pla Santamans

Farmacéutico comunitario. Director de El Farmacéutico

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