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24 Junio 2012

AM QuintasDe la bonanza al cierre o… al cambio

Ana María Quintas

Presidenta de SEMEFARTE (Sociedad Española Médico-Farmacéutica de Terapias Emergentes

Para contestar a esta pregunta tenemos que tener presente tres cuestiones clave y cuyo análisis pretendo desarrollar, de forma somera, en este breve artículo.

La primera pregunta que debemos formularnos es ¿de dónde venimos? y la respuesta es obvia: de tiempos de bonanza. Tiempos que condujeron a la pérdida de sectores de actividad en los que la farmacia ostentaba una cierta exclusividad, como el de la fitoterapia, la alimentación infantil, etc., sustentada por criterios de profesionalidad y calidad. Tiempos que condujeron al conformismo en los servicios prestados y a la despreocupación por la incorporación de nuevas actividades que apuntaban ya de forma incipiente, y como siempre pasa, «camarón que se duerme le lleva la corriente».

Nuestra mayor preocupación y ocupación era la asistencia al paciente enfermo y sus recetas, que generaban los suficientes recursos para mantener la estructura de forma holgada y ojo, no estoy diciendo que esa preocupación no sea indispensable, pero a mi juicio se trata de condiciones de mínimos y el dedicar todos nuestros esfuerzos a ese proceso ha mermado nuestras capacidades como gestores de la actividad empresarial y como profesionales de la salud. Solo hay que recordar que ya han pasado doce años desde la aplicación del Real Decreto-ley 5/2000 que supuso la primera llamada de atención a una situación que no ha hecho más que empeorar con el paso del tiempo.

¿Dónde estamos? Es la segunda pregunta que debemos contestar antes de poder determinar a dónde nos dirigimos y la respuesta también es obvia: en crisis. Crisis económica que nos ha llevado a la descapitalización y, lo más grave, que ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema. Nuestros ingresos decaen sucesivamente, y no por falta de demanda, al tiempo que los gastos se mantienen o incrementan por imperativo legal. Hay medicamentos con un precio inferior al de los caramelos, con un margen probablemente también inferior y que además deben cumplir rigurosos y numerosos requisitos a su paso por la oficina de farmacia.

La crisis que estamos viviendo comporta, además, una crisis de valores. El valor que se le da a la salud y la atención sanitaria está cambiando no solamente desde el punto de vista de la Administración –y los sucesivos recortes son una prueba de la inviabilidad del sistema–, sino desde la propia sociedad que reclama nuevas alternativas. El ejemplo de Suiza es claro a este respecto, la voluntad popular manifestada en la recogida de firmas primero y el referéndum después ha propiciado la incorporación de determinadas terapias de las denominadas alternativas o complementarias a su sistema de salud.

Con estos antecedentes, estamos en condiciones de plantearnos la tercera pregunta: ¿A dónde vamos? Aquí también la respuesta es obvia: al cierre de la oficina de farmacia o al cambio en la apuesta.

Al cierre ya han llegado algunos de nuestros compañeros y, lo que es peor, son muchos más los que ni siquiera saben que están en ello. El cambio supone una oportunidad para la farmacia apostando por la profesionalidad basada en el conocimiento, que dé respuesta a la demanda plural de la sociedad. No debemos olvidar que por la oficina de farmacia pasan tanto sanos como enfermos y son todavía pocas las iniciativas encaminadas a la promoción de la salud.

Si a esta apuesta por la profesionalidad sumamos una gestión eficiente de los recursos y el incremento de la productividad derivada de la introducción de nuevos sistemas, sirva el Sistema Lean Management como ejemplo, estaremos en condiciones de hacer lo más importante: abrir nuestra mente y capacidades al mundo de las terapias no convencionales.


A. NavarroLa farmacia ha muerto, viva la farmacia

Andrés Navarro

Farmacéutico comunitario

Nos hallamos sumidos en un gran pesimismo, indignados por ver que estamos en un estado que no hemos buscado, una generación que ha heredado unas oficinas de farmacia que han resuelto la más o menos ideal distribución para que el medicamento llegue en las mejores condiciones y con el consejo adecuado al usuario, paciente o no.

El medicamento es el resultado de un acto médico; como decía un médico de Médicos sin Fronteras: «El médico no es nada sin el medicamento».

Ahora bien, en el siglo XXI no podemos utilizar los mismos medios que en el pasado, los hábitos de vida, la sociedad... todo ha cambiado. Se ha transformado con innovación la galénica; con respecto a la información el paciente comprende las indicaciones, otra cosa es que las cumpla. Aquí está nuestro papel y misión como especialistas.

Se cambió la galénica del secundum artem por los protocolos. Se adecuó y cambió el concepto de salud ampliándolo y viéndolo como un todo.

Se dirá que este cambio es idílico, virtual, quimérico, pero cuando nos damos cuenta de que somos más de lo que pensamos, que creemos en un presente y futuro mejor, más duradero, más profesional y que lucharemos por unos servicios que nos diferencian a unos de otros, para que el paciente no tenga prisa cuando viene a la oficina de farmacia, que valore y distinga la farmacia próxima del centro de salud emisor de recetas y que esos servicios sean satisfechos por el usuario o por la Administración, que se ponga en valor el acto de la dispensación y finalice la dispensación muda. Entonces estaremos en el camino... y se hace camino al andar y así justificaremos nuestra admirada profesión.

En estos momentos difíciles tenemos que pensar que este modelo actual ha muerto o, en nuestro idioma farmacéutico, se ha encapsulado, está en espora y tiene que renacer un microorganismo nuevo. Tengamos imaginación y a por ello.

Es hora de terminar con el individualismo farmacéutico y de buscar colaboración mutua entre profesionales del mundo de la farmacia. Todos vamos en el mismo barco, mejor remar juntos compartiendo las experiencias que nos enriquecen para avanzar.

Luchemos por nuestra profesión, analicemos los problemas, no solo los económicos, que son muchos y de nosotros no dependen.

No podemos volver atrás, ni perder el tiempo en pensar que antes vivíamos mejor. Mientras unos se quejan, otros siguen caminando. Y hay que caminar con ilusión. La crisis es dura para todos los sectores, y solo hay dos opciones, o reinventarnos o quedarnos atrás siendo sustituidos. Yo prefiero la primera opción. Estos últimos años han servido para obligarnos a despertar de nuestro letargo. Nos obligan a darnos cuenta de que debemos aportar un alto valor a la sociedad, a hacernos imprescindibles. ¿Cómo lograr esto? Con ilusión, Inventando nuevas técnicas de información, llegando aún más al paciente con nuevas tecnologías, creando servicios y atención que solo pueda encontrar un paciente en una oficina de farmacia.

Siendo positivo, para mí la crisis sí que es una oportunidad, pues quizá sin ella no estaríamos reinventándonos, ilusionándonos, formándonos... soñando con una farmacia mejor.

30 Mayo 2012
marta castellsPrevenir, prescribir, proactividad

Dra. Marta Castells

Farmacéutica comunitaria

De la farmacia de hace unas décadas, donde únicamente tenían cabida las personas enfermas, hemos pasado a ser un centro de salud, en el que tienen cabida los enfermos y los sanos.

En mi opinión, tan importante debe ser quien ha perdido la salud como quien busca mejorarla. El deseo de todas las sociedades desarrolladas, una vez cubiertas las necesidades básicas, es que sus ciudadanos no se pongan enfermos y vivan con salud. Esta es la tendencia de la sociedad actual y en ella nos hemos de posicionar.

El sistema sanitario no es sostenible si no se transforma, se involucra al usuario y se realiza una prevención modificando hábitos incorrectos.

No podemos aumentar el número de enfermos, pero sí podemos hacer que las personas tomen conciencia de la influencia e importancia que ellos mismos ejercen sobre la prevención de la enfermedad, y facilitarles que puedan alcanzar y mantener el mayor grado de bienestar posible. Tan importante es prevenir como curar.

Habitualmente, «por desgracia», nos limitamos a «despachar». Como me comentaba hace unos días una de mis hijas, el pediatra no le daba muchas explicaciones acerca de la alimentación adecuada para su bebé, a lo que le respondí que preguntara al farmacéutico, quien le aconsejaría. Mi hija me respondió airada diciendo que en todas las farmacias se habían limitado a «despacharle» lo que pedía, y que no le habían dado ningún consejo. Sus comentarios fueron como una ducha de agua fría, pero tengo que reconocer que es la realidad. Por eso solemos ser percibidos como «tenderos». Y eso es algo que deberíamos evitar, ya que daña enormemente la imagen de la profesión.

El verdadero valor añadido del farmacéutico es el de ser un consejero de salud que intervenga tanto en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad como en el tratamiento de esta.

Los cambios del entorno nos invitan a que nosotros también cambiemos y con ello podamos tener más responsabilidad y un impacto mucho mayor del que creemos en la salud de nuestros clientes.

Conseguirlo supone un cambio total en el rol del farmacéutico, de tener un papel meramente pasivo, «leyendo una receta» y entregando los medicamentos, a tomar un papel proactivo en el cual es el propio farmacéutico el que se interesa por la salud del cliente y orienta o aconseja sobre la mejor forma de resolver muchos de los pequeños problemas de salud, o bien facilita que el cliente tome interés por su propia salud y le aconseja.

Para ello debemos ser capaces de prescribir (has leído bien, prescribir...), indicar al cliente que use o tome determinados productos. Hemos de formarnos y perder el miedo a aconsejar (prescribir) desde una loción antiacné hasta unas vitaminas o una infusión relajante, por citar algunos ejemplos. Son centenares las situaciones en las que podríamos intervenir, y cuando se abandona la pasividad y uno se acostumbra al papel proactivo, advierte enseguida el cambio que opera en los clientes, que acuden a preguntar sobre las dudas que tienen sobre cómo manejar su salud (y también su enfermedad) y agradecen enormemente esta intervención por parte del farmacéutico.

No deberíamos ser el último eslabón de la cadena sanitaria, somos o deberíamos ser el primer eslabón en la prevención de la enfermedad y en el logro del bienestar. La farmacia es un espacio para la salud.

 

jose calleUn paciente, una dispensación

José Luis Calle

Farmacéutico comunitario

La farmacia comunitaria está empeñada en emplear expresiones como atención farmacéutica, seguimiento farmacoterapéutico, indicación o revisión de la medicación, cuando todavía no ha resuelto el problema de dispensar los medicamentos como necesitan los pacientes.

Cada paciente necesita una dispensación diferente y es necesario ampliar el concepto de dispensación de forma que englobe a otras actuaciones como las anteriores en lugar de limitarla a ser una parte de esa cadena de servicios. No se puede concebir una dispensación sin otras actuaciones o servicios y viceversa. No se puede limitar la dispensación a una entrega informada de los medicamentos.

Ante la situación económica que la Administración está provocando a conciencia en las farmacias comunitarias es comprensible que estas busquen una salida alejada de la dispensación de medicamentos. Pero eso no es lo que esperan ni necesitan la población y la Administración, por lo que hay que descartar absolutamente utilizar al medicamento como simple reclamo para venderle productos a la población.

Solo hay un camino: ampliar y dar valor al término dispensación y de esta forma respondo a la pregunta que se hace. La dispensación en este sentido implica salas de espera para pacientes. Es absolutamente necesario optimizar el tratamiento de los pacientes, desde los más simples a los más complejos y esto no se hace en intervenciones de 1 minuto. Basta con visitar algunas de las farmacias de nuestro país para comprobar que esto es posible además de necesario.

Los pacientes necesitan una intervención diferente según el momento del tratamiento en el que se encuentren. Y casi todas esas intervenciones deben englobarse en el proceso dispensación.

La farmacia que aleje su objetivo del medicamento y del paciente estará salvando la parte empresarial, pero estará matando la esencia de la farmacia y no deberá olvidar que eso lo hacen varios colectivos mucho mejor que los farmacéuticos. Últimamente viene sucediendo que alrededor de las farmacias pululan empresas que ofrecen al farmacéutico aumentar beneficios y utilizar los medicamentos únicamente como reclamo para los clientes.

La farmacia comunitaria es el establecimiento sanitario más cercano a los pacientes y cada farmacia debe ofrecer una cartera de servicios sanitarios remunerados y/o valorados. En este punto es preciso recomendar la lectura del último número de la revista Farmacéuticos comunitarios, de SEFAC, donde se define qué son y qué no son servicios sanitarios. El principal servicio tiene que ser la dispensación, entendida como un conjunto de actuaciones para optimizar el tratamiento de los pacientes, comenzando por la revisión de la medicación (RUM) y sumando cuantos servicios sean necesarios.

La farmacia comunitaria dispone desde hace años de todas las herramientas necesarias para implantar servicios realmente asistenciales avaladas por una sociedad científica fuerte. El camino es el medicamento, la dispensación y los servicios sanitarios asistenciales.

Ya son muchos los compañeros que así lo hacen. Es cuestión de que cada uno elijamos en qué punto estamos de este camino. Algunos farmacéuticos llegaron antes, otros queremos llegar, pero me preocupa que los que vayan a llegar tarde se vean seducidos por esa idea errónea de que el futuro de la farmacia está en volcarse en ofrecer servicios que no son sanitarios. Ese no es el camino, es la puerta de salida para dejar de ser un establecimiento sanitario.

¿En qué punto del camino estás tú?

06 Mayo 2011
ColorCristal1Ideas, experiencias y conocimientos en torno a la atención farmacéutica

Dr. Borja García de Bikuña Landa

Presidente de la Fundación Pharmaceutical Care España

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La Fundación Pharmaceutical Care es una entidad joven, digamos que ya casi adolescente, y en sus 13 años de existencia se ha dedicado a difundir, apoyar, desarrollar, promover todo lo relacionado con la atención farmacéutica (AF). Eso sí, adaptándose en cada momento a las líneas consensuadas con el resto de entidades que tiene cosas que aportar en el ámbito de la AF.

Nuestro papel es seguir estando donde seamos útiles y podamos aportar ideas, conocimientos, medios, experiencias, en todos los lugares donde se debata, se promueva o se lleven a la práctica algunos de los servicios de AF.

Por ello trabajamos, por ejemplo, en Foro de Atención Farmacéutica-Farmacia Comunitaria. Y por ello nos empeñamos en que el extraordinario trabajo que se está haciendo conjuntamente con SEFAC, el Consejo General y el Grupo de Investigación en AF de Granada se difunda y se conozca. Pero con esto no será suficiente, porque estamos decididos a conseguir, y lo conseguiremos, que los farmacéuticos comunitarios empeñados en llevar a la práctica servicios de AF dispongan de herramientas sencillas, útiles pero además integradas en sus programas de gestión. Ya pasó la época de que además de poner buena voluntad y dinero tengamos que luchar contra los elementos informáticos.

Nuestro papel también es poner un medio de difusión, el mejor posible, al servicio de todos aquellos que quieren publicar sobre AF. Y para eso salimos cada dos meses con nuestra revista Pharmaceutical Care. Haber entrado ya en la senda de una próxima indexación en MEDLINE es un aliciente más para las personas que eligen esta revista para sus publicaciones. Y hablando de difusión, no podemos olvidar nuestra web www.pharmaceutical-care.org. Esta web, en este momento en profunda remodelación, aspira a convertirse en un referente para quienes trabajen en cualquier servicio de AF.

También queremos fomentar el encuentro entre profesionales. El correo electrónico ayuda mucho, pero con una cierta periodicidad es necesario verse. Este año 2011 celebramos nuestro Congreso Nacional en Vigo, los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre. Alrededor de las conferencias, mesas redondas, comunicaciones, etc. esperamos volver a reunir a un gran grupo de profesionales, farmacéuticos o no, sanitarios o no, alrededor de nuestra razón de ser, la atención farmacéutica. El lema del Congreso –«La salud en el siglo XXI: Un desafío para el farmacéutico»– lo dice todo.

Pero no solo promovemos encuentros entre profesionales alrededor del congreso, también intentamos, en jornadas no tan numerosas, que diferentes profesionales se reúnan, debatan, y generen cuerpo de conocimiento hablando de ética, economía de la salud, uso de medicamentos, etc., siempre relacionado, por supuesto, con la AF. Este papel de punto de encuentro, paraguas bajo el cual se sientan cómodas todas aquellas personas que tienen algo que decir en relación con la AF es una función que queremos potenciar, pensamos que lo sabemos hacer, y los diferentes agentes del sector así nos lo solicitan.

El Patronato de esta Fundación está formado por un numeroso grupo de hombres y mujeres que han aportado mucho al desarrollo de la AF en nuestro país. Su trabajo y aportación económica, así como el apoyo que recibimos de nuestros colaboradores, hacen que la Fundación Pharmaceutical Care esté más activa y presente que nunca. Eso sí, estamos donde estamos por todo el trabajo previo llevado a cabo desde 1998. Lo sabemos. 

 

ColorCristal2Más necesarias que nunca

Marichu Rodríguez

Presidenta de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC)

 

El fenómeno de las sociedades científico-profesionales en el ámbito de la farmacia en general, y de la farmacia comunitaria en particular, viene de lejos y, además, está en auge. En general se mezclan sociedades científicas que suelen estar ligadas a la universidad y al estudio y difusión de las ciencias farmacéuticas, con especial interés en el estudio del medicamento, con otras sociedades científicas que también tienen el componente profesional, algo menos desarrolladas aún, pero con importantes ejemplos de larga tradición y éxito en muchos países.

Aunque con las peculiaridades propias de cada modelo de farmacia, todas estas sociedades tienen como elemento común su visión, que en esencia es situar al farmacéutico como un profesional sanitario cuya práctica, basada en unos conocimientos y habilidades únicos en relación con la farmacoterapia, logra resultados óptimos en los pacientes. También comparten misión, que se resume en dar servicio a sus socios generando, facilitando y promoviendo el conocimiento y el desarrollo de instrumentos que faciliten el trabajo asistencial del farmacéutico, participar en todos los foros profesionales para aportar una visión científica de la profesión, impulsar y/o colaborar en investigaciones, en la formación continuada y en iniciativas de promoción de la salud, y ejercer como interlocutor natural con las sociedades científicas de otras profesiones sanitarias, siempre con el objetivo último de hacer posible una farmacia mejor para el paciente y para el farmacéutico.

En todos estos países, las sociedades coexisten con los colegios profesionales, y es una evidencia que los resultados siempre son mejores cuando unos y otros colaboran, cada uno desde su ámbito de responsabilidad, por el fin común de procurar un continuo avance de la profesión.

Esta visión, esta misión y esta vocación de sumar y colaborar con todos los agentes del sector son los pilares que sustentan la razón de ser de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), que precisamente este año celebra su décimo aniversario en pleno proceso de crecimiento tanto en número de socios (con el horizonte de los 2.000 muy cercano, y con siete delegaciones autonómicas en Madrid, Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana, Aragón, Baleares y Andalucía) como en actividad institucional, representatividad y desarrollo de servicios y actividades de formación continuada, proyectos de investigación y producción de materiales útiles para el farmacéutico y para el paciente.

Sabemos que la farmacia comunitaria necesita un cambio radical. Sabemos que los farmacéuticos debemos y podemos dar a nuestros pacientes más de lo que les damos, que la farmacia comunitaria necesita estar representada por farmacéuticos comunitarios en todos los foros, que debemos huir de un mercantilismo estéril que no lleva a ninguna parte, que necesitamos aportar criterios científicos a nuestra labor cotidiana y seguir abriendo nuevos caminos profesionales enmarcados en la filosofía de la atención farmacéutica. Sabemos que SEFAC debe trabajar para hacer realidad una cartera de servicios profesionales del farmacéutico comunitario y un modelo coherente y exigente de carrera profesional que marque un futuro ilusionante. Sabemos que debemos velar para que se cuente con el farmacéutico comunitario en el diseño de las estrategias de salud pública y de abordaje de las enfermedades crónicas, para que se le trate como un profesional más de la salud, al mismo nivel que otros farmacéuticos que trabajan en otros ámbitos asistenciales, y de otros profesionales, formando con ellos equipos multidisciplinares.

El lema de nuestro décimo aniversario dice que «nos movemos por una farmacia mejor». Y es mucho más que una frase pegadiza: es la muestra clara de que SEFAC tiene mucho y bueno que decir en el futuro inmediato de la farmacia comunitaria española a poco que los farmacéuticos nos den su confianza y apoyo. n

En el último número de la revista...

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Revista El Farmacéutico

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