El color de mi cristal

23 Mayo 2013
MERCEDES_FRAGAUna exigencia y una responsabilidad

Mercedes Fraga

Tesorera de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC). Farmacéutica comunitaria en Ortigueira (A Coruña)

05 Abril 2013

Gema_HerreriasServicios que aporten valor añadido

Gema Herrerías

Farmacéutica comunitaria. A5 Farmacia. Sevilla

24 Junio 2012

AM QuintasDe la bonanza al cierre o… al cambio

Ana María Quintas

Presidenta de SEMEFARTE (Sociedad Española Médico-Farmacéutica de Terapias Emergentes

Para contestar a esta pregunta tenemos que tener presente tres cuestiones clave y cuyo análisis pretendo desarrollar, de forma somera, en este breve artículo.

La primera pregunta que debemos formularnos es ¿de dónde venimos? y la respuesta es obvia: de tiempos de bonanza. Tiempos que condujeron a la pérdida de sectores de actividad en los que la farmacia ostentaba una cierta exclusividad, como el de la fitoterapia, la alimentación infantil, etc., sustentada por criterios de profesionalidad y calidad. Tiempos que condujeron al conformismo en los servicios prestados y a la despreocupación por la incorporación de nuevas actividades que apuntaban ya de forma incipiente, y como siempre pasa, «camarón que se duerme le lleva la corriente».

Nuestra mayor preocupación y ocupación era la asistencia al paciente enfermo y sus recetas, que generaban los suficientes recursos para mantener la estructura de forma holgada y ojo, no estoy diciendo que esa preocupación no sea indispensable, pero a mi juicio se trata de condiciones de mínimos y el dedicar todos nuestros esfuerzos a ese proceso ha mermado nuestras capacidades como gestores de la actividad empresarial y como profesionales de la salud. Solo hay que recordar que ya han pasado doce años desde la aplicación del Real Decreto-ley 5/2000 que supuso la primera llamada de atención a una situación que no ha hecho más que empeorar con el paso del tiempo.

¿Dónde estamos? Es la segunda pregunta que debemos contestar antes de poder determinar a dónde nos dirigimos y la respuesta también es obvia: en crisis. Crisis económica que nos ha llevado a la descapitalización y, lo más grave, que ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema. Nuestros ingresos decaen sucesivamente, y no por falta de demanda, al tiempo que los gastos se mantienen o incrementan por imperativo legal. Hay medicamentos con un precio inferior al de los caramelos, con un margen probablemente también inferior y que además deben cumplir rigurosos y numerosos requisitos a su paso por la oficina de farmacia.

La crisis que estamos viviendo comporta, además, una crisis de valores. El valor que se le da a la salud y la atención sanitaria está cambiando no solamente desde el punto de vista de la Administración –y los sucesivos recortes son una prueba de la inviabilidad del sistema–, sino desde la propia sociedad que reclama nuevas alternativas. El ejemplo de Suiza es claro a este respecto, la voluntad popular manifestada en la recogida de firmas primero y el referéndum después ha propiciado la incorporación de determinadas terapias de las denominadas alternativas o complementarias a su sistema de salud.

Con estos antecedentes, estamos en condiciones de plantearnos la tercera pregunta: ¿A dónde vamos? Aquí también la respuesta es obvia: al cierre de la oficina de farmacia o al cambio en la apuesta.

Al cierre ya han llegado algunos de nuestros compañeros y, lo que es peor, son muchos más los que ni siquiera saben que están en ello. El cambio supone una oportunidad para la farmacia apostando por la profesionalidad basada en el conocimiento, que dé respuesta a la demanda plural de la sociedad. No debemos olvidar que por la oficina de farmacia pasan tanto sanos como enfermos y son todavía pocas las iniciativas encaminadas a la promoción de la salud.

Si a esta apuesta por la profesionalidad sumamos una gestión eficiente de los recursos y el incremento de la productividad derivada de la introducción de nuevos sistemas, sirva el Sistema Lean Management como ejemplo, estaremos en condiciones de hacer lo más importante: abrir nuestra mente y capacidades al mundo de las terapias no convencionales.


A. NavarroLa farmacia ha muerto, viva la farmacia

Andrés Navarro

Farmacéutico comunitario

Nos hallamos sumidos en un gran pesimismo, indignados por ver que estamos en un estado que no hemos buscado, una generación que ha heredado unas oficinas de farmacia que han resuelto la más o menos ideal distribución para que el medicamento llegue en las mejores condiciones y con el consejo adecuado al usuario, paciente o no.

El medicamento es el resultado de un acto médico; como decía un médico de Médicos sin Fronteras: «El médico no es nada sin el medicamento».

Ahora bien, en el siglo XXI no podemos utilizar los mismos medios que en el pasado, los hábitos de vida, la sociedad... todo ha cambiado. Se ha transformado con innovación la galénica; con respecto a la información el paciente comprende las indicaciones, otra cosa es que las cumpla. Aquí está nuestro papel y misión como especialistas.

Se cambió la galénica del secundum artem por los protocolos. Se adecuó y cambió el concepto de salud ampliándolo y viéndolo como un todo.

Se dirá que este cambio es idílico, virtual, quimérico, pero cuando nos damos cuenta de que somos más de lo que pensamos, que creemos en un presente y futuro mejor, más duradero, más profesional y que lucharemos por unos servicios que nos diferencian a unos de otros, para que el paciente no tenga prisa cuando viene a la oficina de farmacia, que valore y distinga la farmacia próxima del centro de salud emisor de recetas y que esos servicios sean satisfechos por el usuario o por la Administración, que se ponga en valor el acto de la dispensación y finalice la dispensación muda. Entonces estaremos en el camino... y se hace camino al andar y así justificaremos nuestra admirada profesión.

En estos momentos difíciles tenemos que pensar que este modelo actual ha muerto o, en nuestro idioma farmacéutico, se ha encapsulado, está en espora y tiene que renacer un microorganismo nuevo. Tengamos imaginación y a por ello.

Es hora de terminar con el individualismo farmacéutico y de buscar colaboración mutua entre profesionales del mundo de la farmacia. Todos vamos en el mismo barco, mejor remar juntos compartiendo las experiencias que nos enriquecen para avanzar.

Luchemos por nuestra profesión, analicemos los problemas, no solo los económicos, que son muchos y de nosotros no dependen.

No podemos volver atrás, ni perder el tiempo en pensar que antes vivíamos mejor. Mientras unos se quejan, otros siguen caminando. Y hay que caminar con ilusión. La crisis es dura para todos los sectores, y solo hay dos opciones, o reinventarnos o quedarnos atrás siendo sustituidos. Yo prefiero la primera opción. Estos últimos años han servido para obligarnos a despertar de nuestro letargo. Nos obligan a darnos cuenta de que debemos aportar un alto valor a la sociedad, a hacernos imprescindibles. ¿Cómo lograr esto? Con ilusión, Inventando nuevas técnicas de información, llegando aún más al paciente con nuevas tecnologías, creando servicios y atención que solo pueda encontrar un paciente en una oficina de farmacia.

Siendo positivo, para mí la crisis sí que es una oportunidad, pues quizá sin ella no estaríamos reinventándonos, ilusionándonos, formándonos... soñando con una farmacia mejor.

30 Mayo 2012
marta castellsPrevenir, prescribir, proactividad

Dra. Marta Castells

Farmacéutica comunitaria

De la farmacia de hace unas décadas, donde únicamente tenían cabida las personas enfermas, hemos pasado a ser un centro de salud, en el que tienen cabida los enfermos y los sanos.

En mi opinión, tan importante debe ser quien ha perdido la salud como quien busca mejorarla. El deseo de todas las sociedades desarrolladas, una vez cubiertas las necesidades básicas, es que sus ciudadanos no se pongan enfermos y vivan con salud. Esta es la tendencia de la sociedad actual y en ella nos hemos de posicionar.

El sistema sanitario no es sostenible si no se transforma, se involucra al usuario y se realiza una prevención modificando hábitos incorrectos.

No podemos aumentar el número de enfermos, pero sí podemos hacer que las personas tomen conciencia de la influencia e importancia que ellos mismos ejercen sobre la prevención de la enfermedad, y facilitarles que puedan alcanzar y mantener el mayor grado de bienestar posible. Tan importante es prevenir como curar.

Habitualmente, «por desgracia», nos limitamos a «despachar». Como me comentaba hace unos días una de mis hijas, el pediatra no le daba muchas explicaciones acerca de la alimentación adecuada para su bebé, a lo que le respondí que preguntara al farmacéutico, quien le aconsejaría. Mi hija me respondió airada diciendo que en todas las farmacias se habían limitado a «despacharle» lo que pedía, y que no le habían dado ningún consejo. Sus comentarios fueron como una ducha de agua fría, pero tengo que reconocer que es la realidad. Por eso solemos ser percibidos como «tenderos». Y eso es algo que deberíamos evitar, ya que daña enormemente la imagen de la profesión.

El verdadero valor añadido del farmacéutico es el de ser un consejero de salud que intervenga tanto en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad como en el tratamiento de esta.

Los cambios del entorno nos invitan a que nosotros también cambiemos y con ello podamos tener más responsabilidad y un impacto mucho mayor del que creemos en la salud de nuestros clientes.

Conseguirlo supone un cambio total en el rol del farmacéutico, de tener un papel meramente pasivo, «leyendo una receta» y entregando los medicamentos, a tomar un papel proactivo en el cual es el propio farmacéutico el que se interesa por la salud del cliente y orienta o aconseja sobre la mejor forma de resolver muchos de los pequeños problemas de salud, o bien facilita que el cliente tome interés por su propia salud y le aconseja.

Para ello debemos ser capaces de prescribir (has leído bien, prescribir...), indicar al cliente que use o tome determinados productos. Hemos de formarnos y perder el miedo a aconsejar (prescribir) desde una loción antiacné hasta unas vitaminas o una infusión relajante, por citar algunos ejemplos. Son centenares las situaciones en las que podríamos intervenir, y cuando se abandona la pasividad y uno se acostumbra al papel proactivo, advierte enseguida el cambio que opera en los clientes, que acuden a preguntar sobre las dudas que tienen sobre cómo manejar su salud (y también su enfermedad) y agradecen enormemente esta intervención por parte del farmacéutico.

No deberíamos ser el último eslabón de la cadena sanitaria, somos o deberíamos ser el primer eslabón en la prevención de la enfermedad y en el logro del bienestar. La farmacia es un espacio para la salud.

 

jose calleUn paciente, una dispensación

José Luis Calle

Farmacéutico comunitario

La farmacia comunitaria está empeñada en emplear expresiones como atención farmacéutica, seguimiento farmacoterapéutico, indicación o revisión de la medicación, cuando todavía no ha resuelto el problema de dispensar los medicamentos como necesitan los pacientes.

Cada paciente necesita una dispensación diferente y es necesario ampliar el concepto de dispensación de forma que englobe a otras actuaciones como las anteriores en lugar de limitarla a ser una parte de esa cadena de servicios. No se puede concebir una dispensación sin otras actuaciones o servicios y viceversa. No se puede limitar la dispensación a una entrega informada de los medicamentos.

Ante la situación económica que la Administración está provocando a conciencia en las farmacias comunitarias es comprensible que estas busquen una salida alejada de la dispensación de medicamentos. Pero eso no es lo que esperan ni necesitan la población y la Administración, por lo que hay que descartar absolutamente utilizar al medicamento como simple reclamo para venderle productos a la población.

Solo hay un camino: ampliar y dar valor al término dispensación y de esta forma respondo a la pregunta que se hace. La dispensación en este sentido implica salas de espera para pacientes. Es absolutamente necesario optimizar el tratamiento de los pacientes, desde los más simples a los más complejos y esto no se hace en intervenciones de 1 minuto. Basta con visitar algunas de las farmacias de nuestro país para comprobar que esto es posible además de necesario.

Los pacientes necesitan una intervención diferente según el momento del tratamiento en el que se encuentren. Y casi todas esas intervenciones deben englobarse en el proceso dispensación.

La farmacia que aleje su objetivo del medicamento y del paciente estará salvando la parte empresarial, pero estará matando la esencia de la farmacia y no deberá olvidar que eso lo hacen varios colectivos mucho mejor que los farmacéuticos. Últimamente viene sucediendo que alrededor de las farmacias pululan empresas que ofrecen al farmacéutico aumentar beneficios y utilizar los medicamentos únicamente como reclamo para los clientes.

La farmacia comunitaria es el establecimiento sanitario más cercano a los pacientes y cada farmacia debe ofrecer una cartera de servicios sanitarios remunerados y/o valorados. En este punto es preciso recomendar la lectura del último número de la revista Farmacéuticos comunitarios, de SEFAC, donde se define qué son y qué no son servicios sanitarios. El principal servicio tiene que ser la dispensación, entendida como un conjunto de actuaciones para optimizar el tratamiento de los pacientes, comenzando por la revisión de la medicación (RUM) y sumando cuantos servicios sean necesarios.

La farmacia comunitaria dispone desde hace años de todas las herramientas necesarias para implantar servicios realmente asistenciales avaladas por una sociedad científica fuerte. El camino es el medicamento, la dispensación y los servicios sanitarios asistenciales.

Ya son muchos los compañeros que así lo hacen. Es cuestión de que cada uno elijamos en qué punto estamos de este camino. Algunos farmacéuticos llegaron antes, otros queremos llegar, pero me preocupa que los que vayan a llegar tarde se vean seducidos por esa idea errónea de que el futuro de la farmacia está en volcarse en ofrecer servicios que no son sanitarios. Ese no es el camino, es la puerta de salida para dejar de ser un establecimiento sanitario.

¿En qué punto del camino estás tú?

25 Abril 2012

Francisco José Fernández PérezProfesiones complementarias

Francisco José Fernández Pérez

Farmacéutico comunitario en Leiro (Ourense). Senador del Partido Popular por Ourense

Hace casi 30 años –julio del año 1982–, con 23 años recién cumplidos, me licencié en Farmacia. Ese mismo año compré una oficina de farmacia en un pueblo del interior de Galicia, en la provincia de Ourense, en Leiro. Empecé a ejercer mi actividad profesional como farmacéutico rural, y me di cuenta de que aparte de farmacéutico era también un poco consejero en temas sanitarios, pues soy el único sanitario que vive en mi pueblo y soy más accesible. De esta forma, y poco a poco, me involucré en la vida cotidiana del «ya» mi pueblo.

Mi ejercicio profesional me estaba enseñando que una de mis misiones era mejorar la calidad de vida de mis vecinos/as, aunque había ciertas cosas que, por mucho que sanitariamente me esforzase en intervenir, eran misión imposible.

En el año 1990 se aproximan unas elecciones municipales. En esa época era amigo del entonces alcalde, y me ofreció incorporarme con él a las listas de PP, en mi municipio, Leiro. La verdad es que fui en la lista un poco a ciegas, sin saber bien lo que era la actividad política (tengo un buen amigo que me ayudó a adentrarme en este mundo).

Con el tiempo, me fui dando cuenta de que la política me estaba ayudando a cubrir una de mis inquietudes: mejorar las condiciones de vida de mis amigos/as y convecinos/as en todos los campos.

Unos años más tarde, dejé de ser concejal y fui alcalde, diputado provincial y, ya en el año 2011, senador, cargo que ostento actualmente. Durante estos 20 años de actividad política, me convencí de que la actividad sanitaria y la política son profesiones muy complementarias, pues las dos intentan mejorar la vida de las personas.

Por mi profesión, una de mis mayores preocupaciones fue que los vecinos/as de Leiro tuviesen dos servicios impecables, que consideraba y considero prioritarios: «saneamiento y abastecimiento de agua» y «un buen servicio de recogida de basuras». Tener este tipo de servicios en una ciudad es lo «normal», pero no podemos olvidar que estamos hablando de un Ayuntamiento de aproximadamente 2.000 habitantes, con una dispersión de población tremenda, en 42 núcleos de población, como no podía ser de otra manera en nuestra querida Galicia.

La profesión de farmacéutico y la política me ayudaron a conseguir lo que tanto deseaba:

– Con la farmacia, mejoras la calidad de vida de las personas de una forma más controlada; conoces un medicamento y sabes con una certeza elevada el efecto positivo que le va a producir al paciente.

– Con la política, tratas de conseguir proyectos a través de distintos medios hasta que, al final, los consigues o se quedan en nuevas aportaciones, pero también mejoras la vida de los que te rodean.

Es más exacta la ciencia sanitaria que la política. Me acuerdo de un gran momento político que tuve; fue estando con don Manuel Fraga, quien me dijo un día: «Mi querido amigo, no olvides que la política es la ciencia que trata de hacer posible lo imposible».

Ya quiero acabar con esta reflexión pidiendo disculpas porque no soy ningún erudito en la escritura, pero algo que sí tengo claro es que mi profesión de farmacéutico me marca en toda mi actividad política y, sin lugar a dudas, marcaría cualquier otra actividad que llevase a cabo.

Un abrazo para todos mis compañeros/as «boticarios/as», y me pongo a vuestra disposición para lo que podáis necesitar.

 

Albert Vilà BadiaProximidad y vocación

Albert Vilà Badia

Farmacéutico comunitario y alcalde de El Papiol

La historia de mi relación con la farmacia y la política están ligadas al pueblo en que nací, El Papiol, un municipio de 4.000 habitantes, a 15 minutos de Barcelona y en medio del Parque Natural de la Serra de Collserola.

Hace 12 años, aproximadamente, inauguramos la farmacia a la que tenía que dedicar «los mejores años de mi vida», los que conectan los treinta con los cincuenta. El día de la inauguración, faltaba poco más de un mes para que empezara la primera campaña electoral a la que me presenté. La nueva farmacia, que sustituía a la que había llevado mi padre durante tantos años en otra parte del pueblo, está a veinte pasos contados de la puerta del Ayuntamiento. Lejos me encontraba en ese momento de pensar que mi ocupación principal daría un vuelco como el que dio días más tarde.

El 13 de junio de 1999 el pueblo nos confió su futuro. El resultado de esa primera campaña electoral nos dio la mayoría absoluta, y eso me situó como alcalde de El Papiol. Desde entonces, con el mismo partido, Junts pel Papiol, una formación independiente y singular dentro del Área Metropolitana de Barcelona, hemos ganado cuatro elecciones y seguimos gobernando el municipio.

La farmacia, que ahora veo desde el otro lado de la acera, ha crecido, se ha ampliado y ha mejorado de forma exponencial los servicios que ofrece, gracias en parte a nuestra incorporación al equipo de Ecocèutics, un grupo de farmacéuticos que ponemos en común nuestros esfuerzos empresariales y nuestra voluntad emprendedora con el objetivo de sumar fuerzas y ayudarnos mutuamente. Un sello de garantía.

La crisis actual ha afectado tanto a las farmacias como a los municipios, ha afectado a la totalidad de nuestra sociedad. Debemos tener claro que, para superarla, tenemos que exprimir al máximo la imaginación y hacer más con menos. Seguir creyendo en los buenos equipos, en las personas que, con los mismos valores, creen que se puede trabajar y al mismo tiempo dejar una huella de bienestar a nuestro alrededor.

En el caso de la farmacia, lo hemos conseguido gracias a los valores de una familia de farmacéuticos que se transmiten de generación en generación; en el caso de la política, gracias a los integrantes de un proyecto que siempre han antepuesto el beneficio del pueblo a su beneficio propio.

La proximidad y la vocación de servicio son puntos en común en la vida de un farmacéutico y de un alcalde. Tanto la farmacia como el ayuntamiento se convierten en una de esas trincheras de la sociedad donde se producen continuamente la interacción, el diálogo, para mejorar la calidad de vida de las personas que acuden a nosotros. El resultado de todo ello solo se puede vivir con una auténtica vocación de servicio. La responsabilidad y rigor son herramientas clave. Los cargos de farmacéutico y de alcalde van unidos al material sensible que tratan: la salud de las personas y sus ilusiones por vivir mejor.

El patrimonio de una farmacia es la salud de la gente que atiendes, y el patrimonio de un alcalde es el grado de bienestar que puede ofrecer tu municipio. En los dos casos, la relación con el cliente, con el ciudadano, con la persona, es esencial, y lo mínimo que se puede exigir a quienes tienen la responsabilidad de tener ese trabajo es que honoren la confianza que en ellos se ha depositado.

13 Marzo 2012
J_EstevaUna cuestión delicada

Juan Esteva de Sagrera

Decano de la Facultad Farmacia de la Universidad de Barcelona

 

Cuando acepté responder a la pregunta de si los estudios de farmacia satisfacen las necesidades profesionales, decidí consultar a varios farmacéuticos, la mayoría de oficina de farmacia, pero también de la industria y de los hospitales. Todos coincidieron en que la universidad no forma adecuadamente a los farmacéuticos. Les pregunté qué materias echaban de menos. Según todos faltaba farmacología, que hace años está incluida en los planes de estudio. Otro dijo que faltaba gestión, que también se imparte. Otro fue partidario de un trabajo fin de grado. Le dije que era obligatorio en todos los planes de estudio y se sorprendió mucho. Una farmacéutica se declaró partidaria de que los estudiantes pudieran hacer prácticas en las empresas y me miró incrédula cuando le dije que ya lo hacían. Otra sostuvo que las prácticas tuteladas debieran poder hacerse en la industria farmacéutica. Le respondí que lo prohíbe la directiva comunitaria. La más disconforme dijo que los estudiantes debieran entrar en contacto con el mundo profesional y no pareció creerme cuando le dije que cursan obligatoriamente las prácticas tuteladas, seis meses a horario completo en una farmacia comunitaria u hospitalaria. Otra reclamó más prácticas, asignaturas optativas y orientaciones para que no todos los estudiantes siguieran el mismo currículo. Le dije, para su sorpresa, que eso es exactamente lo que se hacía. Pese a ello todos se despidieron reafirmándose en que la universidad debía ponerse al día.

Antes de que se fuesen les pregunté si el grado debía tener una orientación asistencial, industrial o mixta y me dijeron que mixta, pero sin olvidar otras salidas profesionales, que debían conservarse. Les pregunté cuáles eran. La lista fue larga: nutrición, análisis clínicos, óptica, formulación magistral, dermofarmacia, productos sanitarios, plantas medicinales, homeopatía, ortopedia. Quise saber si en su opinión la facultad también debía investigar, contribuir al avance de las ciencias farmacéuticas y realizar innovación, desarrollo y transferencia. Sí, dijeron todos, la universidad también debe realizar todo eso, y yo me quedé pensando que con sus respuestas configuraban un plan de estudios que es precisamente el existente, que recoge, como no puede ser de otro modo, las características y las contradicciones de la universidad y de la profesión farmacéutica.

Al día siguiente me llamó por teléfono una de las farmacéuticas para decirme que los estudios debían decantarse hacia la farmacia asistencial y la atención farmacéutica y abandonar todos los otros ámbitos. Le hice ver que eso era tanto como perder la industria farmacéutica, pero me replicó que no había otra opción. Entonces le pregunté si en su farmacia tenía organizado un servicio de atención farmacéutica. Me dijo que no, pero que en el futuro quizá lo haría. Le hice otra pregunta: si lo que se hace aquí y ahora, en el conjunto de las farmacias españolas, justifica la existencia de unas enseñanzas universitarias del máximo nivel. Me dijo que no lo sabía, pero que esperaba que sí. De modo que me fui a hablar con algunos profesores de mi facultad y les pregunté qué servicios les habían ofrecido en las farmacias. Me dijeron que entregarles correctamente el medicamento y cobrárselo, y que también habían recibido consejos farmacéuticos sobre pequeñas dolencias y sobre el uso de medicamentos. El décimo profesor era yo y coincidí con ellos, de modo que espero haber respondido a la delicada cuestión de si las facultades forman como es debido a los farmacéuticos.

 

R_De_BurgosDe palabras y evolución

Ramón de Burgos Pol

Evaluador de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía. Área de Centros y Unidades

 

Créditos, asignaturas troncales, optativas, libre configuración, Erasmus, prácticas, nuevo plan de estudios, etc. En fin, lo primero que me viene a la cabeza al respecto son palabras que prácticamente eran el eje central de mi vida y puede que en algún sentido la de mis padres. Eran mi presente y futuro. Solo preocupaba el siguiente examen, primero aprobar y luego hacerlo con la mejor nota posible. Lo cierto es que esta fórmula no funcionaba nada bien. De hecho, hubo un tiempo en que me perdí por el camino. Desde la distancia con la que lo observo ahora, tengo la sensación de que en ese laberinto de asignaturas estaban la salida norte de trabajar en una oficina de farmacia, la sur de hacer FIR (para lo cual tenías que pasar casi obligatoriamente por una academia si querías tener una mínima garantía de éxito) y luego la de aquellos que eran seleccionados para formar parte de un departamento. No sé si alguna vez escuché hablar de las posibilidades que te brinda la industria farmacéutica. Ahora creo que simplemente no estaba bien indicado hacia donde iba todo eso.

Estudiar una carrera universitaria es una decisión que debe marcarte de alguna u otra forma la vida. Es necesario tener una visión muy nítida de las cosas para visualizar el objeto de nuestro trabajo. Esto se traduce en saber cómo funcionan los sistemas sanitarios, la industria farmacéutica, las salidas reales que esta tiene y, por supuesto, un enfoque centrado en el paciente, cuya salud al fin y al cabo es el objetivo último al que se dirigen nuestras acciones profesionales. Yo no tuve la oportunidad de familiarizarme lo suficiente con ellas durante la carrera.

Para este artículo he echado un vistazo a los distintos planes de estudio actuales en las universidades donde he cursado mi carrera: en España y la universidad donde hice el Erasmus y otra de Estados Unidos donde me hubiera gustado cursar algunas asignaturas (Collegue of Pharmacy, Universidad de Minnesota). Me sorprende seguir encontrando muchas más diferencias de las que esperaba en un principio. Conceptos como medicina basada en la evidencia, toma de decisiones en salud, gestión clínica, farmacoeconomía, significación e inferencia estadística, seguridad del medicamento, atención farmacéutica... deberían estar integrados en el lenguaje de cualquier estudiante que obtuviera el grado después de años de estudio. Otro asunto fundamental es el inglés, cuya falta de dominio es un factor limitante a la hora de buscar trabajo.

Pero sería injusto quedarme ahí. Recibí una formación buena, amplia y exigente. Veo con agrado que se evoluciona hacia conceptos como formación en competencias (habilidades, aptitudes y no solo transmisión de información). Es necesario caminar por ese sendero tanto ahora como en los próximos años para ser competitivo, eficaz y aportar las mejores soluciones en el menor tiempo posible, sea cual sea el contexto laboral donde se ejerza la profesión, desde la labor asistencial como farmacéutico de hospital, a la dispensación activa en una oficina de farmacia o a la hora de fijar precio a una nueva tecnología sanitaria que tu empresa quiera sacar al mercado. Solo hay que intentar cambiar una cosa: que un estudiante cambie las palabras que comenté en la primera línea de este artículo por las que se nos exigen ahora. Entonces sí que estarán los planes de estudio cubriendo las necesidades de la profesión.

* Farmacéutica comunitaria. Presidenta de Facor SEFAC Madrid 20 Enero 2012

Encontrar un lenguaje común

M_Jose_CorderoM.ª José Cordero

De vuelta a casa, tras una jornada de trabajo, aprovechando las últimas horas fuera del hogar y disfrutando de los primeros fríos de la temporada, empiezo a revisar mentalmente el día que empezó con un paciente habitual, al que conozco desde mi llegada al barrio en el que desarrollo mi vida profesional (¿profesional? Cómo desligarlo...)

Sigo en el mismo barrio céntrico y castizo de la capital de España.

El sitio es el mismo pero no lo son las necesidades, los conocimientos, la información disponible. Los avances en medicina y medicamentos han permitido alargar la vida, hacer enfermos crónicos, con varias patologías asociadas y un grado de polimedicación alto, por lo que, como consecuencia, hay un riesgo creciente de problemas asociados. El manejo de las herramientas que me permitan controlar más y mejor estos posibles problemas, que me permitan adelantarme a ellos, es imprescindible.

La primera herramienta importantísima, sin la cual es imposible hacer nada verdaderamente útil para el paciente, es la comunicación, sin embargo es detectado como uno de los principales problemas a solucionar entre los distintos niveles asistenciales y con el propio paciente.

El lenguaje, el vocabulario y los conceptos que maneja cada profesional sanitario es desconocido total o parcialmente por el paciente, pero también resulta poco claro para tener una fluida y rápida relación entre los diferentes profesionales de la salud o entre los diferentes niveles asistenciales, sin meternos siquiera a considerar que la grafía es, en la mayor parte de los casos, totalmente ilegible. Estamos tan acostumbrados a hablar entre nosotros, en el mismo ámbito profesional, que creemos ser entendidos y no sólo no nos esforzamos por que así sea, sino que pensamos que el esfuerzo ha de ponerlo el interlocutor, sea médico o paciente.

Los trabajos de investigación hechos con el fin de ver la incidencia que tiene en el paciente la colaboración entre farmacéutico y médico de atención primaria han demostrado que el número de efectos indeseables derivados de la medicación, bien sea por error, duplicidad o cualquier otra razón, disminuye; la eficacia del tratamiento es mayor, así como el cumplimiento. Estas son razones que compensan el esfuerzo realizado por conseguir una comunicación entre ambos niveles.

El recuerdo de mi paciente, el que puso en marcha estas reflexiones, hace que compense el esfuerzo que supone encontrar un lenguaje común entre los sanitarios, decidir qué tenemos que transmitir, qué mensaje debe llegar, cómo hacerlo llegar al paciente para conseguir mejorar la adherencia al tratamiento y con ello minimizar la posibilidad de problemas de salud de graves consecuencias.

Pendiente está conseguir una comunicación con farmacia hospitalaria, pero no dudo que antes o después lo conseguiremos aunque, a veces, pienso si los farmacéuticos comunitarios no seremos uno de esos «profesionales invisibles» y tendremos que poner mucho empeño en no ser ignorados pero esa es otra reflexión.

 

No somos cortadores de cupones

Paco_MateoPaco Mateo

Voy en mi coche pensado en el lío en que me he metido, escribir unas letras explicando nuestra experiencia sobre la relación establecida entre los farmacéuticos de oficina de farmacia rural de la Associació de Farmacèutics Rurals de Catalunya (AFRUC) y la clase médica. Te aviso, querido compañero, yo no soy ningún «plumilla», solo soy un farmacéutico rural.

Nos remontamos a la época de la implantación de los centros de atención primaria (CAP). Se inauguró el correspondiente a nuestra Área Básica de Salud, corrió a cargo del Sr. Conseller de turno, fueron invitados hasta el último gato... pero se olvidaron de los boticarios. No éramos sanitarios. Los compañeros que pertenecíamos a este CAP ya nos habíamos reunido por nuestra cuenta y había nacido una buena relación humana y profesional. Nos liamos la manta a la cabeza y pedimos una reunión con el director del CAP. Como era gente joven y había unas ganas comunes de relacionarnos, y trabajar para mejorar la salud de nuestros pacientes, también creyeron conveniente dicha reunión. Y así, sin más, entramos en el CAP como profesionales y no como usuarios.

Un poco más tarde la experiencia se trasladó a las comarcas vecinas, ya éramos unos 30 farmacéuticos. Como resultado creamos la AFRUC.

Nuestros objetivos generales eran: Mejorar las relaciones humanas y profesionales entre nosotros; Fomentar la relación profesional con los equipos sanitarios de atención primaria y especializada, y el tercer punto, Fomentar las actividades de formación continuada y la atención farmacéutica. Por tanto, debíamos crear una relación con las clases médicas de primaria y de hospitalaria.

Creamos el Comité Científico de la AFRUC, dentro del cual incluimos a un médico de primaria y a otro de especializada. El Comité actuaba tanto en la confección de los «Programes Sanitaris de Formació Continuada» (PSFC) –este año llevaremos a cabo el 14º–, como en el diseño de los diversos «Trabajos de Campo» realizados hasta ahora.

Para que la unión con la clase médica fuera mayor, cuando teníamos estructurado el Trabajo se lo presentábamos, para buscar su colaboración e implicación, al jefe de servicio de Primaria de Tarragona. Así, desde la cúpula se comunicaba el Trabajo a todos los médicos.

A raíz de los resultados de uno de estos trabajos de campo cuyo título fue «¿Cómo tomamos los medicamentos?», el Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya se puso en contacto con la AFRUC y creamos el Programa d'Educació Sanitària a la Gent Gran (PESGG), con unos talleres que titulamos «El bon ús dels medicaments». Comenzamos con la colaboración de los colegios de Tarragona y Lleida y en estos momentos se realizan en toda Cataluña, auspiciados por el Departament, los colegios y la AFRUC.

Hace un año hemos dado una «vuelta de tuerca» al PESGG y en coordinación con la CAMFIC (Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria) se ha comenzado el seguimiento farmacoterapéutico a varios de los asistentes a los talleres para así ver el impacto de los mismos en la población mayor de 65 años y polimedicada.

Toda esta experiencia no se habría podido llevar a cabo sin contar con la empatía de los profesionales y sobre todo por el grandísimo empeño personal para que este barco llegara a buen puerto.

Pero estimado compañero que nos lees, en la facultad aprendimos a ser agentes de salud, sanitarios, no cortadores de cupones.

19 Diciembre 2011

Cambio de mentalidad

luisdelafuente464Luis de la Fuente

La farmacia debe ser la primera referencia en la salud. Ha dejado de ser un lugar de enfermedad –donde el paciente iba para adquirir su medicación–, para convertirse en un punto de autocuidado de la salud y el bienestar, donde se entra como paciente y, si se hacen bien las cosas, se sale como cliente.

*Farmacéutica comunitaria 14 Noviembre 2011
MariateresaeyaralarMatices claves

María Teresa Eyaralar

Supongo que el lector, al ver la foto que adjunto, se podrá hacer una idea más o menos de mi edad y al comparar con el autor con el que comparto esta sección, se dará cuenta de que yo pertenezco al grupo de los veteranos.

Con 21 años compré la titularidad de la farmacia de Carbayín (Asturias) y comenzó una carrera profesional realmente apasionante marcada por la riqueza que caracteriza la relación entre personas de distintas generaciones que comparten el mismo entusiasmo. Y la consecuencia fue ser una protagonista más de la implantación de la atención farmacéutica en España.

La edad marca estereotipos y modula las relaciones entre los individuos. La edad «para el otro» puede tener matices positivos o negativos. Puede provocar respeto si lo que dices o haces es interesante para el otro, o si tienes un currículum que te avala. Pero también puede generar rechazo cuando no se comparten inquietudes o cuando lo que planteas se percibe como arcaico o te consideran un farsante.

Desde que pertenezco a la «categoría Veteranos» mi relación con generaciones de farmacéuticos más jóvenes es constante en el ámbito de la docencia, del trabajo en mi farmacia, de mi formación, en la Junta de Gobierno de mi Colegio y en la asistencia a congresos y jornadas profesionales

En la docencia presencial que imparto el punto de enganche es conseguir credibilidad. Enseñar desde los casos prácticos, ilustrar con la casuística que a mí me ha acontecido, demostrar con la realidad que se puede trabajar de otra manera.

En la farmacia de Carbayín se trabaja desde la historia de atención farmacéutica informatizada y el registro de información básica es inexcusable. Transmitir la utilidad de esta forma de trabajo hace que la comunicación con los jóvenes sea interesante para ambas partes. Las carencias de conocimientos se afrontan con entusiasmo por el estudio; mostrar confianza, paciencia y generosidad son claves para entenderse. Otro punto fuerte ha sido dejarme instruir por los más jóvenes en todos los campos, desde la actualización en farmacología hasta el manejo de herramientas informáticas. Una gran experiencia ha sido invitar a compartir con los jóvenes la autoría de artículos, la docencia y la investigación.

Asistir a congresos y reuniones profesionales nos da idea del grado de renovación de nuestra profesión y si el mensaje todavía engancha. Salir del círculo «de los siempre» nos da oportunidades para entender, valorar, compartir y para volver a casa con el espíritu de cambio renovado, con ganas de hacer cosas nuevas. Pero creo que estamos en un momento con falta de ideas, de imaginación que enganche.

Si tuviera que posicionarme respecto a las nuevas tecnologías, reconozco su utilidad pero no «me seducen», no me apasionan, utilizo lo básico.

El aislamiento que caracterizaba a los farmacéuticos que trabajamos en oficina de farmacia se rompió con Internet, el correo electrónico, las listas de distribución como la de Atención Farmacéutica, la participación en foros, el acceso a blogs, a páginas web, etc. Obtener, gestionar y generar información es rapidísimo, pero hemos perdido la presencia física. Ahora desconozco si mi interlocutor tiene 23 o 40 años, no sé el impacto que este hecho puede tener sobre las relaciones profesionales, pero se pierden «los matices» que han sido claves en mis relaciones y en la comunicación entre farmacéuticos de distintas generaciones.

 

GuillermoreparazEl ying y el yang

Guillermo Reparaz de la Serna

Dice el dicho popular que los niños nacen con un pan debajo del brazo. Yo creo que la frase está un poco desfasada; ahora los niños nacen con un iPhone 4 entre las manos. Si sientan a mi primo de seis años a los mandos del Apolo 11, con el que Neil Armstrong llegó a la luna, tras recibir numerosísimos cursos de pilotaje espacial, pensaría que está sentado en el coche de Pedro Picapiedra. Por rebuscada que parezca, hay parte de esta metáfora que puede adaptarse a nuestro oficio. Y digo bien, oficio y no profesión, pues pese a la llegada de las nuevas tecnologías a las boticas, y a que los estudios de farmacia superan ya el siglo y medio, hay un inconfundible aroma a oficio en las farmacias.

Son estas dos ideas los pilares sobre los que se asienta la teoría que explica, en mi cándida opinión, la relación que existe entre boticari@s de distintas generaciones.

Por un lado, tenemos al experto farmacéutico de toda la vida, que ha sufrido en sus propias carnes desde la llegada de la Seguridad Social a España, hasta la entrada e implantación de los medicamentos genéricos, aderezado todo con un vaivén en las variaciones de los precios. Que ha hecho tantas guardias, que no recuerda si ha faltado más veces a la cena de Navidad o a la apertura de regalos en Reyes. Aún recuerda cuando en España solo había OKAL. Su carrera es ya un septiembre lejano, su compañero de mus era el Doctor Andreu y todavía tiembla de pensar en ese herbario de tropecientas plantas que debía conocer de pe a pa. Recuerda las colas que se formaban en la puerta de la farmacia los domingos que les tocaba abrir, pues era la única farmacia abierta, no ya de la calle, ni de la manzana, del barrio entero. Puede que no recuerde el mecanismo del complejo tensina-angiotensina, es más, ni lo estudió, pero es capaz de encontrar un remedio para cada problema al que se enfrenta en la botica. Diferencia resfriado de una alergia solo con oír el estornudo, pero no es capaz de diferenciar entre un sistema operativo de MAC y otro de PC, pues tantas C les suenan a chino mandarín.

En la otra esquina, ese joven, ansioso, recién licenciado, con los conocimientos y las hormonas aún a flor de piel, con una pila enorme de conocimientos prácticos en la cabeza, que no sabe si será capaz de aplicar en la práctica. Con setecientos mil amigos en las redes sociales y seguramente un Erasmus a sus espaldas, que pese a haber visitado muchos países del mundo, no es consciente aún de que no conoce nada. Que es incapaz de programar un video BETA, pero que entiende tan bien el funcionamiento de un iPad como si fuera el mecanismo de un cubo. Intuye que el Alapryl y el Enalapril tienen la misma función, pero no está del todo seguro; huye aún de los nombres comerciales como de la peste. Solo habla de principios activos. Aún se le escapa una risa si una pareja le pide preservativos y suda la gota gorda al explicar cómo funciona la píldora del día después.

Dos perfiles distintos. El ying y el yang. El maestro enseñando al alumno. El alumno aportando cosas al maestro

*Farmacéutico comunitario 08 Julio 2011
Vicenate_Baixauli

Criterios economicistas «versus» criterios sanitarios

Vicente J. Baixauli Fernández

Farmacéutico comunitario

 

Hasta hace poco, la prestación farmacéutica del Sistema Nacional de Salud de los pacientes no hospitalizados era llevada a cabo fundamentalmente por las oficinas de farmacia, salvo en el caso de la dispensación de los medicamentos de uso hospitalario, que se realizaba a través de los servicios de farmacia hospitalarios.

El Real Decreto-Ley 5/2000 y los sucesivos decretos han permitido que la aplicación de esta normativa supusiera una pérdida económica real para el farmacéutico cuando se dispensaba algún medicamento de precio elevado. Este hecho causó la emisión en 2003 de un informe por el Defensor del Pueblo y motivó y ha seguido motivando que durante algunos años algunas farmacias optaran por no dispensar estos medicamentos de precio elevado debido al gasto económico que ello les suponía, ya que el farmacéutico tenía que poner dinero de su bolsillo para dispensarlo. Lejos de corregir totalmente los efectos distorsionantes creados en la práctica por dichos decretos y que diese como resultado que los ciudadanos recibieran un mejor servicio sin que tuviera que ser necesariamente a cargo de los farmacéuticos, la Administración sanitaria ha optado por el camino contrario, impedir la dispensación de dichos medicamentos y derivarla a los hospitales. Amparándose en aparentes necesidades sanitarias, ha modificado la legislación creando la cobertura legal necesaria a la decisión recientemente tomada por algunas administraciones sanitarias autonómicas de dispensar medicamentos de diagnóstico hospitalario (DH) a pacientes ambulatorios en los servicios de farmacia de hospital. Esta medida es un claro ejemplo de la prevalencia en la Administración de criterios economicistas sobre criterios sanitarios y asistenciales.

Los medicamentos que hasta hace poco necesitaban de un visado o control administrativo, ahora, y dependiendo de la comunidad autónoma, son calificados de «prescripción médica restringida» o «sujetos a reservas singulares, por cuestiones de seguridad o de limitación para determinados grupos de población de riesgo». ¿Por qué?, ¿dónde están las razones sanitarias para este cambio?, ¿dónde están las «cuestiones de seguridad» que apoyan esta medida?, ¿o depende de lo que valgan?... Para el paciente, cliente y pagador del sistema sanitario, ¿dónde está el beneficio? Ahora le será más difícil por horario y proximidad acceder a estos medicamentos, en especial a la población alejada de los centros hospitalarios, situación que quizá repercuta en la adherencia al tratamiento.

Además se está escamoteando el debate sobre el coste que suponen estas medidas. ¿Cuánto vale almacenarlos, conservarlos y dispensarlos en los hospitales?, ¿a cuántos días paga la Administración a los laboratorios suministradores?...

El mantenimiento de los medicamentos de DH en la farmacia comunitaria debería pasar por la racionalización del coste logístico (adquisición, custodia y almacenamiento) y asistencial (dispensación) que permita asegurar su uso racional. En este sentido, sería necesaria la protocolización específica de su dispensación, de forma que se permita demostrar la intervención del farmacéutico comunitario en la asistencia a estos pacientes. La retribución de estos medicamentos podría servir de piloto de un sistema de retribución mixto (coste logístico + coste dispensación). Esta decisión es una nueva medida economicista que empobrece, otra vez más, el ámbito de la atención primaria y de la farmacia comunitaria, en un marco de falta de recursos para hacer sostenible la prestación sanitaria. Al menos con esta medida el paciente podrá valorar lo que tenía o todavía tiene.

 

Miguel Angel CallejaUna consulta externa más de facultativo especialista de área

Miguel Ángel Calleja Hernández

Jefe de Servicio de Farmacia. Hospital Universitario Virgen de las Nieves. Granada

 

Desde hace muchos años los servicios de farmacia de los hospitales realizan labores de atención farmacéutica con pacientes no ingresados en tratamiento con medicamentos de uso hospitalario o bien que utilizan medicamentos fuera de indicación (compasivo y off label). Esta larga trayectoria ha permitido una orientación de los farmacéuticos de hospital también al paciente no ingresado y por tanto no agudo.

En la actualidad, en muchos de los hospitales esta atención es considerada como una consulta externa más de facultativo especialista de área, muy valorada por los médicos especialistas y por los propios pacientes, que permite realizar seguimiento farmacoterapéutico a pacientes especiales en tratamiento con medicamentos de uso hospitalario como VIH, hemofílicos, insuficiencia renal crónica e hipertensión pulmonar, entre otros. Esta atención, en muchos casos, tiene constancia en los sistemas informáticos de los hospitales, mediante la cita, registro de actividad e informe de recomendaciones para el paciente que se lleva tras cada visita.

Desde hace unos años, en algunas comunidades autónomas se ha extendido esta actividad a algunos medicamentos que, no siendo de uso hospitalario, son de grupos terapéuticos que hacen recomendable que el seguimiento se realice desde el prisma hospitalario, como es el caso de los fármacos oncológicos orales; en este caso los pacientes son tratados, en muchos casos, con medicación intravenosa de administración en hospital de día y medicación oral, de forma que el seguimiento podría realizarse con más información para el farmacéutico desde el ámbito hospitalario. Son pacientes, en su mayoría, que acuden al ámbito hospitalario con una frecuencia muy alta (pacientes atendidas para facilitar la fertilidad que acuden algunos meses hasta 11 veces a su especialista para un seguimiento estrecho de los niveles hormonales, por ejemplo), lo que hace que la asistencia al hospital sea muy habitual.

Estos pacientes ya estaban en seguimiento correcto, riguroso y continuado por los compañeros de farmacia comunitaria, desde el hospital se tiene un mayor acceso a historia clínica, una mayor cercanía con el prescriptor especialista y el planteamiento de una consulta externa especializada.

En algunos casos el coste de estos medicamentos es ciertamente muy alto (3.000-10.000 €/mes) sin que esto tuviera una repercusión económica en beneficio proporcional y lineal para la oficina de farmacia, lo que, en algunos casos, podía originar una situación de riesgo para el stock de algunas oficinas de farmacia y posible retraso en el comienzo de algunos tratamientos, por supuesto sin riesgo para la salud del paciente.

Hemos trabajado mucho desde los hospitales para mejorar la accesibilidad a los pacientes mediante la ampliación de horario, atención en el mismo día que es atendido por su especialista, pero es cierto que nunca podremos conseguir la misma accesibilidad que el sistema de oficinas de farmacia que tenemos en España con atención desde las zonas rurales más alejadas y los núcleos menos poblados hasta el centro de las ciudades.

No obstante, estos pacientes están, a su vez, en tratamiento con otros medicamentos que siguen dispensándoles en sus oficinas de farmacia, lo que hace necesario que nos coordinemos entre ambos tipos de farmacéuticos para hacer un seguimiento mejor cada día.


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