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Enfermedad o bienestar, ¿dónde debe poner el énfasis la oficina de farmacia?

marta castellsPrevenir, prescribir, proactividad

Dra. Marta Castells

Farmacéutica comunitaria

De la farmacia de hace unas décadas, donde únicamente tenían cabida las personas enfermas, hemos pasado a ser un centro de salud, en el que tienen cabida los enfermos y los sanos.

En mi opinión, tan importante debe ser quien ha perdido la salud como quien busca mejorarla. El deseo de todas las sociedades desarrolladas, una vez cubiertas las necesidades básicas, es que sus ciudadanos no se pongan enfermos y vivan con salud. Esta es la tendencia de la sociedad actual y en ella nos hemos de posicionar.

El sistema sanitario no es sostenible si no se transforma, se involucra al usuario y se realiza una prevención modificando hábitos incorrectos.

No podemos aumentar el número de enfermos, pero sí podemos hacer que las personas tomen conciencia de la influencia e importancia que ellos mismos ejercen sobre la prevención de la enfermedad, y facilitarles que puedan alcanzar y mantener el mayor grado de bienestar posible. Tan importante es prevenir como curar.

Habitualmente, «por desgracia», nos limitamos a «despachar». Como me comentaba hace unos días una de mis hijas, el pediatra no le daba muchas explicaciones acerca de la alimentación adecuada para su bebé, a lo que le respondí que preguntara al farmacéutico, quien le aconsejaría. Mi hija me respondió airada diciendo que en todas las farmacias se habían limitado a «despacharle» lo que pedía, y que no le habían dado ningún consejo. Sus comentarios fueron como una ducha de agua fría, pero tengo que reconocer que es la realidad. Por eso solemos ser percibidos como «tenderos». Y eso es algo que deberíamos evitar, ya que daña enormemente la imagen de la profesión.

El verdadero valor añadido del farmacéutico es el de ser un consejero de salud que intervenga tanto en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad como en el tratamiento de esta.

Los cambios del entorno nos invitan a que nosotros también cambiemos y con ello podamos tener más responsabilidad y un impacto mucho mayor del que creemos en la salud de nuestros clientes.

Conseguirlo supone un cambio total en el rol del farmacéutico, de tener un papel meramente pasivo, «leyendo una receta» y entregando los medicamentos, a tomar un papel proactivo en el cual es el propio farmacéutico el que se interesa por la salud del cliente y orienta o aconseja sobre la mejor forma de resolver muchos de los pequeños problemas de salud, o bien facilita que el cliente tome interés por su propia salud y le aconseja.

Para ello debemos ser capaces de prescribir (has leído bien, prescribir...), indicar al cliente que use o tome determinados productos. Hemos de formarnos y perder el miedo a aconsejar (prescribir) desde una loción antiacné hasta unas vitaminas o una infusión relajante, por citar algunos ejemplos. Son centenares las situaciones en las que podríamos intervenir, y cuando se abandona la pasividad y uno se acostumbra al papel proactivo, advierte enseguida el cambio que opera en los clientes, que acuden a preguntar sobre las dudas que tienen sobre cómo manejar su salud (y también su enfermedad) y agradecen enormemente esta intervención por parte del farmacéutico.

No deberíamos ser el último eslabón de la cadena sanitaria, somos o deberíamos ser el primer eslabón en la prevención de la enfermedad y en el logro del bienestar. La farmacia es un espacio para la salud.

 

jose calleUn paciente, una dispensación

José Luis Calle

Farmacéutico comunitario

La farmacia comunitaria está empeñada en emplear expresiones como atención farmacéutica, seguimiento farmacoterapéutico, indicación o revisión de la medicación, cuando todavía no ha resuelto el problema de dispensar los medicamentos como necesitan los pacientes.

Cada paciente necesita una dispensación diferente y es necesario ampliar el concepto de dispensación de forma que englobe a otras actuaciones como las anteriores en lugar de limitarla a ser una parte de esa cadena de servicios. No se puede concebir una dispensación sin otras actuaciones o servicios y viceversa. No se puede limitar la dispensación a una entrega informada de los medicamentos.

Ante la situación económica que la Administración está provocando a conciencia en las farmacias comunitarias es comprensible que estas busquen una salida alejada de la dispensación de medicamentos. Pero eso no es lo que esperan ni necesitan la población y la Administración, por lo que hay que descartar absolutamente utilizar al medicamento como simple reclamo para venderle productos a la población.

Solo hay un camino: ampliar y dar valor al término dispensación y de esta forma respondo a la pregunta que se hace. La dispensación en este sentido implica salas de espera para pacientes. Es absolutamente necesario optimizar el tratamiento de los pacientes, desde los más simples a los más complejos y esto no se hace en intervenciones de 1 minuto. Basta con visitar algunas de las farmacias de nuestro país para comprobar que esto es posible además de necesario.

Los pacientes necesitan una intervención diferente según el momento del tratamiento en el que se encuentren. Y casi todas esas intervenciones deben englobarse en el proceso dispensación.

La farmacia que aleje su objetivo del medicamento y del paciente estará salvando la parte empresarial, pero estará matando la esencia de la farmacia y no deberá olvidar que eso lo hacen varios colectivos mucho mejor que los farmacéuticos. Últimamente viene sucediendo que alrededor de las farmacias pululan empresas que ofrecen al farmacéutico aumentar beneficios y utilizar los medicamentos únicamente como reclamo para los clientes.

La farmacia comunitaria es el establecimiento sanitario más cercano a los pacientes y cada farmacia debe ofrecer una cartera de servicios sanitarios remunerados y/o valorados. En este punto es preciso recomendar la lectura del último número de la revista Farmacéuticos comunitarios, de SEFAC, donde se define qué son y qué no son servicios sanitarios. El principal servicio tiene que ser la dispensación, entendida como un conjunto de actuaciones para optimizar el tratamiento de los pacientes, comenzando por la revisión de la medicación (RUM) y sumando cuantos servicios sean necesarios.

La farmacia comunitaria dispone desde hace años de todas las herramientas necesarias para implantar servicios realmente asistenciales avaladas por una sociedad científica fuerte. El camino es el medicamento, la dispensación y los servicios sanitarios asistenciales.

Ya son muchos los compañeros que así lo hacen. Es cuestión de que cada uno elijamos en qué punto estamos de este camino. Algunos farmacéuticos llegaron antes, otros queremos llegar, pero me preocupa que los que vayan a llegar tarde se vean seducidos por esa idea errónea de que el futuro de la farmacia está en volcarse en ofrecer servicios que no son sanitarios. Ese no es el camino, es la puerta de salida para dejar de ser un establecimiento sanitario.

¿En qué punto del camino estás tú?

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